Martes 5 de agosto – EL CRUCE DEL MAR ROJO – A TRAVÉS DEL MAR ROJO

A TRAVÉS DEL MAR ROJO

“Pero Moisés dijo al pueblo: ‘No teman. Manténganse tranquilos, y verán la salvación que el Señor les dará hoy. Porque esos egipcios que hoy ven, nunca más los verán. El Señor peleará por ustedes. Estén tranquilos’ ” (Éxo. 14:13, 14).

Martes: 5 de agosto

EL CRUCE DEL MAR ROJO

Lee Éxodo 13:17 a 14:12. ¿Cómo guio Dios a los israelitas cuando salieron de Egipto y qué ocurrió después?

 

Éxodo 13:17-14:12

17 Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto. 18 Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados. 19 Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. 20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto. 21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. 22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así. Y fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía; y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva? Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos. Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón. 10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. 11 Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? 12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.

En armonía con las instrucciones dadas por Dios a Moisés, los israelitas salieron de Egipto como un ejército bien organizado. Los términos hebreos tsaba’ y majaneh, traducidos como “ejércitos”, “escuadrones”, “campamento” y “huestes”, atestiguan esa descripción (Éxo. 6:26; 7:4; 12:17, 41, 51; 14:19, 20; compara con Éxo. 13:18). Los hebreos se dividieron en unidades y marcharon como un ejército. Más tarde, Balaam vio desde las colinas de Moab que Israel estaba “acampando por tribus” (Núm. 24:2, NVI).

Mientras tanto, “Moisés llevó consigo los huesos de José” (Éxo. 13:19). Este es un detalle muy importante del texto, y revela el cumplimiento de las promesas de Dios en respuesta a la fe de José, quien nunca perdió de vista la Tierra Prometida aun en medio del esplendor y los privilegios de Egipto. Pidió que sus huesos fueran llevados a la tierra de Canaán (Gén. 50:24, 25). Creía que el Señor visitaría a Israel en Egipto y lo llevaría a la tierra, como había jurado (Heb. 11:22). Cuando Israel llegó a Canaán, los huesos de José fueron sepultados en Siquem (Jos. 24:32). La columna de nube y la de fuego eran los signos visibles de la presencia de Dios entre su pueblo. El Señor habitaba allí y se comunicaba con ellos también desde la nube (Éxo. 14:24; Núm. 12:5, 6).

El faraón reveló ahora los verdaderos motivos de su corazón. No estaba convertido y nunca se arrepintió de verdad. Su petición a Dios para que lo bendijera era una farsa, tal vez un autoengaño. Reunió a su ejército y fueron tras sus esclavos fugitivos. ¡Cuán totalmente cegado por el pecado estaba realmente este hombre!

Cuando el pueblo vio venir al ejército del faraón, pronunció palabras y expresó sentimientos de los que se harían eco más de una vez: “¿No había sepulcros en Egipto, que nos sacasen a morir en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros al sacarnos de Egipto?” (Éxo. 14:11).

Aun después de haber visto manifestaciones tan dramáticas del poder de Dios, que incluyeron el libramiento de sus hijos primogénitos, el pueblo seguía mostrando una asombrosa falta de fe.

Piensa en la última vez que te enfrentaste a una situación terrible. ¿Cuál fue tu primera reacción: fe en Dios o falta de ella? ¿Qué lecciones deberías haber aprendido de esa situación que podrían ayudarte la próxima vez que enfrentes otra?

Comentarios Elena G.W

El salmista describiendo el cruce del mar por Israel, cantó: «En la mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. Condujiste a tu pueblo como ovejas, por mano de Moisés y de Aarón». Salmo 77:19, 20.

Cuando Moisés extendió su vara, las aguas se dividieron, e Israel marchó en medio del mar, sobre tierra seca, mientras las aguas se mantenían como murallas a los lados. La luz de la columna de fuego de Dios brilló sobre las olas espumosas, y alumbró el camino cortado como un inmenso surco a través de las aguas del mar, que se perdía en la obscuridad de la lejana playa.

«Y siguiéndolos los Egipcios, entraron tras ellos hasta el medio de la mar, toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de a caballo. Y aconteció a la vela de la mañana, que Jehová miró al campo de los Egipcios desde la columna de fuego y nube, y perturbó el campo de los Egipcios». La misteriosa nube se trocó en una columna de fuego ante sus ojos atónitos. Los truenos retumbaron, y los relámpagos centellearon. «Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. Anduvo en derredor el sonido de tus truenos; los relámpagos alumbraron el mundo; estremecióse y tembló la tierra». Salmo 77: 17, 18.

La confusión y la consternación se apoderaron de los egipcios. En medio de la ira de los elementos, en la cual oyeron la voz de un Dios airado, trataron de desandar su camino y huir hacia la orilla que habían dejado. Pero Moisés extendió su vara, y las aguas amontonadas, silbando y bramando, hambrientas de su presa, se precipitaron sobre ellos, y tragaron al ejército egipcio en sus negras profundidades (Historia de los patriarcas y profetas, p. 291, 292).

Dios sacó a su pueblo elegido de Egipto con poderosas señales y prodigios. Desoló la tierra con plagas y mató a los primogénitos de los egipcios para liberar a su pueblo. Les abrió un camino a través del Mar Rojo, y en la columna de nube y fuego se interpuso como muro de protección entre su pueblo y el Faraón, que con sus ejércitos, carros y jinetes venía persiguiendo a Israel. A la orden divina, el Mar Rojo se precipitó sobre las huestes egipcias, mientras Israel entonaba cánticos de triunfo y alabanza (The Signs of the Times, 27 de febrero, 1896, párr. 2).

Elena G.W

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