Lunes 12 de enero – MORIR ES GANANCIA – VIDA Y MUERTE

VIDA Y MUERTE

“Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

Lunes: 12 de enero

MORIR ES GANANCIA

Todos, especialmente los creyentes, somos partícipes del Gran Conflicto, que hace estragos a nuestro alrededor y en nosotros. Todos experimentamos de un modo u otro, y hasta nuestro último día de vida, la realidad de esta lucha cósmica.

Lee 2 Corintios 10:3-6. ¿De qué se trata la guerra espiritual que libramos y cuáles son nuestras armas?

 

2 Corintios 10:3-6

Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.

Las armas espirituales más letales son las ideas, sean buenas o malas. Satanás utiliza la crítica, la traición, la vergüenza, el miedo, la presión grupal, y una serie de instrumentos similares que los cristianos nunca debemos emplear. En cambio, debemos usar el amor, la misericordia, la paz, la mansedumbre, la paciencia, la bondad y el dominio propio. Nuestra arma más poderosa, si es usada correctamente, es “la Palabra de Dios” manejada por el Espíritu (Efe. 6:17), porque solo Dios puede llevar la verdad al corazón de una persona. Nosotros somos solo el instrumento que Dios usa para lograr sus propósitos.

Lee Filipenses 1:21, 22. ¿Cuál es el punto que destaca aquí Pablo, especialmente en el contexto del Gran Conflicto?

 

Filipenses 1:21-22

21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. 22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.

Nuestra batalla es espiritual, pues estamos en una guerra de ideas y valores. Sin embargo, Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros en la Cruz, y nunca seremos derrotados si permanecemos unidos a él, incluso si ello nos cuesta la vida. Pablo estuvo dispuesto a sobrellevar todo lo que le sucediera aquí en la Tierra, por injusto que fuera, pues había confiado su vida y su futuro a un tribunal superior.

Como cristianos, no debemos luchar tanto por nuestros derechos como por lo que es justo. Contrariamente a la máxima según la cual “la fuerza hace a la razón”, la verdadera fortaleza es el resultado de la última. La sumisión a la voluntad de Dios es algo honorable. De hecho, es la única manera de obtener la victoria en la guerra que libramos. Jesús, por supuesto, es el ejemplo por excelencia de la sumisión a la voluntad de Dios, como demuestra Pablo en Filipenses 2.

¿Cómo estás experimentando ahora mismo la realidad del Gran Conflicto? ¿Cómo puede darte consuelo y fortaleza el hecho de saber que Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros?

Comentarios Elena G.W

¿Cuántos años hemos estado en el huerto del Señor? ¿De qué provecho hemos sido para el Maestro? ¿Cómo estamos afrontando el ojo escrutador de Dios? ¿Estamos creciendo en reverencia, amor, humildad y confianza en Dios? ¿Albergamos gratitud por todas sus misericordias? ¿Estamos procurando bendecir a los que nos rodean? ¿Manifestamos el espíritu de Jesús en nuestras familias? ¿Estamos enseñando su Palabra a nuestros hijos y contándoles las maravillosas obras de Dios? El cristiano debe representar a Jesús tanto por ser bueno como por hacer el bien. Entonces, la fragancia de la vida y la belleza de carácter revelarán que es un hijo de Dios, un heredero del cielo.

Hermanos, no seamos más siervos negligentes. Cada persona tiene que luchar contra sus inclinaciones. Cristo no vino para salvar a los hombres en sus pecados, sino de sus pecados. Ha hecho posible que poseamos un carácter santo; por tanto, no quedemos satisfechos con nuestros defectos y deformidades. Al buscar fervientemente la perfección del carácter, debemos recordar que la santificación no es obra de un momento sino de toda una vida. Pablo dijo: «Cada día muero». Cotidianamente debemos obtener nuevos logros en la tarea de vencer. Cada día tenemos que resistir la tentación y ganar la victoria sobre el egoísmo en todas sus formas.

Día tras día debemos abrigar amor y humildad, y cultivar en nosotros mismos todas las excelencias de carácter que agradan a Dios y nos preparan para la bendita sociedad del cielo. Hay una promesa muy preciosa para todos los que tratan de realizar esta obra: «El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles». Apocalipsis 3:5 (Recibiréis poder, 10 de diciembre, p. 355).

El que estará más cerca de Cristo será el que en la tierra haya bebido más hondamente del espíritu de su amor desinteresado —amor que «no hace sinrazón, no se ensancha… no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal» (1 Corintios 13:4, 5) —amor que mueve al discípulo como movía al Señor, a dar todo, a vivir, trabajar y sacrificarse, aun hasta la muerte, para la salvación de la humanidad. Este espíritu se puso de manifiesto en la vida de Pablo. Él dijo: «Porque para mí el vivir es Cristo», porque su vida revelaba a Cristo ante los hombres; »y el morir es ganancia» ganancia para Cristo; la muerte misma pondría de manifiesto el poder de su gracia y ganaría almas para él. «Será engrandecido Cristo en mi cuerpo —dijo él—, o por vida, o por muerte». Filipenses 1: 21 (El Deseado de todas las gentes, p. 503).

Elena G.W

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