Jueves 8 de enero – EL PODER DE LA ORACIÓN – RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR

RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR

“Estoy seguro: el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

Jueves: 8 de enero

EL PODER DE LA ORACIÓN

Lee Colosenses 1:9-12. ¿Qué peticiones concretas encuentras en la oración de Pablo?

Colosenses 1:9-12

Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

Pablo ora para “que sean llenos del cabal conocimiento de su voluntad”. Pablo describe el conocimiento de la voluntad de Dios como “sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9). La sabiduría proviene de confiar plenamente en Dios, estar dispuestos a hacer su voluntad (Juan 7:17) y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento (Prov. 3:5). Pero a menudo surge la pregunta: “¿Cuál es la voluntad de Dios para mí en esta situación?” Hay cuatro fuentes principales de conocimiento acerca de la voluntad de Dios:

  1. La fuente más importante de sabiduría es la Biblia misma: “Lámpara es para mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105).
  2. Dios nos ha dado sabiduría especial para los últimos días mediante el Espíritu de Profecía (Apoc. 12:17; 19:10), que se ha manifestado a través de los escritos de Elena de White. La Biblia nos alienta: “crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados” (2 Crón. 20:20).
  3. La voluntad y la conducción de Dios también pueden conocerse a través de circunstancias providenciales, al pedirle que abra o cierre puertas (ver Col. 4:3).
  4. El Espíritu Santo nos guía una vez que hemos aprendido a reconocer su voz: “Si te desvías a la derecha o a la izquierda, oirás detrás de ti una voz que te dirá: ‘Este es el camino, síguelo’ ” (Isa. 30:21).

Pablo oró para que los colosenses anduvieran “como es digno del Señor” (Col. 1:10). Por supuesto, nadie es inherentemente “digno”, pero Dios nos considera dignos por su gracia y nos llama a vivir de acuerdo con ese elevado llamamiento (Efe. 4:1; 1 Tes. 2:12). Pablo utiliza el verbo “andar” tres veces más en esta carta (Col. 2:6; 3:7; 4:5) y se refiere con ello a vivir y actuar de acuerdo con la Ley de Dios (Éxo. 18:20), lo cual solo es posible mediante la obra del Espíritu Santo (Eze. 36:27).

Pablo también ora para que la vida de los cristianos de Colosas (y la nuestra) “agrade en todo” al Señor, y enumera luego varias maneras de lograrlo: Fructificando en toda buena obra (Col. 1:9, 10); creciendo en el conocimiento de Dios (vers. 10) y dándole gracias (vers. 12).

Si alguien te preguntara: “¿Cómo sabes que Dios te está guiando en una dirección o en otra?”, ¿cómo responderías y por qué?

Comentarios Elena G.W

El gran apóstol Pablo era firme cuando estaban en juego el deber y los principios, pero la cortesía era un rasgo notable de su personalidad y esta le daba acceso a la clase más alta de la sociedad. Pablo nunca dudó de la habilidad de Dios o de su buena voluntad para darle la gracia que necesitaba a fin de vivir la vida de cristiano… Él no vivía bajo una nube de duda, recorriendo a tientas su camino en la bruma y la oscuridad de la incertidumbre, quejándose de privaciones y pruebas. Su voz de gozo, llena de esperanza y valor, resuena a lo largo de todo el trayecto hasta nuestro tiempo. Pablo tenía una experiencia religiosa sana. El amor de Cristo era su gran tema y el poder que lo constreñía y lo gobernaba.

En las circunstancias más desalentadoras, que hubieran tenido una influencia deprimente sobre los cristianos tibios, era firme de corazón, lleno de valor, esperanza y alegría… Se veía en él la misma esperanza y alegría cuando estaba sobre la cubierta del barco, con la tempestad golpeando a su alrededor, y el barco rompiéndose en pedazos. Dio órdenes al comandante del barco y preservó las vidas de todos los que estaban a bordo. Aunque prisionero, fue en realidad el amo del barco, el hombre más libre y más feliz de a bordo…

Delante de reyes y dignatarios de la tierra, que tenían su vida en sus manos, no se acobardó porque había dado su vida a Dios y ella estaba oculta en Cristo. Mediante su cortesía, suavizó los corazones de esos hombres vigorosos, de genio violento, malvados y corruptos, tanto de corazón como de vida. El comportamiento apropiado, fruto de la verdadera cortesía, marcó toda su conducta. Cuando extendía la mano al hablar, como era su costumbre, el ruido que hacían las cadenas no le causaba vergüenza o turbación. Las consideraba como señales de honor y se regocijaba de poder sufrir por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo… Su razonamiento era tan claro y convincente que hizo temblar al rey licencioso… La gracia, como un ángel de misericordia, hace que su voz se escuche dulce y clara, repitiendo la historia de la cruz, el sin igual amor de Jesús (Conflicto y valor, 12 de diciembre, p. 352).

Pablo sabía que las más valiosas conquistas cristianas pueden obtenerse solamente mediante mucha oración y constante vigilancia, y trató de inculcar esto en sus mentes. Pero sabía también que en Cristo crucificado se les ofrecía un poder suficiente para convertir el alma y divinamente adaptado para permitirles resistir todas las tentaciones al mal. Con la fe en Dios como su armadura, y con su Palabra como su arma de guerra, serían provistos de un poder interior que los capacitaría para desviar los ataques del enemigo (Los hechos de los apóstoles, p. 248).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas