Martes 29 de abril – DANIEL 7 – SEGUNDA PARTE

LAS NACIONES – SEGUNDA PARTE

“Estén quietos, y conozcan que Yo Soy Dios. Exaltado seré entre las naciones, enaltecido seré en la tierra” (Sal. 46:10).

Martes: 29 de abril

DANIEL 7

El sueño de Daniel 2 fue presentado a un rey babilonio. La visión de Daniel 7, en cambio, fue mostrada a un profeta hebreo, miembro del pueblo que hizo pacto con Dios.

A Daniel se le muestra el mismo tema que a Nabucodonosor, pero desde una perspectiva diferente. En lugar de una estatua, ve una serie de naciones que surgen del mar como resultado del viento que agita las aguas. Estas naciones estaban en un permanente estado de lucha que provocaba un constante cambio de poder entre ellas. Textos como Salmos 65:5 al 8, Isaías 17:12 y 13, y Jeremías 46:7 y 8 utilizan la analogía de las inundaciones y las olas para describir la agitación existente entre las naciones.

Por el contrario, la Tierra Prometida permaneció, al menos durante un tiempo, como una isla de paz y seguridad en medio de un mar de reinos paganos, como una nación santa establecida sobre los sólidos cimientos del gobierno de Dios en contraste con las convulsionadas naciones que la rodeaban.

Lee Daniel 7:1 al 3. Hay mucho movimiento en esta escena. ¿Qué lecciones podemos extraer de estas imágenes, como la de la primera bestia que emerge del mar?

 

Daniel 7:1-3

1 En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto. Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar.

Daniel observa el caos de las luchas paganas desde la orilla, cuando de repente las bestias empiezan a aparecer en la tierra, ¡en el territorio del pueblo de Dios! Los problemas de los gentiles se habían convertido en los problemas de su pueblo. Este había elegido vivir como los paganos, así que ahora viviría entre ellos y sometido por ellos. A partir de la dominación babilónica, el pueblo del pacto nunca volvió a disfrutar de una autonomía completa o duradera.

En el caso del Israel espiritual, esta pérdida de autonomía persistirá hasta el fin de los tiempos, cuando Cristo vuelva a ocupar su legítimo lugar como nuestro Rey. En la época del Nuevo Testamento y en los siglos siguientes, el pueblo de Dios continuó sufriendo bajo el dominio del Imperio Romano y, luego, por las persecuciones del cuerno pequeño, sucesor de la Roma pagana.

Aunque algunas naciones fueron mejores que otras, y algunas épocas han sido más pacíficas que otras, la historia general de las naciones, los pueblos y los imperios ha consistido simplemente en ir de una tragedia a otra, de un opresor a otro, todo generalmente en nombre de las mejores intenciones para los habitantes de cada nación. Qué contraste con el gobierno que Dios tenía pensado para su pueblo en caso de que este lo aceptara.

¿Cómo ayuda Romanos 3:10 al 19 a explicar gran parte de lo que ocurre en el mundo? ¿Cómo muestra el versículo 19 por qué necesitamos tan desesperadamente el evangelio en nuestra vida?

 

Romanos 3:10-19

10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. 13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; 14 Su boca está llena de maldición y de amargura. 15 Sus pies se apresuran para derramar sangre; 16 Quebranto y desventura hay en sus caminos; 17 Y no conocieron camino de paz. 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos. 19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;

Comentarios Elena G.W

Se ha permitido a toda nación que ha ascendido al escenario de la historia que ocupe su lugar en la tierra para ver si va a cumplir o no el propósito del «Vigilante y Santo». La profecía ha anunciado el levantamiento y la caída de los grandes imperios del mundo: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. La historia se repitió con cada una de ellas, lo mismo que con naciones menos poderosas. Cada una tuvo su período de prueba, fracasó, su gloria se marchitó, perdió su poder, y su lugar fue ocupado por otra.

Aunque las naciones rechazaron los principios de Dios y provocaron con ese rechazamiento su propia ruina, es evidente que el propósito divino predominó y se manifestó en todos sus movimientos (La educación, pp. 176, 177).

La corona que se le quitó a Israel pasó sucesivamente a los reinos de Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Dios dice: «Esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré».

Ese tiempo está cerca. Las señales de los tiempos declaran hoy que estamos en el umbral de sucesos grandes y solemnes. Todo está en agitación en el mundo. Ante nuestra vista se cumple la profecía del Salvador referente a los sucesos que precederán a su venida: «Oiréis de guerras, y rumores de guerras… Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares». Mateo 24:6, 7.

La época actual es de sumo interés para todos los vivientes. Los gobernantes y estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y mujeres que piensan, de toda clase social tienen la atención fija en los sucesos que ocurren alrededor de nosotros. Observan las relaciones tirantes que mantienen las naciones. Observan la tensión que se está apoderando de todo elemento terrenal, y reconocen que está por ocurrir algo grande y decisivo, que el mundo está al borde de una crisis estupenda.

En este mismo momento los ángeles están sosteniendo los vientos de contienda para que no soplen hasta que el mundo reciba la advertencia de su próxima condenación; pero se está preparando una tormenta; ya está lista para estallar sobre la tierra; y cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá una escena tal de lucha, que ninguna pluma podría describirla.

Para nosotros, que estamos al borde mismo del cumplimiento de estas grandes escenas, qué momento tan profundo, qué interés tan vivo tienen estas descripciones de lo que está por venir, acontecimientos por los que, desde que nuestros primeros padres salieron del Edén, los hijos de Dios han velado y esperado, anhelado y orado (The Review and Herald, 23 de noviembre, 1905, párr. 5-8, 13; parcialmente en La educación, pp. 179, 180).

 

Elena G.W

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