Martes 27 de mayo – BAJO SUS PIES – EN LOS SALMOS – SEGUNDA PARTE

EN LOS SALMOS – SEGUNDA PARTE

“Dios, alábenle los pueblos, todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y guiarás a las naciones en la tierra” (Sal. 67:3, 4).

Martes: 27 de mayo

BAJO SUS PIES

Lee Salmos 47:1 al 4. ¿Qué dice el salmista acerca del lugar que nos espera en el reino de Cristo?

 

Salmos 47:1-4

1 Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo. Porque Jehová el Altísimo es temible; Rey grande sobre toda la tierra. Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, Y a las naciones debajo de nuestros pies. Él nos elegirá nuestras heredades; La hermosura de Jacob, al cual amó. Selah

A largo plazo, el futuro es brillante. Hasta entonces, la humanidad ha cedido el dominio del planeta a Lucifer, y cuando Satanás apareció en el concilio celestial registrado en el libro de Job se jactó de que esta Tierra le pertenecía. “¿De dónde vienes?”, le preguntó Dios. “De rodear la tierra y andar por ella”, respondió (Job 1:7).

Satanás estaba declarándola su propiedad; el hecho de poner el pie en un lugar era en la antigüedad una manera de representar el derecho a la posesión. “Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho, porque a ti te la daré”, dijo Dios a Abraham (Gén. 13:17).

Compara 1 Tesalonicenses 4:13 al 17 con Zacarías 14:4 y presta atención a lo que dice este último pasaje acerca de los pies de Cristo. ¿Qué diferencia encuentras entre esos pasajes y qué enseñan acerca de estos dos aspectos diferentes, pero relacionados, de la soberanía final de Cristo sobre este mundo?

 

1 Tesalonicenses 4:13-17

13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

 

Zacarías 14:4

Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.

Elena de White escribió lo siguiente acerca de lo que Cristo hará al final del Milenio: “Cristo desciende sobre el Monte de los Olivos, de donde ascendió después de su resurrección y donde los ángeles repitieron la promesa de su regreso. El profeta dice: ‘Y vendrá el Señor mi Dios, y con él todos los santos’. ‘Y en ese día afirmará sus pies sobre el monte de los Olivos que está al oriente de Jerusalén. El monte de los Olivos se partirá por el medio hacia el oriente y el occidente, y hará un valle muy grande’. ‘Y el Señor será rey sobre toda la tierra. En ese día el Señor será uno, y uno su nombre’ (Zacarías 14:5, 4, 9). La nueva Jerusalén, que desciende del Cielo con deslumbrante esplendor, se asienta en el lugar purificado y preparado para recibirla, y Cristo, con su pueblo y los ángeles, entra en la Santa Ciudad” (Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 720, 721).

Nota la esperanza que se nos ha dado en Jesús. Piensa en lo que significaría la vida si todo terminara para siempre con la muerte. Todo sería inútil, ¿verdad?

Comentarios Elena G.W

A este tiempo se refiere el revelador cuando dice: «Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás». Apocalipsis 11: 15. El contexto demuestra claramente cuándo sucederá esto. «Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeñitos y a los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra». Vers. 18. El reino de Cristo se establecerá en la época del juicio final, cuando se dará la recompensa de los justos y el castigo de los impíos. Cuando todos los que se oponen a la soberanía de Cristo hayan sido destruidos, los reinos de este mundo se convertirán en los reinos de nuestro Señor y de su Cristo…

Hasta que no llegue aquel tiempo no se puede establecer el reino de Cristo en la tierra. Su reino no es de este mundo. Sus seguidores han de considerarse como «peregrinos y advenedizos sobre la tierra» Pablo dice: «Nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo». Hebreos 11: 13; Filipenses 3:20 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 755, 756).

El reino de la gracia de Dios se está estableciendo, a medida que ahora, día tras día, los corazones que estaban llenos de pecado y rebelión se someten a la soberanía de su amor. Pero el establecimiento completo del reino de su gloria no se producirá hasta la segunda venida de Cristo a este mundo. «El reino y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo» serán dados «al pueblo de los santos del Altísimo». Daniel 7:27. Heredarán el reino preparado para ellos «desde la fundación del mundo». Mateo 25:34. Cristo asumirá entonces su gran poder y reinará.

Las puertas del cielo se abrirán otra vez y nuestro Salvador, acompañado de millones de santos, saldrá como Rey de reyes y Señor de señores. Jehová Emmanuel «será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre». «El tabernáculo de Dios» estará con los hombres y Dios «morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios». Zacarías 14:9; Apocalipsis 21:3…

Al orar: «Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra», se pide que el reino del mal en este mundo termine, que el pecado sea destruido para siempre, y que se establezca el reino de la justicia. Entonces, así como en el cielo, se cumplirá en la tierra «todo su bondadoso beneplácito». 2 Tesalonicenses 1: 11 (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 93, 94).

Elena G.W

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