DIOS PELEA POR USTEDES
“Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez, porque el Señor Dios de Israel peleaba por los israelitas” (Jos. 10:42).
Lunes: 27 de octubre
EL JUEZ SUPREMO
Lee Génesis 18:25; Salmo 7:11; 50:6; 82:1; 96:10; 2 Timoteo 4:1, 8. ¿Qué dicen estos versículos acerca del carácter moral de Dios? ¿Cómo nos ayuda su estatus como Juez del universo a entender la cuestión de la guerra por mandato divino?
Génesis 18:25
25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
Salmo 7:11
11 Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.
Salmo 50:6
6 Y los cielos declararán su justicia, Porque Dios es el juez. Selah
Salmo 82:1
1 Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga.
Salmo 96:10
10 Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; Juzgará a los pueblos en justicia.
2 Timoteo 4:1, 8
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
La santidad del carácter de Dios significa que no tolera el pecado. Aunque él es paciente, el pecado debe cosechar su consecuencia final, que es la muerte (Rom. 6:23). El Señor declaró la guerra al pecado sin importar dónde este se encontrara, ya fuera en Israel o entre los cananeos. El hecho de participar en guerras santas no santificaba a Israel ni a otras naciones (Deut. 9:4, 5; 12:29, 30), ni siquiera cuando estas eran usadas por Dios para ejecutar sus juicios contra su propio pueblo elegido. A diferencia de otros pueblos del antiguo Cercano Oriente, la guerra santa se volvió contra los israelitas cuando Dios no luchó por ellos sino contra ellos, permitiendo que sus enemigos los oprimieran (comparar con Jos. 7).
El concepto de guerra santa como parte de la conquista de Canaán solo puede entenderse si se contempla a la luz de la actividad de Dios como juez. Vistas así, las guerras de conquista del Israel de antaño adquieren un carácter completamente diferente. En contraste con las guerras imperialistas motivadas por el deseo de ensalzamiento propio, tan comunes en la antigüedad y en nuestros días, las guerras de Israel no estaban destinadas a alcanzar la gloria nacional, sino a establecer la justicia y la paz de Dios en la Tierra. Por lo tanto, en el centro de la comprensión de las guerras ordenadas por Dios estaban su gobierno y su soberanía, implícitos en su caracterización como guerrero, rey y juez.
Como guerrero y juez, Dios se compromete a implementar, estabilizar y mantener el imperio de la ley, que es el reflejo de su carácter. La imagen de Dios como guerrero, similar a la de juez y rey, afirma que él no tolerará para siempre la rebelión contra su orden establecido. Por lo tanto, se puede afirmar que el objetivo de la actividad de Dios nunca es la guerra ni la victoria en sí, sino el restablecimiento de la justicia y la paz. En definitiva, hacer la guerra y juzgar o impartir justicia son una misma cosa si Dios es el sujeto de la acción.
Reflexiona acerca de Dios como juez justo que no puede ser sobornado ni influido para actuar de manera parcial. ¿Cómo armoniza con el evangelio un Dios que no tolera indefinidamente el pecado, la opresión, el sufrimiento de los inocentes y la explotación de los oprimidos?
Comentarios Elena G.W
Tenemos un enemigo poderoso, y no solo odia a todo ser humano hecho a imagen de Dios, sino que con la más encarnizada enemistad odia a Dios y a su Hijo unigénito Jesucristo. Cuando los hombres se entregan para ser esclavos de Satanás, él no manifiesta hacia ellos la enemistad que manifiesta hacia los que llevan el nombre de Cristo y se entregan al servicio de Dios. Los odia con un odio mortal. Sabe que puede contristar a Jesús poniéndolos bajo el poder de sus engaños, hiriéndolos, debilitando su fe, haciéndolos incapaces de prestar a Dios el servicio que se les exige bajo su Capitán Jesucristo. Satanás permitirá cierto grado de descanso a los que están atados como esclavos a su carro, porque son sus cautivos voluntarios; pero su enemistad se despierta cuando el mensaje de misericordia llega a sus esclavos, y estos procuran zafarse de su poder a fin de seguir al verdadero Pastor. Entonces es cuando él procura atarlos con cadenas adicionales para mantenerlos en su cautiverio. El conflicto entre el alma y Satanás comienza cuando el cautivo empieza a tirar de la cadena y anhela ser libre; porque es entonces cuando el agente humano empieza a cooperar con las inteligencias celestiales, cuando la fe se aferra a Cristo. Entonces es cuando el Más Fuerte que el hombre fuerte armado es el ayudador del alma, y el pobre cautivo es fortalecido por el Espíritu Santo para obtener su libertad.
Dios tiene un amor profundo y ferviente por cada miembro de la familia humana; ninguno es olvidado, ninguno es dejado indefenso y engañado para ser vencido por el enemigo. Si los que se han alistado en el ejército de Cristo se visten con toda la armadura de Dios y la usan, estarán a prueba de todos los asaltos del enemigo. Aquellos que realmente desean ser enseñados por Dios y andar en sus caminos tienen la promesa segura de que, si sienten su falta de sabiduría y le piden a Dios, él les dará abundantemente y no los reprenderá. El apóstol dice: «Pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos». Santiago 1:6-8. Dios garantiza cada promesa, y no podemos deshonrarlo más que cuando cuestionamos y dudamos, cuando pedimos y no creemos, y cuando hablamos de duda. Si no recibís inmediatamente lo que habéis pedido, ¿seguiréis en la hosquedad y la incredulidad? Creed; creed que Dios hará exactamente lo que ha prometido. Mantened vuestras oraciones ascendentes, y velad, trabajad y esperad. Pelead la buena batalla de la fe. Decid a vuestro corazón: «Dios me ha invitado a venir. El ha escuchado mi oración. Ha empeñado su palabra de que me recibirá, y cumplirá su promesa. Puedo confiar en Dios, porque tanto me amó que dio a su Hijo unigénito para que muriera por mí. El Hijo de Dios es mi Redentor». «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá». Mateo 7:7. «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» Lucas 11:13 (Fundamentals of Christian Education, p. 299).


