Martes 25 de junio – EL MILENIO EN LA TIERRA – EL TRIUNFO DEL AMOR DE DIOS

EL TRIUNFO DEL AMOR DE DIOS

“Y oí una gran voz del cielo que decía: ‘El Santuario de Dios estará con los hombres. Él habitará con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos, y será su Dios. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. Y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron’ ” (Apoc. 21:3, 4).

Martes: 25 de junio

EL MILENIO EN LA TIERRA

Apocalipsis 19 termina con una dramática descripción de la venida de Jesús y la destrucción de los impíos. Pero la historia no termina allí. Apocalipsis 20 nos introduce en un período que durará mil años, conocido como el “Milenio”.

Lee Apocalipsis 20:1 al 3. ¿Cuál será el destino de Satanás cuando Jesús vuelva?

 

Apocalipsis 20:1-3

1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.

Las imágenes de Apocalipsis 20:1 al 3 son simbólicas. Satanás no está literalmente atado con una cadena y encerrado en un pozo. Durante mil años, está confinado en esta Tierra desolada y despoblada, atado por las circunstancias que él mismo ha creado. En 2 Pedro 2:4, leemos que Satanás y sus ángeles fueron reservados para el castigo mediante “cadenas de oscuridad” (NVI). Satanás será confinado a la Tierra por una cadena de circunstancias, y no tendrá nadie a quien tentar. Durante mil años, verá la devastación, la destrucción y el desastre que su rebelión ha creado.

La palabra griega traducida como “infierno” (RVR) es la misma de la que proviene la palabra abismo. También es la misma palabra utilizada en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, para describir la Tierra en la Creación. “La tierra estaba desierta y vacía, las tinieblas cubrían la superficie del abismo” (Gén. 1:2). La palabra “abismo”, aquí, es la palabra griega abyssos; esta describe una Tierra desolada. El “abismo” no es una caverna subterránea ni un foso enorme en algún lugar del universo. La obra satánica de pecado y destrucción, junto con el tremendo caos que precede a la Segunda Venida, han devuelto a la Tierra a una masa oscura y desorganizada, como era su condición al principio de la Creación.

Lee Jeremías 4:23 al 26; 25:33; e Isaías 24:1, 3 y 5. ¿Cómo describen esta escena los profetas bíblicos?

 

Jeremías 4:23-26

23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz. 24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos. 25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. 26 Miré, y he aquí el campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades eran asoladas delante de Jehová, delante del ardor de su ira.

 

Jeremías 25:33

33 Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro; no se endecharán ni se recogerán ni serán enterrados; como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra.

 

Isaías 24:1, 3 y 5

1 He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y hace esparcir a sus moradores.

La tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado esta palabra.

Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno.

Los profetas enfatizan la destrucción catastrófica en la segunda venida de Cristo y que ninguna persona queda viva en la Tierra durante este período de mil años. Solo quedarán Satanás y sus ángeles malignos, para contemplar los estragos causados por su rebelión. El universo entero reconoce nuevamente que la paga del pecado es la muerte. Dios afronta el problema del pecado para que nunca más vuelva a surgir (Nah. 1:9). Básicamente, hay tres maneras en que Dios hace esto. En primer lugar, revela su amor sin límites, su deseo apasionado y sus esfuerzos incesantes por salvar a toda la humanidad. En segundo lugar, revela su justicia, equidad y rectitud. En tercer lugar, permite que el universo vea los resultados finales del pecado y la rebelión.

Comentarios Elena G.W

[Durante el milenio la tierra se] asemejaba a un desolado desierto. Las ciudades y las aldeas, sacudidas por el terremoto, yacían en ruinas. Las montañas, descuajadas de sus asientos, habían dejado grandes cavernas. Sobre toda la superficie de la tierra estaban esparcidos los desmochados peñascos que había lanzado el mar o se habían desprendido de la misma tierra. Corpulentos árboles desarraigados estaban tendidos por el suelo. La desolada tierra iba a ser la habitación de Satanás y sus malignos ángeles durante mil años. Allí quedaría Satanás recluído, vagabundo y errante por toda la tierra para ver las consecuencias de su rebelión contra la ley de Dios. Durante mil años iba a poder gozar del fruto de la maldición que había causado. Recluído en la tierra, no tendrá ocasión de ir a otros planetas para tentar y molestar a quienes no han caído. Durante todo ese tiempo Satanás sufrirá muchísimo. Sus características malignas han estado en constante ejercicio desde su caída; pero se verá entonces privado de su poder y obligado a reflexionar con terror y temblor en lo que le reserva el porvenir cuando haya de penar por todo el mal que hizo y ser castigado por todos los pecados que hizo cometer (Primeros escritos, pp. 289, 290).

El resto de la tierra no quedará purificado hasta que, al fin de los mil años, resuciten los impíos y se congreguen en torno de la ciudad. Los pies de los malvados nunca profanarán la tierra renovada. Del cielo descenderá fuego de Dios para devorarlos y quemarlos de raíz y rama. Satanás es la raíz y sus hijos las ramas. El mismo fuego que devore a los malvados purificará la tierra (Primeros escritos, pp. 51, 52).

El grito agonizante del Salvador: «Consumado es», fue el toque de agonía para Satanás. Fue entonces cuando quedó zanjado el gran conflicto que había durado tanto tiempo y asegurada la extirpación final del mal…

Todo el universo habrá visto la naturaleza y los resultados del pecado. Y su destrucción completa que en un principio hubiese atemorizado a los ángeles y deshonrado a Dios, justificará entonces el amor de Dios y establecerá su gloria ante un universo de seres que se deleitarán en hacer su voluntad, y en cuyos corazones se encontrará su ley. Nunca más se manifestará el mal. La Palabra de Dios dice: «No se levantará la aflicción segunda vez». Nahúm 1:9. La ley de Dios que Satanás vituperó como yugo de servidumbres será honrada como ley de libertad. Después de haber pasado por tal prueba y experiencia, la creación no se desviará jamás de la sumisión a Aquel que se dio a conocer en sus obras como Dios de amor insondable y sabiduría infinita (El conflicto de los siglos, pp. 493, 494).

Elena G.W

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