COMPLETOS EN CRISTO
“Por tanto, nadie los juzgue en comida o bebida, o en días de fiesta, nuevas lunas o sábados. Todo esto era sombra de lo que iba a venir, pero la realidad es Cristo” (Col. 2:16, 17).
Martes: 3 de marzo
CLAVADOS EN LA CRUZ
Lee Colosenses 2:11-15. ¿Qué problemas parece estar combatiendo Pablo aquí?
Colosenses 2:11-15
11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; 12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. 13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Estos textos, especialmente Colosenses 2:14, suelen ser invocados erróneamente como argumento contra la observancia de la ley y del sábado, el séptimo día de la semana, el día bíblico de reposo y adoración a Dios.
Para ayudar a entender estos textos, los adventistas del séptimo día han propuesto dos interpretaciones principales. De acuerdo con la primera, las “ordenanzas” clavadas en la Cruz se refieren a la lista de cargos “desfavorables a nosotros”, a semejanza del texto que Pilato fijó a la cruz de Jesús (Mat. 27:37; Juan 19:19, 20). De acuerdo con la segunda interpretación, lo que fue clavado en la Cruz fue la ley ceremonial escrita por Moisés (ver Deut. 31:24-26).
Cuando consideramos el contexto más amplio del versículo, notamos que está hablando claramente de la ley ceremonial.
Pablo también se refiere a la “circuncisión hecha sin mano” (Col. 2:11), es decir, “del corazón” (Rom. 2:28, 29; comparar con Deut. 30:16), en aparente contraste con la circuncisión física o corporal, que era una de las estipulaciones más importantes de la ley ceremonial (Lev. 12:3; comparar con Éxo. 12:48).
Pablo conecta entonces este cambio interior con la acción de “despojarse de su cuerpo pecaminoso carnal” y con el bautismo por inmersión, mediante el cual nos identificamos con la muerte y la resurrección de Cristo (Col. 2:11, 12).
Esta experiencia de conversión se asemeja a haber estado “muertos en pecados” y haber recibido “vida con Cristo”, quien “perdonó todos nues- tros pecados” (Col. 2:13).
La palabra “ordenanzas” (Col. 2:14) se refiere a disposiciones legales, ya sea seculares (Luc. 2:1; Hech. 17:7) o eclesiásticas (Hech. 16:4). El único uso adicional de esta palabra griega en los escritos de Pablo designa a la ley ceremonial, que constituía un muro de separación entre judíos y gentiles (Efe. 2:14, 15).
Puesto que Pablo ya se había referido al perdón de los pecados y a la transformación interior simbolizada por el bautismo, es poco probable que vuelva aquí a tratar ese tema mediante una metáfora diferente que no se utiliza en ningún otro lugar de las Escrituras. Más bien, Pablo enfatiza aquí un punto similar al expuesto en Efesios: que los creyentes gentiles de Colosas no necesitaban preocuparse por guardar la ley ceremonial, incluida la circuncisión, ni por las leyes de pureza que formaban parte de ella (comparar con Hech. 10:28, 34, 35).
Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que los Diez Mandamientos habían sido clavados en la Cruz, sobre todo en vista de que en otro lugar define el pecado como la transgresión de los Diez Mandamientos (Rom. 7:7).
Comentarios Elena G.W
El sábado pasamos un día magnífico, glorioso… que hizo que nos regocijáramos y glorificáramos a Dios por su extraordinaria bondad hacia nosotros… Fui arrebatada en visión…
Vi que percibíamos y comprendíamos escasamente la importancia del sábado… Vi que no sabíamos qué significaba subir sobre las alturas de la tierra y ser alimentados con la heredad de Jacob. Pero cuando desciendan de la presencia del Señor la refrescante lluvia tardía y la gloria de su poder, sí sabremos qué significa comer de la heredad de Jacob y estar sobre las alturas de la tierra. Entonces apreciaremos mejor la importancia y la gloria que tiene el sábado. Pero no lo veremos en toda su gloria hasta que se establezca el pacto de paz con nosotros al llamado de la voz de Dios, hasta que las puertas de perlas de la Nueva Jerusalén se abran de par en par y giren sobre sus resplandecientes goznes, y se perciba la bella y jubilosa voz del amante Jesús —más dulce que toda música que jamás haya llegado a oídos humanos— invitándonos a entrar. [Vi] que teníamos absoluto derecho de entrar en la ciudad porque habíamos guardado los mandamientos de Dios, y el cielo, el hermoso cielo es nuestro hogar.
Vi en ellas [en las tablas] los Diez Mandamientos escritos por el dedo de Dios. En una tabla había cuatro, y en la otra seis. Los cuatro de la primera brillaban más que los otros seis. Pero el cuarto, el mandamiento del sábado, brillaba más que todos, porque el sábado fue puesto aparte para que se lo guardase en honor del santo nombre de Dios. El santo sábado resplandecía, rodeado de un nimbo de gloria. Vi que el mandamiento del sábado no estaba clavado en la cruz, pues de haberlo estado, también lo hubieran estado los otros nueve, y tendríamos libertad para violarlos todos, así como el cuarto… Vi que el santo sábado es, y será, el muro separador entre el verdadero Israel de Dios y los incrédulos, así como la institución más adecuada para unir los corazones de los queridos y esperanzados santos de Dios (Maranata: el Señor viene, 25 de agosto, pp. 252, 253).
Muchos en el mundo cristiano también tienen un velo delante de sus ojos y su corazón. No ven con claridad lo que fue abolido. No ven que fue únicamente la ley ceremonial la que fue abrogada a la muerte de Cristo. Pretenden que la ley moral fue clavada a la cruz. Es denso el velo que oscurece su entendimiento. El corazón de muchos está en guerra con Dios. No están sujetos a su ley. Tan solo cuando se pongan en armonía con la regla de su gobernante, puede Cristo ser de algún valor para ellos. Pueden hablar de Cristo como de su Salvador, pero él les dirá finalmente: No os conozco. No os habéis arrepentido genuinamente delante de Dios por la transgresión de su santa ley y no podéis tener fe genuina en mí, porque mi misión fue exaltar la ley de Dios (Mensajes selectos, t. 1, pp. 281, 282).


