LAS PLAGAS
“Y cuando sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significa este rito?’, responderán: ‘Es la víctima de la Pascua en honor del Señor, que pasó por alto las casas de los israelitas en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas’ ” (Éxo. 12:26, 27).
Martes: 29 de julio
PÉSAJ
Lee Éxodo 12:17 al 23. ¿Qué papel desempeña la sangre en la celebración de esta nueva festividad religiosa?
Éxodo 12:17-23
17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. 22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.
La sangre del cordero sacrificado era un elemento clave en esta celebración. Quienes participaban de esta, mojaban con ella los marcos de las puertas de sus casas. De este modo, demostraban su fe en que Dios los libraría de lo que tendrían que afrontar quienes no estuvieran protegidos por la sangre.
¡Qué poderosa representación de lo que significa el evangelio!
El cordero pascual tenía que ser sin defecto pues señalaba a Jesucristo, “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” La sangre del animal cumplía una función crucial: simbolizaba protección y era una señal de vida en un momento de muerte. “La sangre será la señal de las casas donde ustedes estén. Al ver la sangre, pasaré de largo, y no habrá entre ustedes mortandad cuando yo hiera la tierra de Egipto” (Éxo. 12:13).
Todo el evangelio estaba asociado con la celebración de la Pascua porque esta no solo apuntaba a la liberación de la esclavitud y la partida hacia la Tierra Prometida, sino también al sacrificio de Jesucristo por nuestros pecados y a sus méritos aplicados a todos los que están cubiertos por su sangre.
Siglos más tarde, Pablo escribió lo siguiente al recordar esta celebración: “Límpiense de la vieja levadura, para que sean nueva masa sin levadura como son. Porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7).
La levadura, o fermento, era utilizada para preparar masas de diversos tipos. Se la menciona por primera vez en la Biblia en relación con la preparación del pan ácimo (sin levadura) en la víspera de la salida de los israelitas de Egipto. También era necesario eliminar la levadura de sus casas (Éxo. 12:8, 15-20; 13:3-7). En este contexto concreto, la levadura era un símbolo de pecado (1 Cor. 5:6-8). Por lo tanto, no debía ser utilizada en el contexto de la fiesta de la Pascua durante una semana.
El pan sin levadura es un símbolo del Mesías sin pecado, quien venció todas las tentaciones y dio su vida por nosotros (Juan 1:29; 1 Cor. 5:7; Heb. 4:15). El “manojo de hisopo” empapado en sangre simbolizaba la gracia purificadora de Dios (Sal. 51:7). En resumen, la obra redentora de Jesús era revelada a lo largo de la Pascua.
¿Qué nos dice acerca de la gravedad del pecado el hecho de que fuera necesaria la sangre de Jesús, Dios mismo, para expiarlo?
Comentarios Elena G.W
Para conmemorar esta gran liberación, el pueblo de Israel había de celebrar una fiesta anual a través de las generaciones futuras…
El hisopo usado para rociar la sangre era un símbolo de la purificación. Era empleado para la limpieza del leproso y de quienes estaban inmundos por su contacto con los muertos. Se ve su significado también en la oración del salmista: «Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve». Salmo 51: 7.
El cordero había de prepararse entero, sin quebrar ninguno de sus huesos. De igual manera, ni un solo hueso había de quebrarse del Cordero de Dios, que iba a morir por nosotros. Éxodo 12:46; Juan 19:36. En esa forma también se representaba la plenitud del sacrificio de Cristo.
La carne debía comerse. Para alcanzar el perdón de nuestro pecado, no basta que creamos en Cristo; por medio de su Palabra debemos recibir por fe constantemente su fuerza y su alimento espiritual. Cristo dijo: «Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna». Y para explicar lo que quería decir, agregó: «Las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida». Juan 6:53, 54, 63.
Jesús aceptó la ley de su Padre, cuyos principios puso en práctica en su vida, manifestó su espíritu, y demostró su poder benéfico en el corazón del hombre. Dice Juan: «Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad». Juan 1:14…
El cordero había de comerse con hierbas amargas, como un recordatorio de la amarga servidumbre sufrida en Egipto. Asimismo, cuando nos alimentamos de Cristo, debemos hacerlo con corazón contrito por causa de nuestros pecados.
El uso del pan sin levadura también era significativo. Lo ordenaba expresamente la ley de la pascua, y tan estrictamente la observaban los judíos en su práctica, que no debía haber ninguna levadura en sus casas mientras durara esa fiesta. Asimismo deben apartar de sí la levadura del pecado todos los que reciben la vida y el alimento de Cristo. Pablo escribe a la iglesia de Corinto: «Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa… porque nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros. Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en ázimos de sinceridad y de verdad». 1 Corintios 5:7, 8 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 280-283).


