Jueves 18 de enero – SUS TESTIMONIOS SON MUY FIRMES – EL SEÑOR REINA

EL SEÑOR REINA “El Señor reina, se vistió de majestad. El Señor se vistió, se ciñó de fortaleza. Afirmó el…

 Jueves 18 de enero – SUS TESTIMONIOS SON MUY FIRMES –  EL SEÑOR REINA

EL SEÑOR REINA

“El Señor reina, se vistió de majestad. El Señor se vistió, se ciñó de fortaleza. Afirmó el mundo, y no se moverá” (Sal. 93:1).

Jueves: 18 de enero

SUS TESTIMONIOS SON MUY FIRMES

Lee Salmos 19:7; 93:5; 119:165; 1:2 y 6; 18:30; y 25:10. ¿Qué hilo conductor tienen todos ellos?

 

Salmos 19:7

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

 

Salmos 93:5

Tus testimonios son muy firmes; La santidad conviene a tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre.

 

Salmos 119:165

165 Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.

 

Salmos 1:2 y 6

Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.

Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

 

Salmos 18:30

30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan.

 

Salmos 25:10

10 Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios.

La supremacía del Señor en el mundo como Creador, Rey y Juez soberano tiene implicaciones teológicas para la fiabilidad de sus testimonios. Los testimonios (en hebreo edut, ‘decreto’, ‘ley’) se refieren al conjunto de leyes y ordenanzas con las que el Señor gobierna la vida religiosa y social de su pueblo (Éxo. 32:15). Son “muy firmes” (Sal. 93:5) y reflejan la estabilidad y permanencia del Trono de Dios y del mundo que el Soberano creó y sostiene (Sal. 93:1, 2). La palabra hebrea traducida como “firme” (de la que deriva la palabra española amén) transmite la noción de fiabilidad, fidelidad y firmeza (2 Sam. 7:16; 1 Crón. 17:23). Las leyes de Dios son inmutables e indestructibles.

Dios garantiza la integridad de sus promesas y sus mandatos. La fidelidad de Dios es a la vez totalmente tranquilizadora, al garantizar el carácter inmutable de su gobierno, y totalmente exigente, al pedir al pueblo respuestas de confianza y obediencia a Dios.

Al mismo tiempo, la falta de justicia en el mundo se describe poéticamente como un temblor de los cimientos de la Tierra (Sal. 18:7; Isa. 24:18-21). La Ley de Dios instruye al pueblo en el camino de la vida recta que puede resistir el juicio de Dios. Así, pues, los justos no serán sacudidos, porque están firmemente arraigados en la Ley de Dios, que les proporciona estabilidad y seguridad, y su corazón está firme (en hebreo, najón también significa ‘estar firme’, ‘estar seguro’) en el Señor (Sal. 112:1, 6, 7). Nada hace tropezar a los que guardan la Ley de Dios (Sal. 119:165), lo que implica la protección y la conducción de Dios en la vida (Sal. 1:2, 3, 6).

La Palabra de Dios se representa como la lámpara para guiar los pies del salmista, y así lo protege de las trampas ocultas de los enemigos (Sal. 119:105, 110). La gran paz, de la que gozan los que aman la Ley de Dios (Sal 119:165), obviamente no es el resultado de una ausencia total de pruebas (Sal 119:161); más bien, deriva de permanecer en la presencia de Dios y de tener una relación sana con él.

¿De qué manera práctica te ha ayudado en tu vida guardar las leyes, los estatutos y los testimonios de Dios? Por otro lado, ¿qué sufriste por violarlos?

Comentarios Elena G.W

Los diez santos preceptos enunciados por Cristo en el monte Sinaí fueron la revelación del carácter de Dios e hicieron conocer al mundo el hecho de que él tenía potestad sobre toda la heredad humana. Esa ley de los diez preceptos del amor más grande que pueda ser presentado al hombre es la voz del Dios del cielo que habla al alma la promesa: «Haz esto, y no quedarás bajo el control y dominio de Satanás». No hay nada negativo en aquella ley aunque parezca así.

La antigua iglesia judía constituyó el pueblo de Dios grandemente favorecido, sacado de Egipto y reconocido como tesoro peculiar divino. Las muchas preciosas y grandísimas promesas dadas para ellos como pueblo, fueron la esperanza y confianza de la iglesia judía. Aquí confiaron y creyeron que su salvación estaba asegurada. Ningún otro pueblo profesaba ser gobernado por los mandamientos de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1119).

[El] salmista declara: «Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropiezo». Salmo 119:165. Los hombres no pueden fabricar la paz. Los planes humanos, para la purificación y elevación de los individuos o de la sociedad, no lograrán la paz, porque no alcanzan al corazón. El único poder que puede crear o perpetuar la paz verdadera es la gracia de Cristo. Cuando esta esté implantada en el corazón, desalojará las malas pasiones que causan luchas y disensiones. «En lugar de la zarza crecerá haya, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán»; y el desierto de la vida «se gozará, y florecerá como la rosa». Isaías 55:13; 35:1 (El Deseado de todas las gentes, p. 270).

Tome el estudiante la Biblia por su guía, permanezca firme en los principios, y entonces podrá aspirar a alcanzar cualquier altura. Todas las filosofías de la naturaleza humana han venido a parar en confusión y vergüenza, siempre que no han reconocido a Dios como el todo en todo. Pero la preciosa fe inspirada por Dios comunica fuerza y nobleza de carácter. Al espaciarse en su bondad, su misericordia y su amor, la percepción de la verdad será cada vez más clara; el deseo de la pureza de corazón y de la claridad de pensamiento será también más elevado y santo. Al morar el alma en la atmósfera pura del pensamiento santo, se transforma por su comunión con Dios mediante el estudio de su Palabra. La verdad es tan amplia, de tanto alcance, tan profunda y tan ancha, que el hombre se anonada. El corazón se enternece y se rinde a la humildad, la bondad y el amor.

Las facultades naturales también se amplían como resultado de la santa obediencia. Por el estudio de la Palabra de vida los que a él se dedican verán sus mentes dilatarse, elevarse y ennoblecerse. Si, a semejanza de Daniel, son oidores y hacedores de la Palabra de Dios, adelantarán como él adelantó en todos los ramos del saber. Siendo de limpio entendimiento, llegarán a ser hombres de vigorosa inteligencia. Todas las facultades intelectuales se avivarán. Podrán educarse y disciplinarse de tal manera, que cuantos entren en la esfera de su influencia verán lo que puede ser y hacer el hombre cuando se relaciona con el Dios de sabiduría y poder (El ministerio de curación, pp. 370, 371).

Elena G.W

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