Martes 10 de junio – BOOZ COMO REDENTOR – RUT Y ESTER

RUT Y ESTER

“Cuando él vio a la reina Ester en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos, y el rey le extendió el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro” (Est. 5:2).

Martes: 10 de junio

BOOZ COMO REDENTOR

Booz se enamora profundamente de Rut y desea casarse con ella, pero existe un obstáculo importante para ello: hay un pariente más cercano que también tiene derecho a ella y a la tierra. Si consideramos a Booz como un tipo de Cristo, esta situación puede revelar una cuestión que está en juego en el Gran Conflicto. Cristo nos ama, pero hay un “pariente más cercano” que también tiene cierto derecho: Satanás.

¿Qué revelan los siguientes pasajes acerca de la pretensión de Satanás respecto de la humanidad? (Job 1:6-11; Mat. 4:8, 9; Jud. 1:9; Luc. 22:31).

 

Job 1:6-11

Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.

 

Mateo 4:8-9

Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

 

Juda 1:9

Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.

 

Lucas 22:31

31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;

Cuando Satanás apareció en el concilio celestial, dijo a Dios que venía “de rodear la tierra y andar por ella” (Job 1:7), y cuando Dios le preguntó si se había fijado en el justo Job, Satanás lo reclamó como uno de los suyos, sugiriendo que el corazón de Job no pertenecía realmente a Dios. Es decir, que Job solo seguía a Dios por conveniencia. Según Satanás, Job dejaría de ser leal a Dios si el Señor dejaba de ser benévolo con él.

El libro de Judas contiene una breve referencia a una historia muy conocida en Israel, según la cual Moisés resucitó después de haber sido sepultado por Dios mismo (Deut. 34:6). Aunque no tenemos todos los detalles, la disputa por el cuerpo de Moisés da a entender que Satanás estaba reclamando algún derecho sobre él.

“Por primera vez Cristo iba a dar vida a uno de los muertos. Cuando el Príncipe de la vida y los ángeles resplandecientes se aproximaron a la tumba, Satanás temió perder su hegemonía. Con sus ángeles malos, se aprestó a disputar la invasión del territorio que llamaba suyo. Se jactó de que el siervo de Dios había llegado a ser su prisionero. Declaró que ni siquiera Moisés había sido capaz de guardar la Ley de Dios; que se había atribuido la gloria que pertenecía a Jehová –había cometido el mismo pecado que hiciera desterrar a Satanás del Cielo–, y que por su transgresión había caído bajo el dominio de Satanás” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 511). Cristo refutó la afirmación de Satanás, y Moisés fue resucitado (ver Mat. 17:3).

En Rut 4:1 al 12, Booz viaja hasta el portal de Belén, la ciudad donde Cristo vino al mundo como nuestro Pariente cercano. Los ancianos se reúnen y finalmente se intercambia una sandalia (símbolo de pertenencia, o propiedad).

La puerta de un pueblo era el lugar donde se decidían los casos. Por lo tanto, la escena de Belén es un tipo o representación del Juicio Celestial, ya que refleja la escena del juicio registrada en Daniel 7:13, 14, 22, 26 y 27. No debemos pasar por alto un aspecto crucial del Juicio, y es que este se realiza “en favor de los santos”, pero solo porque Cristo pagó el precio por nosotros, así como Booz lo pagó por Rut para que fuera su esposa.

Comentarios Elena G.W

Los que aceptan a Cristo como su Salvador personal no son dejados huérfanos, para sobrellevar solos las pruebas de la vida. El los recibe como miembros de la familia celestial, los invita a llamar a su Padre, Padre de ellos también. Son sus «pequeñitos», caros al corazón de Dios, vinculados con él por los vínculos más tiernos y permanentes. Tiene  para con ellos una ternura muy grande, que supera la que nuestros padres o madres han sentido hacia nosotros en nuestra incapacidad como lo divino supera a lo humano.

En las leyes dadas a Israel, hay una hermosa ilustración de la relación de Cristo con su pueblo. Cuando por la pobreza un hebreo había quedado obligado a separarse de su patrimonio y a venderse como esclavo, el deber de redimirle a él y su herencia recaía sobre el pariente más cercano. Ver Levítico 25:25, 47-49; Rut 2:20. Así también la obra de redimirnos a nosotros y nuestra herencia, perdida por el pecado, recayó sobre Aquel que era pariente cercano nuestro. Y a fin de redimirnos, él se hizo pariente nuestro. Más cercano que el padre, la madre, el hermano, el amigo o el amante, es el Señor nuestro Salvador. «No temas —dice él—, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma». Isaías 43:1, 4.

Cristo ama a los seres celestiales que rodean su trono; pero ¿qué explicará el gran amor con que nos amó a nosotros? No lo podemos comprender, pero en nuestra propia experiencia podemos saber que existe en verdad. Y si sostenemos un vínculo de parentesco con él, ¡con qué ternura debemos considerar a los que son hermanos y hermanas de nuestro Señor! ¿No debiéramos estar listos para reconocer los derechos de nuestra relación divina? Adoptados en la familia de Dios, ¿no honraremos a nuestro Padre y a nuestra parentela? (El Deseado de todas las gentes, p. 294).

Un motivo de la debilidad espiritual de hoy es la baja estimación que los creyentes en Cristo tienden constantemente a formarse de sí mismos. Cristo pagó un precio infinito por nosotros, y desea que su herencia escogida se valore a sí misma de acuerdo con el precio que él pagó por ella. No defraudéis a Jesús estimándoos en poco. Aprovechad las oportunidades y los privilegios que aumentarán vuestro valor ante Dios; porque aceptando los tesoros de su gracia os haréis preciosos y agradables a sus ojos. La piedad práctica correrá por vuestras vidas como hilos de oro, y cuando Dios contemple vuestra consagración a él, dirá: «Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre». Isaías 13:12. Todo el cielo se regocija por el alma humana débil y defectuosa que se entrega a Jesús, y en su fuerza vive una vida de pureza (The Signs of the Times, 22 de octubre, 1896, «The Source of Strength», párr. 8).

Elena G.W

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