OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS
“Los israelitas, gimiendo a causa de la servidumbre, clamaron, y su clamor subió hasta Dios con motivo de su servidumbre. Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su condición” (Éxo. 2:23-25).
Jueves: 3 de julio
UN CAMBIO DE PLANES
Lee Éxodo 2:11 al 25. ¿Qué eventos sucedieron precipitadamente y cambiaron por completo el rumbo de la vida de Moisés? ¿Qué lecciones podemos aprender de esta historia?
Éxodo 2:11-25
11 En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. 12 Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. 13 Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? 14 Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto. 15 Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián. 16 Y estando sentado junto al pozo, siete hijas que tenía el sacerdote de Madián vinieron a sacar agua para llenar las pilas y dar de beber a las ovejas de su padre. 17 Mas los pastores vinieron y las echaron de allí; entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas. 18 Y volviendo ellas a Reuel su padre, él les dijo: ¿Por qué habéis venido hoy tan pronto? 19 Ellas respondieron: Un varón egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y dio de beber a las ovejas. 20 Y dijo a sus hijas: ¿Dónde está? ¿Por qué habéis dejado a ese hombre? Llamadle para que coma. 21 Y Moisés convino en morar con aquel varón; y él dio su hija Séfora por mujer a Moisés. 22 Y ella le dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: Forastero soy en tierra ajena. 23 Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 24 Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.
¿Qué haría Moisés? ¿Sucumbiría a la atracción de Egipto y a los placeres de la corte o soportaría las penurias junto a su pueblo? Los acontecimientos pronto lo obligaron a tomar una decisión.
“Al oír esto, Faraón procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de Faraón y fue a vivir en la tierra de Madián. Al llegar allá se sentó junto a un pozo” (Éxo. 2:15).
Después de su crimen, Moisés realmente no tuvo elección, al menos en lo que respecta a permanecer en Egipto. Cualesquiera que fueran los planes que tenía para ascender al trono de Egipto y convertirse en un “dios”, estos se desvanecieron rápidamente. En lugar de convertirse en un dios falso, Moisés serviría al Dios verdadero. Cuando huyó, Moisés no tenía idea de lo que le deparaba el futuro.
“Todo el asunto [de la muerte del egipcio a manos de Moisés], exagerado en sumo grado, se supo rápidamente entre los egipcios, y hasta llegó a oídos de Faraón. Se le dijo al rey que este acto era muy significativo; que Moisés tenía el propósito de acaudillar a su pueblo contra los egipcios; que quería derrocar el Gobierno y ocupar el trono; y que no habría seguridad para el reino mientras él viviese. El monarca determinó enseguida que debía morir; pero, reconociendo su peligro, Moisés decidió escapar y huyó hacia Arabia” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 253).
Moisés vivió 120 años (Deut. 34:7), y su vida puede dividirse en tres etapas de 40 años cada una. Pasó los primeros 40 años en Egipto, gran parte de ellos en el palacio real. Los segundos 40 años transcurrieron en casa de Jetro, en Madián.
Sin embargo, son los últimos 40 años los que ocupan la mayor parte de los libros de Moisés y narran la historia del llamado divino hecho a Israel para que diera testimonio acerca de quién y cómo es Dios, de su naturaleza y su carácter, a un mundo sumido en la idolatría (ver Deut. 4:6-8).
¿Era el plan de Dios que Moisés matara al egipcio? De no ser así, ¿qué nos enseña esta historia acerca de cómo Dios puede imponerse en cualquier situación y utilizarla para sus propósitos? ¿Cómo nos ayuda Romanos 8:28 a comprender esta importante verdad?
Romanos 8:28
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Comentarios Elena G.W
Moisés había supuesto que su educación en la sabiduría de Egipto le habilitaba plenamente para sacar a Israel de la servidumbre. ¿No era sabio en todas las cosas necesarias para un general de ejército? ¿No había tenido las ventajas de las mejores escuelas del país? Sí, se sentía capaz de librar a su pueblo. Inició su obra procurando obtener su favor al corregir sus males. Mató a un egipcio que abusaba de un israelita. En eso manifestó el espíritu del que es homicida desde el principio, y demostró su incapacidad para representar al Dios de misericordia, amor y ternura.
Moisés fracasó miserablemente en su primera tentativa, y, como muchos otros, perdió inmediatamente la confianza en Dios y dio la espalda a la obra que le había sido señalada. Huyó de la ira de Faraón. Concluyó que a causa del gran pecado que cometiera al quitar la vida al egipcio, Dios no le permitiría tener parte alguna en la obra de librar a su pueblo de su cruel esclavitud. Pero el Señor permitió estas cosas a fin de poder enseñarle la mansedumbre, la bondad y longanimidad que necesita poseer todo obrero del Maestro, a fin de tener éxito en su causa (Consejos para los maestros, pp. 392, 393).
Las lecciones de mansedumbre semejante a la de Cristo, humildad de corazón, reverencia por las cosas sagradas, no se enseñan eficazmente en ninguna parte excepto en la escuela de Cristo. A Moisés se le había enseñado a esperar halagos y alabanzas debido a sus capacidades superiores; pero ahora debía aprender una lección diferente. Como pastor de ovejas, a Moisés se le enseñó a cuidar de los afligidos, a cuidar de los enfermos, a buscar pacientemente a los descarriados, a soportar durante mucho tiempo a los rebeldes, a suplir con amorosa solicitud las necesidades de los corderos tiernos y las de los ancianos y débiles. A medida que se desarrollaban estas fases de su carácter, se acercaba más a su Pastor divino. Se unió y se sometió al Santo de Israel. Creyó en el gran Dios. Mantuvo comunión con el Padre a través de la oración humilde. Buscó en el Altísimo una educación en los asuntos espirituales y un conocimiento de su deber como pastor fiel. Su vida llegó a estar tan estrechamente unida al Cielo que Dios hablaba con él cara a cara (Fundamentals of Christian Education, p. 343).
La impetuosidad de Moisés al matar al egipcio fue impulsada por un espíritu presuntuoso. La fe se mueve en la poder y la sabiduría de Dios, y no en los caminos de los hombres. Por la simple fe, Moisés fue capaz de atravesar dificultades y superar obstáculos que parecían casi insuperables. Dios pudo manifestar su gran poder a través de Moisés debido a su fe constante en el poder y en las intenciones amorosas de su Libertador. Fue esta confianza implícita en Dios lo que hizo de Moisés lo que era. Conforme a todo lo que el Señor le mandó, así lo hizo (Fundamentals of Christian Education, p. 344).


