Lunes 10 de marzo – EL QUE ES JUSTO Y JUSTIFICA – ¿QUÉ MÁS PUDE HACER?

¿QUÉ MÁS PUDE HACER?

“Le dijo entonces Pilato: “Luego, ¿eres tú rey?”. Respondió Jesús: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18: 37).

Lunes: 10 de marzo

EL QUE ES JUSTO Y JUSTIFICA

La obra de Cristo deshace en todo momento la del Diablo. Según 1 Juan 3: 8, Jesús “vino para destruir las obras del diablo” (1 Juan 3: 8, NTV) y “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2: 14). Sin embargo, la derrota total del dominio del Enemigo ocurre en dos etapas. Primero, Cristo refuta las calumnias de Satanás mediante la obra de la Cruz. Luego, Satanás y su reino serán destruidos.

Lee Romanos 3: 23 al 26 y 5: 8. ¿Qué revelan estos pasajes acerca de la forma en que Cristo demuestra la falsedad de las acusaciones del Diablo?

 

Romanos 3: 23-26

23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

 

Romanos 5: 8

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Como hemos visto, el Enemigo afirma que Dios no es plenamente justo y amoroso. Sin embargo, Dios proveyó en la persona de Cristo la máxima manifestación de la justicia y el amor divinos, y lo hizo por medio de la Cruz.

Después de la muerte de Jesús, “Satanás vio que su disfraz le había sido arrancado. Su administración quedaba desenmascarada delante de los ángeles que no habían caído y delante del universo celestial. Se había revelado como homicida. Al derramar la sangre del Hijo de Dios, había perdido la consideración de los seres celestiales” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 722).

Lee Apocalipsis 12: 10 al 12 a la luz de Génesis 3: 15. ¿Cómo arroja luz este pasaje sobre el significado cósmico de la victoria de Cristo en la Cruz?

 

Apocalipsis 12: 10-12

10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

 

Génesis 3: 15

15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

La historia de la Redención provee abundantes evidencias de que podemos confiar en que Dios siempre obra para que lo bueno finalmente ocurra en favor de todos los implicados. El Dios de las Escrituras siempre hace lo bueno y preferible con los medios de que dispone en medio del Gran Conflicto (Gén. 18: 25; Deut. 32: 4; 1 Sam. 3: 18; Sal. 145: 17; Dan. 4: 37; Hab. 1: 13; Apoc. 15: 3).

¿Por qué es tan importante que en el Conflicto Cósmico se demuestre que Dios se caracteriza por la justicia y el amor? Cuando reflexionas acerca de la Cruz y de todas las obras de Dios en el Plan de Redención, ¿cómo te ayudan las obras de Dios a confiar en su amor, incluso en medio de las dificultades y el sufrimiento?

Comentarios Elena G.W

La expiación de Cristo no es simplemente una forma capaz de hacer que sean perdonados nuestros pecados: es un remedio divino para la curación de las transgresiones y la restauración de la salud espiritual; es el medio ordenado por el cielo por el cual la justicia de Cristo puede estar no solo sobre nosotros, sino en nuestros corazones y caracteres…

Cristo vino a este mundo para mostrarnos lo que Dios puede hacer y lo que nosotros podemos hacer en cooperación con Dios. Fue al desierto en la carne humana para ser tentado por el enemigo. Sabe lo que es tener hambre y sed. Conoce las debilidades y flaquezas de la carne. Fue tentado en todo como nosotros somos tentados.

Nuestro rescate ha sido pagado por nuestro Salvador. Nadie necesita estar esclavizado por Satanás: Cristo está ante nosotros como nuestro ejemplo divino, nuestro ayudador todo poderoso. Hemos sido comprados por un precio que es imposible de calcular. ¿Quién puede medir la bondad y misericordia del amor redentor? (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1073, 1074).

La evidencia más amplia concedida por Dios de que desea la salvación de todos, será la condenación de los que rechacen el don del Cielo. En el último gran día cuando todos sean recompensados o castigados de acuerdo con su obediencia o desobediencia, la cruz del Calvario aparecerá claramente ante los que se hallen frente al Juez de toda la tierra para recibir la sentencia eterna…

Con gran afán el Cielo observa el conflicto entre el bien y el mal. Nadie sino el obediente puede entrar por las puertas de la ciudad de Dios. Sobre los que prefieren continuar en la transgresión se pronunciará al fin la sentencia de muerte. La tierra será purificada de sus malas obras, de su oposición obstinada a Dios. . .

Las reglas de vida que el Señor ha dado harán a los hombres puros, felices y santos. Solamente aquellos que obedecen estas reglas podrán escuchar de los labios del Cristo las palabras: «Subid más alto» (In Heavenly Places, p. 361; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 363).

Toda manifestación del poder de Dios en favor de su pueblo despierta la enemistad de Satanás. Cada vez que Dios obra en su favor, Satanás y sus ángeles obran con renovado vigor para lograr su ruina… Se esfuerza por espantar sus almas con el pensamiento de que su caso no tiene esperanza, que la mancha de su contaminación no podrá nunca lavarse. Espera destruir así su fe, a fin de que cedan plenamente a sus tentaciones, y abandonen su fidelidad a Dios.

Los hijos del Señor no pueden contestar las acusaciones de Satanás. Al mirarse a sí mismos, están listos a desesperar, pero apelan al divino Abogado. Presentan los méritos del Redentor. Dios puede ser «Justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús». Con confianza los hijos del Señor le suplican que acalle las acusaciones de Satanás, y anule sus lazos… y con el poderoso argumento de la cruz, Cristo impone silencio al atrevido acusador (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 132, 133).

Elena G.W

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