Martes 21 de noviembre – REFUGIADOS E INMIGRANTES – MISIÓN EN FAVOR DE LOS NECESITADOS

MISIÓN EN FAVOR DE LOS NECESITADOS

“Y el Rey les dirá: ‘Les aseguro, cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicieron’ ” (Mat. 25:40).

Martes: 21 de noviembre

REFUGIADOS E INMIGRANTES

El tema de los inmigrantes y los refugiados se ha convertido en un asunto muy debatido, sobre todo porque son muchos en la actualidad. Desplazados por la guerra, por catástrofes naturales o por la esperanza de un futuro económico mejor, millones de personas de todo el mundo han sido desarraigadas de sus hogares y necesitan ayuda desesperadamente.

En Mateo 2:13 y 14, Jesús mismo es un refugiado. Sus padres terrenales, José y María, se vieron obligados a huir de Belén por la noche y buscar refugio en Egipto para escapar de la mano asesina de Herodes. La Biblia no dice nada acerca de su experiencia en Egipto, pero no es difícil imaginar que tuvo sus desafíos; tal vez, algunos de los mismos desafíos que los refugiados enfrentan hoy también. De hecho, así como la familia de Jesús buscó asilo en una tierra extranjera, muchos musulmanes, budistas, hindúes, cristianos y personas no religiosas también buscan asilo en nuevas tierras en la actualidad.

En general, es más fácil entablar amistad con personas de nuestra propia cultura e idioma porque compartimos muchas cosas en común. Sin embargo, es más difícil encontrar puntos en común con inmigrantes y refugiados que tienen un aspecto diferente del nuestro y no hablan nuestro idioma, que no comparten los mismos valores religiosos y no comen alimentos similares. El evangelio nos llama a salir de nuestra zona de confort desde el punto de vista étnico, nacional y cultural, y a tender la mano a los necesitados, aunque sean muy diferentes de nosotros.

Lee Deuteronomio 10:19, Salmo 146:9, Romanos 12:13 y Levítico 23:22. ¿Qué tema importante se menciona aquí que debemos recordar?

 

Deuteronomio 10:19

19 Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.

 

Salmo 146:9

Jehová guarda a los extranjeros; Al huérfano y a la viuda sostiene, Y el camino de los impíos trastorna.

 

Romanos 12:13

13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.

 

Levítico 23:22

22 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

 ¿Cómo podemos suplir las necesidades de los inmigrantes y los refugiados? Es difícil porque, en algunos países, quizá no sea políticamente correcto mezclarse con estas personas o ayudarlas. Sin embargo, debemos hacer lo posible para atender a estas personas, que sin duda han pasado por momentos muy difíciles y necesitan nuestra ayuda. Así que, en la medida de nuestras posibilidades, debemos ayudar.

Comienza con oración, luego busca información acerca de los inmigrantes y los refugiados. En muchos lugares, hay organizaciones que se ocupan de ellos. Puedes empezar a trabajar con una de esas organizaciones, o tal vez la Escuela Sabática de tu iglesia local podría iniciar un ministerio para inmigrantes o refugiados.

Aunque sea limitado, ¿qué puedes hacer para ayudar a los inmigrantes o los refugiados que conozcas?

Comentarios Elena G.W

Nuestras iglesias tienen que hacer una obra de la cual muchos no tienen idea, una obra apenas iniciada. «Porque tuve hambre» dice Cristo «y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí». Mateo 25:35, 36. Algunos piensan que todo lo que se espera de ellos es que den dinero para esta obra; pero están em un error… [S]e requiere de todos un servicio personal de acuerdo a sus fuerzas y oportunidades.

La obra de atender a los menesterosos, los oprimidos, los dolientes, los indigentes, es la obra que cada iglesia que cree la verdad para este tiempo debiera haber estado haciendo desde hace mucho. Debemos manifestar la tierna simpatía del samaritano y suplir las necesidades físicas, alimentar a los hambrientos, traer a los pobres sin hogar a nuestras casas, pedir a Dios cada día la gracia y la fuerza que nos habiliten para llegar a las mismas profundidades de la miseria humana y ayudar a quienes no pueden ayudarse. Cuando hacemos esta obra, encontramos el momento oportuno para presentar a Cristo crucificado (Testimonios para la iglesia, t. 6, pp. 278, 279).

Dios nos ha dado la orden especial de considerar al extranjero, al perdido, y a las pobres almas débiles en poder moral. Muchos que parecen enteramente indiferentes a las cosas religiosas anhelan de corazón descanso y paz. Aunque hayan caído en las mismas profundidades del pecado, hay posibilidades de salvarlos.

Los siervos de Cristo han de seguir su ejemplo. Cuando él iba de lugar en lugar, confortaba a los dolientes y sanaba a los enfermos. Luego les exponía las grandes verdades referentes a Su reino. Esta es la obra de sus seguidores. Mientras aliviéis los sufrimientos del cuerpo, hallaréis maneras de ministrar a las necesidades del alma. Podéis señalar al Salvador levantado en alto, y hablarles del amor del gran Médico, que es el único que tiene poder para restaurar (Palabras de vida del gran Maestro, p. 185).

Cristo, por nuestra causa se hizo pobre, para que nosotros, mediante su pobreza fuésemos enriquecidos. Hizo un sacrificio a fin de poder proveer hogares a los peregrinos y extranjeros que en este mundo buscan una patria mejor, es a saber, la celestial. ¿Será posible que los que han sido objetos de su gracia, que esperan ser herederos de la inmortalidad, rehúsen e incluso manifiesten mala voluntad cuando se les propone que compartan sus hogares con los necesitados? ¿Será posible que nosotros, que somos discípulos de Jesús, rehusemos permitir que los extraños traspongan nuestras puertas porque los tales no conocen a los que moran en nuestros hogares?

Cada día sufro por la exhibición de egoísmo que se nota entre nuestro pueblo. Hay una alarmante ausencia de amor y atención por los que la merecen… Los ángeles están esperando para ver si vamos a aprovechar las oportunidades que están a nuestro alcance a fin de hacer el bien; están esperando para ver si vamos a bendecir a los demás (Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 26, 27).

Elena G.W

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