Martes 17 de octubre – EL LLAMADO A ABRAHAM – EL LLAMADO DE DIOS A LA MISIÓN

EL LLAMADO DE DIOS A LA MISIÓN

“Pero recibirán poder cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Martes: 17 de octubre

EL LLAMADO A ABRAHAM

Abraham siguió el llamado de Dios y entró en la tierra como Dios le había ordenado. Sin embargo, desde el principio, las cosas no parecieron irle demasiado bien. Llegó al lugar al que Dios le había dicho que fuera, pero, según la Biblia, “el cananeo habitaba entonces en la región” (Gén. 12:6), un pueblo pagano famoso por su crueldad y su violencia. No es de extrañar que, justo después de que Abraham llegara allí, el Señor se le apareciera y le dijera: “A tus descendientes daré esta tierra” (Gén. 12:7). Sin duda, Abraham necesitaba ese estímulo.

Sin embargo, las cosas todavía no le iban precisamente bien; al menos, al principio.

Lee Génesis 12:10 al 13:1. ¿Qué cosas le sucedieron después y qué errores cometió este hombre de Dios?

 

Génesis 12:10-13:1

10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; 12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. 13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti. 14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. 15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón. 16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. 17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. 18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete. 20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

 

1 Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.

Qué desalentador debió haber sido para él: dejar una existencia cómoda y probablemente próspera en su tierra natal, solo para partir “sin saber a dónde iba” (Heb. 11:8). Y una de las primeras cosas que enfrentó fue el hambre. Esta hambruna fue tan grave que tuvo que abandonar el lugar donde Dios le había dicho que se estableciera e ir a otro lugar. Y después las cosas empeoraron aún más.

“Durante su estada en Egipto, Abraham dio evidencias de que no estaba libre de la debilidad y la imperfección humanas. Al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, reveló desconfianza en el amparo divino, una falta de esa fe y ese valor elevadísimos tan frecuente y noblemente manifestados en su vida. […] A causa de la falta de fe de Abraham, Sara se vio en gran peligro. El rey de Egipto, habiendo oído hablar de su belleza, la hizo llevar a su palacio, pensando hacerla su esposa. Pero el Señor, en su gran misericordia, protegió a Sara, enviando plagas sobre la familia real” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 123).

Nadie ha dicho que la obra misionera fuera fácil, y al mentir, al ser engañoso, Abraham solo empeoró las cosas. Afortunadamente, Dios es un Dios de paciencia, y no desechó a su siervo por este error que, por desgracia, no sería el único que Abraham cometería. Qué reconfortante es saber que, a pesar de nuestros errores, si nos aferramos al Señor con fe y sumisión, como lo hizo Abraham, Dios no solo puede perdonar nuestros errores, nuestros pecados y nuestras faltas, sino además puede seguir utilizándonos para la misión.

¿Qué lecciones podemos sacar de la historia de Abram en Egipto?

Comentarios Elena G.W

¿Qué es tentación? Es medio por el cual los que pretenden ser hijos de Dios son probados y examinados. Leemos que Dios tentó a Abraham; que tentó a os hijos de Israel. Esto significa que permitió que existieran las circunstancias que probaron su fe, y los indujo a acudir a él en procura de ayuda. Dios permite que la tentación sobrevenga a los suyos hoy día para que puedan comprender que él es su ayudador. Si se le acercan cuando son tentados, los fortalece para hacer frente a la tentación. Pero son vencidos si se rinden al enemigo, descuidando el colocarse cerca de su todopoderoso Ayudador. Se separan de Dios. No dan una evidencia de que caminan en la senda de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1094).

Abraham continuó su viaje hacia el sur; y otra vez fue probada su fe. El cielo retuvo la lluvia, los arroyos cesaron de correr por los valles, y se marchitó la hierba de las llanuras. Los ganados no encontraban pastos, y el hambre amenazaba a todo el campamento. ¿No pondría ahora el patriarca en tela de juicio la dirección de la Providencia? ¿No miraría hacia atrás anhelando la abundancia de las llanuras caldeas? Todos observaban ansiosamente para ver qué haría Abraham, a medida que una dificultad sucedía a la otra. Al ver su confianza inquebrantable, comprendían que había esperanza; sabían que Dios era su amigo y seguía guiándole.

Abraham no podía explicar la dirección de la Providencia; sus esperanzas no se habían cumplido; pero mantuvo su confianza en la promesa: «Y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.» Génesis 12:2. Con oraciones fervientes consideró la manera de preservar la vida de su pueblo y de su ganado, pero no permitió que las circunstancias perturbaran su fe en la palabra de Dios. Para escapar del hambre fue a Egipto. No abandonó a Canaán, ni tampoco en su extrema necesidad se volvió a la tierra de Caldea de la cual había venido, donde no había escasez de pan; sino que buscó refugio temporal tan cerca como fuese posible de la tierra prometida, con la intención de regresar pronto al sitio donde Dios le había puesto (Patriarcas y profetas, pp. 121, 122).

La fe de Abraham debe ser nuestro ejemplo; sin embargo, cuán pocos soportarán pacientemente una simple reprensión por los pecados que hacen peligrar su bienestar eterno. Cuán pocos reciben la corrección con humildad y sacan un beneficio de ella. La exigencia de Dios respecto de nuestra fe, nuestros servicios y nuestros afectos debe recibir ‘una respuesta alegre. Tenemos una deuda infinita para con el Señor y debemos cumplir sin vacilación el menor de sus requerimientos. Para violar los mandamientos, no es necesario que pisoteemos todo el código moral. Si despreciamos un precepto, somos transgresores de la ley sagrada. Pero si queremos ser fieles observadores de los mandamientos, debemos observar estrictamente todo lo que Dios nos ha impuesto (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 250).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas