Lunes 24 de julio – EXPIACIÓN HORIZONTAL: LA CRUZ Y LA IGLESIA

EXPIACIÓN HORIZONTAL: LA CRUZ Y LA IGLESIA

“Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. Cristo es nuestra paz, que de los dos pueblos hizo uno y derribó el muro divisorio” (Efe. 2:13, 14).

Lunes: 24 de julio

RECONCILIACIÓN: EL REGALO DE DIOS DESDE LA CRUZ

“Cristo es nuestra paz, que de los dos pueblos hizo uno y derribó el muro divisorio […] para […] reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la Cruz, matando en ella la enemistad” (Efe. 2:14–16).

¿Cómo describe Pablo la Cruz y el impacto de la obra de Cristo allí en cada uno de estos pasajes de Efesios? ¿Cómo resumirías lo que dice Pablo sobre la Cruz y cómo esta transforma nuestras relaciones? (Ver Efe. 1:7, 8; 4:32; 2:13, 14; 2:16; 5:2, 25).

 

Efesios 2:14-16

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

 

Efesios 1:7-8

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

 

Efesios 4:32

32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

 

Efesios 2:13-14, 16

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

 

Efesios 5:2, 25

Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

En el contexto del pasaje de esta semana, Efesios 2:11 al 22, la Cruz produce tres grandes ventajas para los creyentes: (1) los gentiles, que estaban “lejos” de Dios y de su pueblo, son “acercados” (Efe. 2:13) a ambos, siendo ahora hijos e hijas de Dios y hermanos y hermanas de los creyentes judíos (Efe. 2:19); (2) la “enemistad” (griego, echthran, relacionado con echthros, “enemigo”) entre los creyentes judíos y gentiles “quedó destruida” (Efe. 2:16, NTV). La Cruz de Cristo elimina lo que parecía ser el estado permanente de hostilidad y guerra en el que judíos y gentiles eran enemigos jurados (Efe. 2:17); (3) en lugar de hostilidad, llega la reconciliación. El propósito de Cristo era “reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la Cruz” (Efe. 2:16; comparar con Col. 1:19–22).

¿Cómo es la reconciliación? ¿Qué se siente al reconciliarse? Imagina un distanciamiento grave entre una madre y una hija que se ha acentuado por años. Imagina que este rencor se disuelve en un gesto de gracia y perdón, y la consiguiente reunión entre ambas. Eso es reconciliación. La reconciliación se experimenta en el momento en que un miembro de la iglesia deja de lado cualquier problema que lo divida y reconoce al otro miembro de la iglesia como un hermano o hermana amado, que acepta lo que se le ha ofrecido. La reconciliación no es un término mecánico o legal sino interpersonal, que celebra la reparación de las relaciones rotas. Pablo se atreve a imaginar que la poderosa obra de Cristo en la Cruz impactará sobre las relaciones no solo entre personas, sino también entre grupos de personas. Él se la imagina inundando nuestra vida y destruyendo nuestras divisiones, disolviendo nuestras disputas, y renovando nuestra comunión y comprensión mutuas.

¿En qué medida podrías necesitar aplicar estos principios para reconciliarte con otra persona? ¿Cómo ponerlos en práctica?

Comentarios Elena G.W

Estos hombres [griego] vinieron del Occidente para hallar al Salvador al final de su vida, como los magos habían venido del Oriente al principio. Cuando nació Cristo, los judíos estaban tan engolfados en sus propios planes ambiciosos que no conocieron su advenimiento. Los magos de una tierra pagana vinieron al pesebre con sus donativos para adorar al Salvador. Así también estos griegos, representando a las naciones, a las tribus y a los pueblos del mundo, vinieron a ver a Jesús. Así también la gente de todas las tierras y de todas las edades iba a ser atraída por la cruz del Salvador. Y así «vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos». Mateo 8:11 (El Deseado de todas las gentes, p. 574).

La cruz está revestida con un poder que el lenguaje no puede expresar… Los hijos y las hijas de Dios deben ser de un carácter distinto al manifestado por un gran número de ellos. Si aman a Jesús, tendrán ideas más amplias acerca del amor que se ha manifestado por el hombre caído, que recibió la provisión de una ofrenda tan costosa para salvar a la especie humana. Nuestro Salvador pide la cooperación de cada hijo e hija de Adán que ha llegado a convertirse en hijo o hija de Dios… Nuestro Salvador declara que trajo del cielo el don de la vida eterna. Había de ser levantado en la cruz del Calvario para atraer a todos los hombres a sí mismo. ¿Cómo trataremos entonces la herencia adquirida por Cristo? Debiera manifestársele ternura, aprecio, bondad, simpatía y amor. Entonces podremos trabajar para ayudar y bendecir a los demás. Tenemos la exaltada compañía de los ángeles celestiales. Cooperan con nosotros en la obra de iluminar a los encumbrados y a los humildes (Sons and Daughters of God, p. 229; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 231).

Juan declara: «Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. El que dice, yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él, mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él». 1 Juan 2:3-5.

Uno de los últimos mandamientos que Cristo diera a sus discípulos fue: «Que os améis los unos a los otros: como os he amado». Juan 13:34. ¿Estamos obedeciendo este mandato, o estamos condescendiendo con rasgos de carácter hirientes y no cristianos? Si de alguna forma hemos agraviado o herido a otros, es nuestro deber confesar nuestra falta y buscar la reconciliación. Esta es una condición esencial para que podamos presentarnos a Dios con fe y pedir su bendición (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 109, 110.

Elena G.W

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