Martes 6 de enero – EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL APLICADO – RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR

RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR

“Estoy seguro: el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

Martes: 6 de enero

EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL APLICADO

Los filipenses, comprensiblemente, se angustiaron cuando supieron del encarcelamiento de Pablo. Ahora su trabajo estaría seriamente limitado, ya que no podía viajar, predicar, visitar las sinagogas para enseñar acerca de Jesús como el Mesías, ni establecer iglesias. Por ello, enviaron a Epafrodito para saber cómo estaba el apóstol, animarlo y asegurarse de que sus necesidades físicas estuvieran atendidas.

Lee Filipenses 1:12-18. ¿Cómo veía Pablo su encarcelamiento? ¿Qué lecciones podemos aprender de su actitud a pesar de las circunstancias en las que se encontraba?

 

Filipenses 1:12-18

12 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, 13 de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. 14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. 15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. 16 Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; 17 pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. 18 ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.

El mensaje que Pablo envió a la iglesia por medio de Epafrodito sorprendió indudablemente a los filipenses. Pablo veía sus circunstancias con otros ojos. Su discernimiento espiritual lo llevó a considerar su encarcelamiento como algo positivo, ya que no obstaculizó en absoluto su tarea, sino que “ha contribuido más bien al progreso del evangelio” (Fil. 1:12). Donde otros solo veían cadenas y barrotes, Pablo veía a sus guardias romanos como potenciales ciudadanos del Reino de Dios. También vio que su encarcelamiento animaba a otros a ser más activos y a estar más decididos a difundir el evangelio, a hablar con valentía en nombre de Cristo sin temor a las consecuencias.

Aunque resulte inconcebible, algunos pensaron que el encarcelamiento de Pablo significaría más atención para ellos y su propia predicación del evangelio. ¡Qué lamentable ejemplo de egoísmo dentro de la iglesia misma! Como había dicho Jeremías mucho antes: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9).

Afortunadamente, en contraste, algunos obreros fieles se volvieron más activos en su difusión del evangelio. Amaban tanto a Pablo que el sufrimiento que le vieron soportar por su fe los llevó a confiar más en Cristo, a ser aún más activos en la causa del Señor, a ir adonde antes temían adentrarse, a hablar en situaciones en las que antes guardaban silencio; hizo también que aún más personas aceptaran a Cristo y difundieran el evangelio de salvación.

¿Qué has aprendido de experiencias incuestionablemente malas, pero que te han reportado algo positivo? ¿Cómo podemos aprender a confiar en Dios incluso cuando el resultado positivo no es evidente?

Comentarios Elena G.W

Deberíamos estar a menudo en oración. El derramamiento del Espíritu Santo vino en respuesta a la oración ferviente. Noten este hecho en relación con los discípulos. El registro dice: «Estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo». Hechos 2:1-4.

No estaban reunidos para relatar chismes escandalosos, ni para exponer cada mancha que pudieran encontrar en el carácter de un hermano. Sentían su necesidad espiritual, y clamaron al Señor por la santa unción que los ayudaría a vencer sus propias debilidades, con el propósito de prepararlos para la obra de salvar a otros. Oraron con intenso fervor pidiendo que el amor de Cristo fuera derramado en sus corazones.

Esta es hoy la gran necesidad en cada iglesia del planeta. Porque «si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». 2 Corintios 5:17. Lo que es objetable en el carácter es eliminado por el amor de Jesús. Todo egoísmo es expulsado, toda envidia, toda maledicencia es arrancada de raíz, y se opera una transformación radical en el corazón. «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley». Gálatas 5:22, 23. »Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz». Santiago 3: 18.

Pablo dice que «en cuanto a la ley» —en lo que respecta a actos externos— era «irreprensible»; pero cuando discernió el carácter espiritual de la ley, y se miró en el santo espejo, se vio a sí mismo como pecador. Juzgado por una norma humana, era sin pecado; pero cuando miró en las profundidades de la ley de Dios, y se vio a sí mismo como Dios lo veía, se inclinó humildemente y confesó su culpa (Recibiréis poder, 7 de octubre, p. 291).

Pablo escribe a sus hermanos de Corinto: «Porque todavía sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?» 1 Corintios 3:3. Es imposible para la mente absorbida por la envidia y la contienda comprender las profundas verdades de la Palabra de Dios. «Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente». 1 Corintios 2:14. No podemos entender correctamente ni apreciar la revelación divina sin la ayuda del Espíritu por el cual fue dada la Palabra.

Los que han sido designados para cuidar los intereses espirituales de la iglesia deben esmerarse por ser un buen ejemplo sin dar ocasión  a la envidia, los celos o las sospechas y manifestar siempre el mismo espíritu de amor, respeto y cortesía que desean estimular en sus hermanos. Deben prestar diligente atención a las instrucciones de la Palabra de Dios. Refrénese toda manifestación de animosidad o falta de bondad; arránquese toda raíz de amargura. Cuando se levantan dificultades entre hermanos, debe seguirse estrictamente la regla del Salvador. Debe hacerse todo esfuerzo posible para efectuar una reconciliación, pero si las partes persisten obstinadamente en su divergencia, deben ser suspendidas hasta que puedan armonizar (Testimonios para la Iglesia, t. 5, p. 223).

Elena G.W

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