LA MISIÓN DE DIOS EN FAVOR DE NOSOTROS: SEGUNDA PARTE
“Por tanto, vayan a todas las naciones, hagan discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19).
Lunes: 9 de octubre
HACER DISCÍPULOS: EL CENTRO DE LA MISIÓN
Lee Mateo 28:16 al 20. ¿Qué elementos del discipulado puedes identificar en este pasaje?
Mateo 28:16-20
16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Mateo 28:16 al 20 pronuncia el mandato bíblico, comúnmente identificado como la Gran Comisión (Mat. 28:18-20), en el que Jesús instruye a sus seguidores para que vayan y hagan discípulos, enseñándoles la verdad e iniciándolos en la comunión (ver también Mar. 16:15 y 16; Luc. 24:44-49; Juan 20:21-23; Hech. 1:8).
Los componentes básicos de Mateo 28:16 al 20 pueden resumirse en cuatro aspectos sencillos: (1) Jesús ordena a sus discípulos que vayan a Galilea para estar con él (Mat. 28:16, 17); (2) Jesús se acerca a ellos, declarando su autoridad y soberanía (Mat. 28:18); (3) Entonces Jesús comisiona a sus discípulos a una tarea específica (concretamente, hacer discípulos, Mat. 28:19, 20); y finalmente, (4) Jesús promete estar con sus discípulos hasta el fin (Mat. 28:20).
Hacer discípulos es el objetivo primordial de la Gran Comisión y la tarea principal de la misión. Literalmente, en el idioma griego original, el comienzo de Mateo 28:19 dice: “Por lo tanto, habiendo ido, hagan discípulos”. El “por lo tanto” da a la comisión su fundamento en lo que se acaba de presentar (Mat. 28:18): el poder, la autoridad y la soberanía de Jesús; todos ellos, procedentes de la victoria alcanzada en su resurrección.
Es importante destacar que el único verbo de acción con fuerza imperativa en la Gran Comisión es “hacer discípulos”. Enseñar a todos, bautizarlos y compartir las enseñanzas de Jesús con todo el mundo son las características del proceso de discipulado. Aquí, evidentemente Jesús está dirigiendo a sus discípulos hacia un propósito: hacer discípulos. Por cierto, este es uno de los más grandes pasajes misioneros de toda la Escritura. Termina con la promesa de Jesús de su presencia continua con sus seguidores.
Obviamente, el propósito de la Gran Comisión abarcaba más que a los primeros discípulos reunidos en esa circunstancia particular. Ellos solos no podrían ir a “todas las naciones” para cumplir la nueva misión de hacer discípulos. Por lo tanto, la Comisión es universal en su alcance: todo verdadero seguidor de Jesucristo debe dedicarse a hacer discípulos. Además, el mensaje que debe transmitirse (el evangelio eterno de Jesucristo) está destinado a todo el mundo, sin limitaciones geográficas, sociales ni étnicas.
La misión es “hacer discípulos”. ¿Cómo afecta este mandato del Maestro tu forma de vivir y ministrar a los demás? ¿Qué puedes hacer para comprometerte más en aquello para lo que has sido llamado?
Comentarios Elena G.W
Así dio Cristo su mandato a sus discípulos. Proveyó ampliamente para la prosecución de la obra y tomó sobre sí la responsabilidad de su éxito. Mientras ellos obedeciesen su palabra y trabajasen en relación con él, no podrían fracasar. Id a todas las naciones, les ordenó. Id hasta las partes más lejanas del globo habitable, pero sabed que mi presencia estará allí. Trabajad con fe y confianza, porque nunca llegará el momento en que yo os abandone.
El mandato que dio el Salvador a los discípulos incluía a todos los creyentes en Cristo hasta el fin del tiempo. Es un error fatal suponer que la obra de salvar almas solo depende del ministro ordenado. Todos aquellos a quienes llegó la inspiración celestial, reciben el evangelio en cometido. A todos los que reciben la vida de Cristo se les ordena trabajar para la salvación de sus semejantes. La iglesia fue establecida para esta obra, y todos los que toman sus votos sagrados se comprometen por ello a colaborar con Cristo (El Deseado de todas las gentes, p. 761).
Una obra grande y solemne se extiende delante del pueblo de Dios. Tiene que acercarse a Cristo mediante la abnegación y el sacrificio, con el solo objeto de dar el mensaje de misericordia a todo el mundo. Algunos trabajarán de una manera y otros de otra, de acuerdo con la dirección de Dios. Pero todos deben luchar juntos, tratando de llevar la obra a su total conclusión. Los siervos de Dios deben trabajar para él por medio de la pluma y la voz. Hay que traducir la palabra impresa, llena de la verdad, a distintos idiomas. Hay que predicar el evangelio a todos los pueblos (Cada día con Dios, p. 219).
Tan pronto como uno acude a Cristo nace en el corazón un vivo deseo de hacer saber a otros cuán precioso amigo encontró en el Señor Jesús. La verdad salvadora y santificadora no puede permanecer encerrada en el corazón. Si estamos revestidos de la justicia de Cristo y rebosamos de gozo por la presencia de su Espíritu, no podremos guardar silencio. Si hemos probado y visto que el Señor es bueno, tendremos algo que decir a otros… Anhelaremos seguir en la senda que Jesús recorrió y desearemos que quienes nos rodean puedan ver al «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Juan 1:29.
Y el esfuerzo por hacer bien a otros se tornará en bendiciones para nosotros mismos. Tal era el designio de Dios al darnos una parte que hacer en el plan de redención. Él concedió a los hombres el privilegio de ser hechos participantes de la naturaleza divina y de difundir a su vez bendiciones para sus hermanos. Este es el honor más alto y el gozo mayor que Dios pueda conferir a los hombres. Los que así participan en trabajos de amor son los que más se acercan a su Creador (El camino a Cristo, pp. 78, 79).


