LAS NACIONES – SEGUNDA PARTE
“Estén quietos, y conozcan que Yo Soy Dios. Exaltado seré entre las naciones, enaltecido seré en la tierra” (Sal. 46:10).
Lunes: 28 de abril
DANIEL 2
Dios presentó las descripciones más convincentes acerca de la relación entre su pueblo y los reinos de este mundo durante el cautiverio en Babilonia y por medio del profeta Daniel. Su pueblo ya no era autónomo y ahora cosecharía las consecuencias de sus elecciones. ¿Aprenderían, al menos, de ellas?
Lee Daniel 2:31 al 35, donde se ofrece una visión panorámica de la historia del mundo hasta el fin de los tiempos. ¿Qué importantes verdades podemos aprender de esta asombrosa profecía?
Daniel 2:31-35
31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. 32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; 33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. 34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.
A finales del siglo XIX, muchas personas mostraban una renovada confianza en el progreso humano. La Exposición Universal de París (1900), por ejemplo, fue una notable exhibición de optimismo acerca del futuro. Seguramente, con todos esos avances tecnológicos y científicos, muchos de los peores problemas de la humanidad llegarían a su fin. A medida que la humanidad se adentraba en el siglo XX, cundía entre muchos pensadores el optimismo de que los ideales de la Ilustración (como la perfectibilidad humana y el poder de la razón) marcarían el comienzo de una nueva y maravillosa era para la humanidad.
Sin embargo, la Primera Guerra Mundial acabó rápidamente con esos sueños, mientras que a finales del siglo XX habíamos perdido más de 200 millones de personas a causa de la guerra. Puede que hayamos avanzado tecnológicamente, pero no moralmente. Parafraseando al Dr. Martin Luther King Jr., tenemos misiles teledirigidos por Inteligencia Artificial, pero hombres fatalmente equivocados. Una combinación sin duda aterradora.
Muchos estudiosos de la profecía han notado que los metales de la imagen de Daniel 2 siguen un patrón de devaluación progresiva, que va de lo más valioso a lo de menos valor: el oro deja su lugar a la plata, esta al bronce y este al hierro, hasta terminar en una mezcla de hierro y arcilla.
Charles Darwin, Karl Marx y otros pensadores del siglo XIX intentaron convencernos de que la humanidad progresa constantemente, que estamos evolucionando biológica y socialmente. Y, aunque en algunos aspectos la existencia humana ha mejorado (al menos en el ámbito físico), ¿quién puede vislumbrar un futuro de paz, seguridad y prosperidad en vista de cómo está siendo gobernado el mundo en la actualidad?
Jesús advirtió: “Oirán guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No se alarmen. Esto tiene que suceder, pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino. Y habrá pestes, hambres y terremotos en diversos lugares” (Mat. 24:6, 7). A pesar de esta advertencia, ¿cómo debería confortarnos el hecho de haber sido advertidos de antemano acerca de estos eventos?
Comentarios Elena G.W
En la historia de las naciones el que estudia la Palabra de Dios puede contemplar el cumplimiento literal de la profecía divina. Babilonia, al fin quebrantada, desapareció porque, en tiempos de prosperidad, sus gobernantes se habían considerado independientes de Dios y habían atribuido la gloria de su reino a las hazañas humanas. El reino medo-persa fue objeto de la ira del Cielo porque en él se pisoteaba la ley de Dios. El temor de Jehová no tenía cabida en los corazones de la vasta mayoría del pueblo. Prevalecían la impiedad, la blasfemia y la corrupción. Los reinos que siguieron fueron aun más viles y corruptos; y se fueron hundiendo cada vez más en su falta de valor moral.
El poder ejercido por todo gobernante de la tierra es impartido del Cielo; y del uso que hace de este poder el tal gobernante, depende su éxito. A cada uno de ellos se dirigen estas palabras del Vigía divino: «Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste». Isaías 45:5. Y para cada uno constituyen la lección de la vida las palabras dirigidas a Nabucodonosor: «Redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad». Daniel 4:27.
Comprender estas cosas, comprender que «la justicia engrandece la nación»; que «con justicia será afirmado el trono» y que este se sustenta «con clemencia», reconocer el desarrollo de estos principios en la manifestación del poder de aquel que «quita reyes, y pone reyes», es comprender la filosofía de la historia. Proverbios 14:34; 16:12; 20:28; Daniel 2:21.
Esto se presenta claramente tan solo en la Palabra de Dios. En ella se revela que la fuerza tanto de las naciones como de los individuos no se halla en las oportunidades o los recursos que parecen hacerlos invencibles; no se halla en su jactanciosa grandeza. Se mide por la fidelidad con que cumplen el propósito de Dios (Profetas y reyes, pp. 367, 368).
La imagen mostrada a Nabucodonosor simboliza el deterioro del poder y la gloria de los reinos de la tierra, y, al mismo tiempo representa adecuadamente el deterioro de la religión y de la moral entre los habitantes de esos reinos. Cuando las naciones se olvidan de Dios se debilitan moralmente en igual proporción. Babilonia desapareció porque en su prosperidad se olvidó de Dios y atribuyó la gloria de su prosperidad a las hazañas humanas.
El reino Medo-Persa fue visitado por la ira del cielo debido a que en ese reino fue pisoteada la ley de Dios. El temor de Jehová no tenía cabida en el corazón de la gente. Las influencias que prevalecían en Medo-Persia eran la impiedad, la blasfemia y la corrupción.
Los reinos subsiguientes fueron aun más viles y corruptos. Se deterioraron porque menospreciaron su fidelidad a Dios. Al olvidarse de Dios se hundieron más y más en la escala de valores morales (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4, p. 1190).


