LEALTAD SUPREMA: ADORACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA
“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mat. 6:33).
Lunes: 10 de noviembre
LA PASCUA
¿Por qué es significativo que Josué eligiera celebrar la Pascua a pesar de la apremiante e inmensa tarea de tomar posesión de la Tierra Prometida? Lee Josué 5:10; Éxodo 12:6; Levítico 23:5; Números 28:16 y Deuteronomio 16:4, 6.
Josué 5:10
10 Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.
Éxodo 12:6
6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.
Levítico 23:5
5 En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.
Números 28:16
16 Pero en el mes primero, a los catorce días del mes, será la pascua de Jehová.
Deuteronomio 16:4, 6.
4 Y no se verá levadura contigo en todo tu territorio por siete días; y de la carne que matares en la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana.
6 sino en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para que habite allí su nombre, sacrificarás la pascua por la tarde a la puesta del sol, a la hora que saliste de Egipto.
La segunda actividad importante que precedió a la conquista fue la celebración de la Pascua. Esta tuvo lugar en la tarde del decimocuarto día del mes, en cumplimiento fiel de las instrucciones dadas por Dios. En tal ocasión, se hizo especial hincapié en el significado simbólico de la celebración de la Pascua. Los acontecimientos dirigidos por Josué reflejaban los del Éxodo. La Pascua evocaba la noche en que tuvo lugar la décima plaga (Éxo. 12), cuando el ángel del Señor dio muerte a todos los primogénitos de Egipto y perdonó a los israelitas. Luego se produjo la salida de Egipto, el cruce del Mar Rojo y la travesía por el desierto.
A diferencia de ello, la historia de la segunda generación comenzó en el desierto, continuó con el cruce del Jordán, incluyó la circuncisión y la celebración de la Pascua, y condujo al momento crucial en que cabía esperar otra intervención milagrosa del Señor contra los enemigos de Israel, los habitantes de Canaán. Junto con todos los eventos previos, la celebración de la Pascua señaló el inicio de una nueva era en la historia de Israel.
Además, mediante el símbolo del cordero sacrificado, la Pascua no solo recordaba la redención de los israelitas de la esclavitud egipcia, sino también señalaba su cumplimiento antitípico en ocasión de la muerte del Cordero de Dios (Juan 1:29, 36; 1 Cor. 5:7; 1 Ped. 1:18, 19), quien nos rescató de la esclavitud del pecado. En la Cena del Señor, antes de ofrecerse a sí mismo como sacrificio supremo, Jesús transformó la Pascua en un memorial de su muerte expiatoria (Mat. 26:26-29; 1 Cor. 11:23-26).
Sin embargo, la Pascua y la Cena del Señor señalan una realidad aún más gloriosa: el ingreso de la multitud redimida en la Canaán Celestial. En Apocalipsis, Juan describe esta “travesía” antitípica de los redimidos sobre el mar de cristal –el correlato tipológico del Mar Rojo y del Jordán–, ante el Trono de Dios (Apoc. 4:6; 7:9, 10) y su participación en la cena de bodas del Cordero, prefigurada tipológicamente por la Pascua y la Cena del Señor (Mat. 26:29; Apoc. 19:9).
¿De qué manera podemos tener siempre presente la realidad de la Cruz aunque no estemos celebrando la Cena del Señor?
Comentarios Elena G.W
El día catorce del mes, por la noche, se celebraba la pascua, cuyas ceremonias solemnes e imponentes conmemoraban la liberación de la esclavitud en Egipto y señalaban hacia adelante, al sacrificio que los había de librar de la servidumbre del pecado. Cuando el Salvador dio su vida en el Calvario, cesó el significado de la pascua, y quedó instituida la cena del Señor para conmemorar el acontecimiento que había sido prefigurado por la pascua.
La pascua seguía por siete días como fiesta de los panes ázimos. El primero y el último eran días de santa convocación, durante los cuales no debía hacerse trabajo servil alguno. El segundo día de la fiesta se presentaban a Dios las primicias de la mies del año. La cebada era el primer cereal que se cosechaba en Palestina, y al principio de la fiesta empezaba a madurar. El sacerdote agitaba una gavilla de este cereal ante el altar de Dios en reconocimiento de que todo era suyo. No se había de recoger la cosecha antes que se cumpliera este rito (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 580, 581).
La pascua había de ser tanto conmemorativa como simbólica. No solo recordaría la liberación de Israel, sino que también señalaría la liberación más grande que Cristo habría de realizar para libertar a su pueblo de la servidumbre del pecado. El cordero del sacrificio representa al «Cordero de Dios», en quien reside nuestra única esperanza de salvación. Dice el apóstol: «Nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros». 1 Corintios 5:7. No bastaba que el cordero pascual fuese muerto; había que rociar con su sangre los postes de las puertas, como los méritos de la de Cristo deben aplicarse al alma. Debemos creer, no solo que él murió por el mundo, sino que murió por cada uno individualmente. Debemos apropiarnos la virtud del sacrificio expiatorio…
El cordero había de comerse con hierbas amargas, como un recordatorio de la amarga servidumbre sufrida en Egipto. Asimismo, cuando nos alimentamos de Cristo, debemos hacerlo con corazón contrito por causa de nuestros pecados.
El uso del pan sin levadura también era significativo. Lo ordenaba expresamente la ley de la pascua, y tan estrictamente la observaban los judíos en su práctica, que no debía haber ninguna levadura en sus casas mientras durara esa fiesta. Asimismo deben apartar de sí la leva dura del pecado todos los que reciben la vida y el alimento de Cristo (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 281-283).


