PRECURSORES
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7).
Jueves: 19 de junio
LA MARCA DE LA BESTIA
Puesto que ciertos acontecimientos finales –como el decreto de muerte y la imposición de la marca de la bestia– aún no han sucedido a pesar del paso del tiempo, algunos han expresado dudas e incluso escepticismo acerca de nuestra interpretación de los eventos finales, incluyendo el papel central del sábado y del domingo en la etapa final del Conflicto.
El libro de Apocalipsis es claro: adoramos al Creador o a la bestia y a su imagen. Y, dado que el séptimo día, el sábado semanal, es desde el Edén mismo la señal de Dios como Creador (ver Gén. 2:1-3), no debería sorprender que el sábado ocupe un lugar central en la adoración al Creador. Además, no es coincidencia que el poder representado por la bestia surgida del mar sea el mismo que pretendió modificar el mandamiento que ordena observar el sábado como día de adoración al Creador por el domingo, lo cual no es autorizado por la Biblia. Con estos antecedentes en mente, la idea de que el sábado y el domingo intervendrán en la cuestión de la adoración, ya sea al Creador (ver Apoc. 14:6, 7) o a la bestia, tiene mucho sentido. Además, tenemos en el Nuevo Testamento un precursor acerca de la cuestión del sábado, o séptimo día, como día de adoración en contraposición con la ley humana.
Lee Mateo 12:9 al 14 y Juan 5:1 al 16. ¿Por qué quisieron los líderes religiosos matar a Jesús?
Mateo 12:9-14
9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11 Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si esta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. 13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
Juan 5:1-16
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. 10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. 11 Él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13 Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. 15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.
En Mateo 12:9 al 13, ¿cómo respondieron los líderes religiosos cuando Jesús sanó en sábado al hombre que tenía una mano seca? “Pero los fariseos salieron y conspiraron contra Jesús para matarlo” (Mat. 12:14). ¿Matar a alguien a causa del sábado? En Juan 5:1 al 16, después de otra curación milagrosa realizada en el séptimo día, los líderes “perseguían a Jesús, y procuraban matarlo, porque hacía estas cosas en sábado” (Juan 5:16).
¿Muerte a causa de la tradición humana (nada en la Biblia prohibía curar a alguien en sábado, así como nada en la Biblia ha puesto el domingo en lugar del sábado) versus el día de reposo bíblico (sábado, séptimo día de la semana)? Aunque la cuestión específica allí descrita no es la misma que en los acontecimientos finales, se parece bastante: la ley humana en oposición a la de Dios. En ambos casos, la ley cuestionada tiene que ver con el sábado bíblico.
¿Morir a causa de uno de los mandamientos de Dios? ¿Cómo podría alguien racionalizar la situación para procurar una escapatoria?
Comentarios Elena G.W
Se necesitará valor moral para actuar en la obra de Dios sin ceder ni un ápice. Los que así lo hacen no admiten la vanidad ni el egoísmo, ni la ambición ni el amor a sí mismos y a la comodidad, ni toleran ningún deseo propio de evitar la cruz. Se nos manda: «Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta». Isaías 58:1. ¿Nos esforzaremos por hacer del nombre de Dios una alabanza en la tierra? ¿Obedecemos la divina voz, o escucharemos la diabólica, dejándonos arrullar hasta caer en un fatal letargo en vísperas de las realidades eternas’? La verdad lo es todo para nosotros, o no es nada. Los que quieran hacerse un nombre en el mundo, que sigan al mundo; pero los que quieran servir a Dios, que obedezcan a Dios y no a los hombres. En el gran conflicto entre la fe y la incredulidad, todo el mundo cristiano estará involucrado. Todos tomarán parte en él. Algunos no se comprometerán aparentemente en el conflicto en ninguno de los partidos. Puede que no parezcan tomar partido contra la verdad, pero no saldrán audazmente en defensa de Cristo, por temor a perder bienes o sufrir reproche. Todos los tales se cuentan entre los enemigos de Cristo; porque Cristo dice: «El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama» (The Review and Herald, 7 de febrero, 1893, «Seek First the Kingdom of God», párr. 12).
Solo puede haber dos clases. Cada grupo está marcado claramente, ya sea con el sello del Dios viviente o con la marca de la bestia o de su imagen. Cada hijo e hija de Adán elige como su general a Cristo o a Barrabás. Y todos los que se colocan al lado del desleal están bajo la negra bandera de Satanás, y se los acusa de rechazar a Cristo y de proceder malignamente con él. Se los acusa de crucificar deliberadamente al Señor de la vida y de la gloria.
Cada uno tiene una pregunta importante que responder por sí mismo: ¿Estás del lado de Satanás, transgresor de la ley de Dios, o eres leal a ese Dios que se declaró a sí mismo: «¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación». Éxodo 34:6, 7. El carácter de Dios se manifiesta aquí como su gloria. Dios ha entregado todo el juicio en manos de su Hijo; y como juez justo, Cristo debe dictar sentencia sobre toda obra, sea buena o mala. La justicia es tanto una expresión de amor como de la misericordia (The Review and Herald, 30 de enero, 1900, «Christ or Barabbas?» párr. 4, 5).
El sábado será la gran piedra de toque de la lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando esta piedra de toque les sea aplicada finalmente a los hombres, entonces se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le sirven (El conflicto de los siglos, p. 591).


