IMÁGENES DEL FIN
“Y él respondió: ‘Soy hebreo, y venero al Señor, Dios de los cielos, que hizo la tierra y el mar’ ” (Jon. 1:9).
Jueves: 26 de junio
CIRO, EL UNGIDO
Cuando Ciro conquistó la ciudad de Babilonia y concluyó el cautiverio del pueblo de Dios. Los persas les permitieron volver a la Tierra Prometida y reconstruir el Templo. Bajo Ciro, el Imperio Persa se convirtió en el más grande de la historia merced a lo que el historiador Tom Holland llama “el mayor conglomerado de territorios que el mundo hubiera conocido” (Tom Holland, Dominion: The Making of the Western Mind [Nueva York: Basic Books, 2019], p. 25, kindle edition). Como era costumbre entre los persas, Ciro fue llamado “el gran rey”, o “rey de reyes”.
Ciro prefigura lo que sucederá cuando Cristo regrese para buscar a su pueblo. Él es el Rey que viene del este (comparar con Mat. 24:27), para guerrear contra Babilonia y liberar a su pueblo a fin de que este quede finalmente libre de ella y vuelva a la Tierra Prometida (ver Apoc. 19:11-16). Por eso Dios se refiere a Ciro como “su ungido” (Isa. 45:1). Este famoso persa no solo liberó al pueblo de Dios, sino también su campaña contra Babilonia es un tipo o prefiguración de la segunda venida de Cristo.
Lee 2 Crónicas 36:22 y 23. ¿En qué se parecen la historia de Ciro y la de Nabucodonosor? ¿En qué difieren? ¿Cuál es la importancia del decreto? ¿Cómo influyó en la primera venida de Jesús siglos más tarde?
2 Crónicas 36:22-23
22 Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: 23 Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba.
Malaquías es hoy el último libro del Antiguo Testamento, pero, de acuerdo con el orden original del canon hebreo, este terminaba originalmente con la declaración de Ciro en 2 Crónicas 36:22 y 23, después de la cual comienza el Nuevo Testamento con el relato de Mateo acerca del nacimiento de Cristo, el Ciro antitípico. Ciro decretó la reconstrucción del Templo terrenal, pero Jesús inauguraría su ministerio en el Santuario celestial, que conduciría a su regreso y a nuestra liberación.
Ciro no era una representación perfecta de Cristo. Ningún tipo o prefiguración se alinea perfectamente con el antitipo, con la realidad representada, razón por la cual no debemos leer demasiado en cada pequeño detalle. Sin embargo, Ciro funciona en líneas generales como un tipo del Salvador.
Cuán fascinante es que Dios utilizara a un rey pagano de una manera tan marcada para hacer su voluntad. A pesar de las apariencias, ¿cómo podemos aprender a confiar en que Dios ciertamente dirigirá los acontecimientos finales según han sido profetizados?
Comentarios Elena G.W
El año en que Ciro sucedió a Darío el Medo en el trono de MedoPersia, se cumplieron setenta años desde que la primera compañía de hebreos había sido llevada cautiva a Babilonia por Nabucodonosor. Daniel, que estaba familiarizado con las profecías de Jeremías e Isaías sobre la duración del cautiverio, y con las profecías de Isaías sobre la restauración por decreto de Ciro, aún vivía y ocupaba un puesto de responsabilidad en la corte medo-persa. Su fe en estas profecías lo impulsó a suplicar a Dios en favor de su pueblo. Y ahora, cuando llegó el momento de reconstruir el templo de Jerusalén, Dios se movió sobre Ciro como su agente para discernir las profecías que le concernían, y conceder al pueblo judío su libertad. Y además, Ciro les proporcionó las facilidades necesarias para reconstruir el templo del Señor…
Había siervos fieles del Altísimo que estaban preparados para responder a este decreto. Más de sesenta años antes, el Señor había declarado que «Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar… Entonces me invocaréis —declaró el Señor, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré. y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar». Los que buscaban al Señor estaban dispuestos a aprovechar la maravillosa oportunidad que les brindaba Ciro para volver a sus hogares y restaurar el templo de Dios (The Review and Herald, 28 de marzo, 1907, «The Return of the Exiles—No. 2: The Decree of Cyrus», párr. 5, 11).
En la inesperada entrada del ejército del conquistador persa al corazón de la capital babilónica, por el cauce del río cuyas aguas habían sido desviadas y por las puertas interiores que con negligente seguridad habían sido dejadas abiertas y sin protección, los judíos tuvieron abundantes evidencias del cumplimiento literal de la profecía de Isaías concerniente al derrocamiento repentino de sus opresores. Y esto debiera haber sido para ellos una indicación inequívoca de que Dios estaba encauzando en su favor los asuntos de las naciones; porque inseparablemente vinculadas con la profecía descriptiva de cómo iba a ser tomada Babilonia estaban las palabras:
«Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, en diciendo a Jerusalén, Serás edificada; y al templo: Serás fundado». «Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos». Isaías 44:28; 45:13 (Profetas y reyes, pp. 404, 405).


