EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY
«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).
Jueves: 28 de mayo
SABER Y HACER
En el Sermón del Monte, Jesús habla mucho de nuestra relación con él y con los demás. Dice algo muy conmovedor hacia el final de su mensaje:
«No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mat. 7: 21).
Jesús dice allí que algunos sabrán acerca de él sin conocerlo realmente. El conocimiento es ciertamente importante. La Biblia dice que el pueblo de Dios podría perecer por falta de conocimiento acerca de Dios y por haberse negado a recibir ese conocimiento (Ose. 4: 1, 6, 10). Nunca debemos restar importancia a la perenne verdad bíblica. Sin embargo, de nada sirve ese conocimiento si no nos transforma ni profundiza nuestro compromiso y nuestra experiencia personal con Dios.
«Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3). Jesús afirmó que el requisito para entrar en el Cielo es hacer la voluntad de Dios y, en última instancia, conocer a Dios, pues no podemos hacer su voluntad sin conocerlo. Este es el factor definitorio y una expectativa muy razonable. Si tu hijo dice que te ama y suele hacer lo que le pides, su conducta revela la profundidad de su amor y su respeto hacia ti. De la misma manera, si amamos a Dios, querremos hacer su voluntad pues sabemos por experiencia que es lo mejor. Nuestra obediencia como evidencia y fruto de nuestro amor muestra la verdadera naturaleza de nuestra relación con él.
Jesús concluyó el Sermón del Monte con un conmovedor desafío final para sus oyentes. ¿Cuál fue? Lee Mateo 7: 24 al 29.
Mateo 7: 24-29
24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Cuando prestamos realmente atención a los mensajes de Jesús, no podemos evitar sentirnos interpelados. Entonces, para que ello ocurra, nuestros oídos deben estar abiertos y nuestros corazones receptivos para que la propuesta divina de que vivamos en estrecha relación con Dios pueda grabarse en nuestro corazón y nuestra vida sea edificada sobre la Roca, en armonía con el plan perfecto de Dios para nosotros.
Este modelo de relación íntima no es un secreto, ya que se encuentra revelado en la Biblia y es ofrecido por Dios a cada persona. Es nuestro privilegio aceptarlo por fe, reclamar la perfecta justicia de Cristo y reflejar luego esa justicia en nuestra vida.
Comentarios Elena G.W
Al par que se predica el evangelio, hay agentes que trabajan y que no son sino intermediarios de los espíritus mentirosos. Muchos tratan con ellos por simple curiosidad, pero al ver pruebas de que obra un poder más que humano, quedan cada vez más seducidos hasta que llegan a estar dominados por una voluntad más fuerte que la suya. No pueden escapar de este poder misterioso.
Las defensas de su alma quedan derribadas. No tienen vallas contra el pecado. Nadie sabe hasta qué abismos de degradación puede llegar a hundirse una vez que rechazó las restricciones de la Palabra de Dios y de su Espíritu. Un pecado secreto o una pasión dominante puede mantener a un cautivo tan impotente como el endemoniado de Capernaum. Sin embargo, su condición no es desesperada.
El medio por el cual se puede vencer al maligno, es aquel por el cual Cristo venció: el poder de la Palabra. Dios no domina nuestra mente sin nuestro consentimiento; pero si deseamos conocer y hacer su voluntad, se nos dirige su promesa: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». «Si alguno quisiere hacer su voluntad, conocerá de mi enseñanza». Juan 8:32; Juan 7:17. Apoyándose en estas promesas, cada uno puede quedar libre de las trampas del error y del dominio del pecado.
Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: «Echen mano… de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!» Isaías 27:5. Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá. El Señor dice: «¿Será quitada la presa al valiente? o ¿libertaráse la cautividad legítima? Así empero dice Jehová: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos». Isaías 49:24, 25 (El Deseado de todas las gentes, pp. 223, 224).


