Jueves 7 de mayo – MOISÉS INTERCEDE POR LA NACIÓN – GUERREROS DE ORACIÓN

GUERREROS DE ORACIÓN

«Amo al Señor, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas, porque ha inclinado a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva» (Sal. 116: 1, 2).

Jueves: 7 de mayo

MOISÉS INTERCEDE POR LA NACIÓN

Lee Éxodo 32: 31 y 32. ¿Qué nos enseña este texto acerca de Moisés y la oración?

 

Éxodo 32: 31-32

31 Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, 32 que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

Moisés intercedió audazmente por el pueblo de Dios una y otra vez. Acudió al Señor cuando los israelitas tenían sed (Éxo. 15: 25; 17: 2-6) y hambre (Núm. 11: 21, 22), y expresó su desesperación (Núm. 11: 11-15).

Cuando el pueblo construyó el becerro de oro, inmediatamente después del pacto concertado con Dios, Moisés recordó: «Y temí el enojo y la ira que el Señor tenía contra ustedes para destruirlos. Pero el Señor me oyó aún esa vez» (Deut. 9: 19).

Cuando los espías regresaron de la Tierra Prometida, Moisés recordó: «Me postré ante el Señor. Cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque él había dicho que los iba a destruir» (Deut. 9: 25).

Cuando Leví fue separado de las demás tribus para servir en el Santuario, Moisés recordó: «Yo estuve en el monte como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. Y el Señor me oyó también esta vez, y no quiso destruirte» (Deut. 10: 10). Dios escuchó la súplica de Moisés.

Podemos aprender mucho de la vida de Moisés en lo que se refiere a la oración y a aferrarnos a Dios:

  • Moisés sentía un profundo amor por Dios y tenía una idea clara del carácter divino. Dios se describió a sí mismo ante Moisés en Éxodo 34: 6: «¡Dios compasivo y bondadoso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad!».
  • Moisés fue valiente y fiel al aferrarse a Dios en los altibajos del extenuante viaje hacia la Tierra Prometida. Aunque tuvo luchas personales, como cada uno de nosotros, confió en el poder, la presencia y la dirección de Dios en su vida (Éxo. 33: 13).
  • Moisés recordó a Dios su pacto (Éxo. 32: 13), reclamó sus promesas en nombre de su pueblo (Deut. 7: 8) y trajo a la memoria cómo los había guiado en el pasado (Deut. 8: 2).
  • Moisés aceptó las respuestas de Dios a sus oraciones. Estar en estrecha relación con Dios no significa automáticamente que siempre obtendremos lo que deseamos (Deut. 3: 23-29), pero aun así debemos orar con persistencia (Luc. 18: 1-8).

¿Quién necesita tus oraciones intercesoras en este momento? ¿Qué te impide orar ahora mismo?

Comentarios Elena G.W

Después que los hijos de Israel hubieron escuchado en el Sinaí la promulgación de los Diez Mandamientos, se sumieron en la idolatría y el Señor se airó con ellos. Y le dijo a Moisés: “Déjame… que los consuma; y de ti yo haré una gran nación”. Pero no ocurrió de este modo, pues el hombre que había aprendido a buscar a las ovejas en el desierto; que había padecido el frío y las tormentas sin dejar que una sola oveja pereciera, no habría de abandonar a su pueblo. Apeló fervientemente a Dios para que no los abandonara, sino que perdonara su transgresión… Y su ferviente intercesión prevaleció.

Moisés dijo: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”. Él no tenía confianza alguna en sí mismo. Su lema era: El Dios de Israel es mi fortaleza y mi dirección. No admitió adoración como lo habían hecho los soberanos de otras naciones. Repetidas veces les dijo a los hijos de Israel que solo era lo que el Dios de Israel había hecho de él. En todas las batallas en las que habían alcanzado la victoria, les aconsejó que no reclamaran el triunfo para ellos mismos, porque el Dios de Israel era quien había vencido por ellos.

Cuando el Señor le dijo a Moisés: “Mi presencia irá contigo”, podríamos pensar que este poderoso hombre de Dios se sintió satisfecho. Pero no fue así. Con insistencia suplicó: “Te ruego que me muestres tu gloria”. ¿Acaso Dios lo reprendió por su presunción?… El Señor tomó a ese gigante de la fe y lo colocó en la hendidura de una roca y allí le reveló su gloria…

Cuando Moisés volvió y se reencontró con su pueblo casi no pudieron contemplar su semblante porque había estado en comunión con Dios, y su rostro reflejaba la gloria que Dios le había revelado. “La piel de su rostro resplandecía”. Cuando habló con el pueblo no tuvo otra alternativa que cubrir su rostro con un velo.

No son las personas llenas de ostentación, pompa e incredulidad las que son grandes delante del Señor, sino las que son humildes y fieles. A fin de contestar las oraciones, el Señor desea que su pueblo alcance una experiencia individual. Cuanto más estrecha sea la relación con Jesús, más cerca estarán de su hermosura y de su vida, y tanto más humilde será la opinión que tengan de sí mismos. Cuanto menos estimen el yo, tanto mayor ha de ser la visión que tengan de la gloria y de la majestad de Dios. Cuando los hombres se proclamen puros y santos, no podrá haber mayor evidencia de que no lo son (El Cristo triunfante, 19 de abril, p. 118).

Elena G.W

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