¡ELIJAN HOY!
“Y si les parece mal servir al Señor, entonces elijan hoy a quien servir […] que yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos. 24:15).
Lunes: 22 de diciembre
CON INTEGRIDAD Y EN VERDAD
¿Qué llamado hizo Josué a los israelitas? (Jos. 24:14, 15). ¿Qué significa servir al Señor con sinceridad y en verdad?
Josue 24:14-15
14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. 15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.
El llamamiento hecho por Josué expresaba claramente el hecho de que Israel debía decidir si conservaría su singularidad y habitaría en la tierra en virtud de su lealtad a su Creador, o si volvería a ser uno de tantos pueblos idólatras, sin una identidad, un propósito o una misión claros. La decisión era suya.
El llamamiento de Josué era doble: Israel debía reverenciar al Señor y servirlo “con sinceridad y en verdad”. Reverenciar al Señor significa manifestar un respeto profundo que surge del reconocimiento de la insondable grandeza, santidad e infinitud de Dios, por un lado, y de nuestra pequeñez, pecaminosidad y finitud, por otro. Reverenciar a Dios significa ser constantemente consciente de la magnitud de sus exigencias y reconocer que él no es solo nuestro Padre celestial, sino también nuestro Rey divino. Una percepción tal nos conducirá a una vida de obediencia a Dios (Lev. 19:14; 25:17; Deut. 17:19; 2 Rey. 17:34). Mientras que la reverencia o respeto describe la actitud interior que debía caracterizar a un israelita, el resultado práctico de la reverencia para con Dios era el servicio dedicado a él.
El servicio que se exigía a Israel es caracterizado por dos términos hebreos traducidos como “en sinceridad” y “en verdad”. El primero de ellos (tamim) se utiliza sobre todo como adjetivo para describir la perfección de un animal destinado al sacrificio. El segundo describe el servicio que se esperaba de Israel como “verdadero” o “fiel” (heb. ‘emet). El término generalmente connota constancia y estabilidad. Suele referirse a Dios, quien se caracteriza por su fidelidad, con Israel en el pasado.
Una persona fiel es alguien de quien se puede depender y en quien se puede confiar. Básicamente, Josué estaba pidiendo a Israel que demostrara la misma lealtad a Dios que Dios había mostrado hacia su pueblo a lo largo de su historia. No se trataba de un mero cumplimiento externo de las exigencias divinas, sino de algo que debía brotar de un interior indiviso y coherente. Sus vidas debían reflejar gratitud a Dios por lo que había hecho por ellos. Básicamente, así es como debemos relacionarnos también hoy con Jesús.
¿Qué significa para ti servir al Señor “con sinceridad” y “en verdad”? ¿Qué te está impidiendo tener una devoción plena hacia Dios?
Comentarios Elena G.W
Jesús es la escalera hacia el cielo y Dios nos invita a subir por ella. Pero no podemos hacerlo mientras estemos cargados de los tesoros terrenales. Nos engañamos a nosotros mismos cuando anteponemos las conveniencias y ventajas personales a las cosas de Dios. No hay salvación en las posesiones o comodidades terrenales. Un hombre no es exaltado a la vista de Dios ni considerado bueno por él, porque posee riquezas terrenales. Si nos hacemos expertos en el arte de subir. debemos abandonar todo estorbo. Los que suben deben afirmar bien los pies en cada peldaño de la escalera.
Somos salvos mientras escalamos peldaño tras peldaño de la escalera, mirando a Cristo, asiéndonos de Cristo, subiendo paso a paso hasta las alturas de Cristo, de modo que él nos sea sabiduría y justificación y santificación y redención. La fe, la virtud, el conocimiento, la temperancia, la paciencia, la piedad, el amor hermanable y la caridad son los peldaños de esa escalera.
Se necesitan la fortaleza de ánimo, el valor, la fe y una confianza implícita en el poder de Dios para salvar. Estas gracias celestiales no se adquieren en un momento; se obtienen a través de la experiencia de los años. Pero cada sincero y ferviente servidor de Cristo llegará a ser participante de la naturaleza divina. Su alma rebosará de un intenso anhelo de conocer la plenitud de aquel amor que sobrepuja todo conocimiento. A medida que avance en la vida divina estará más capacitado para apropiarse de las elevadas y ennoblecedoras verdades de la Palabra de Dios hasta que, por medio de la contemplación, sea transformado y pueda reflejar la semejanza de su Redentor.
Hijo, hija de Dios, los ángeles observan el carácter que desarrolla, sopesan sus palabras y acciones; por tanto, preste atención a sus caminos… compruebe si está en el amor de Dios.
Amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo es la auténtica santificación (The Faith Live By, p. 120; parcialmente en La fe por la cual vivo, 24 de abril, p. 122).
Día tras día y hora tras hora debe haber en el interior un vigoroso proceso de renunciamiento propio y de santificación; y entonces las obras exteriores testificarán que Jesús mora en el corazón por la fe. La santificación no le cierra al conocimiento las avenidas del alma, sino que expande la mente y la inspira en la búsqueda de la verdad como si fuera un tesoro escondido; y el conocimiento de la voluntad de Dios promueve la obra de santificación. Hay un cielo y ¡cuán fervientemente debiéramos luchar por llegar a él! Creed que él está dispuesto a ayudaros con su gracia cuando acudís a él con sinceridad. Debéis pelear la buena batalla de la fe. Debéis ser atletas esforzados por obtener la corona de la vida. Luchad, porque las garras de Satanás están sobre vosotros; y si no os esquiváis quedaréis paralizados y perdidos. El enemigo está a la mano derecha, y a la izquierda y delante de vosotros y detrás; y debéis hollarlo debajo de vuestros pies. Luchad porque hay una corona que ganar.
Pronto presenciaremos la coronación de nuestro Rey. Los creyentes cuya vida quedó escondida con Cristo, los que en esta tierra pelearon la buena batalla de la fe, resplandecerán con la gloria del Redentor en el reino de Dios (The Faith I Live By, p. 124; parcialmente en La fe por la cual vivo, 28 de abril, p. 126).


