RUT Y ESTER
“Cuando él vio a la reina Ester en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos, y el rey le extendió el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro” (Est. 5:2).
Miércoles: 11 de junio
AMÁN Y SATÁN
La historia de Ester incluye a Amán, un personaje ávido de poder, y a quien se había otorgado un elevado grado de prominencia en el imperio, por encima de todos los demás príncipes (Est. 3:1).
En Ezequiel 28:11 al 15 e Isaías 14:12 al 15 se encuentran algunos paralelos entre Lucifer y Amán, un malvado enemigo de Dios y de su pueblo. Las intenciones generales de Satanás se ponen de manifiesto en la historia de la tentación de Cristo, en la que lleva a Jesús a un lugar elevado para mostrarle los reinos del mundo (Mat. 4:8-11). Cristo, como hemos visto, vino a redimir al mundo y a reclamarlo como suyo, y lo hizo como uno de nosotros. Jesús es el Pariente redentor y, por supuesto, el precio que pagó para redimir al mundo fue muy alto.
Vemos en Apocalipsis que el ansia de poder y adoración por parte de Satanás conduce a este mundo a su crisis final. Sus engaños logran que la humanidad, excepto unos pocos, se maraville y adore a la bestia (Apoc. 13:3, 4). Entonces recurre a la fuerza contra los pocos renuentes a ello.
Amán se da cuenta de que Mardoqueo, uno de los elegidos de Dios, no reconocía lo que aquel consideraba su derecho, ya que no se arrodillaba ni se humillaba ante él. Por lo tanto, “se llenó de ira” (Est. 3:5, 6) y se empeñó en borrar a todo el pueblo de Mardoqueo de la faz de la Tierra.
Lee Ester 3:1 al 14, Apocalipsis 12:14 al 17 y Apocalipsis 13:15. ¿Qué paralelismos encuentras entre estos pasajes? ¿En qué se parecen la descripción que hace Juan de la iglesia remanente de Dios y la que hace Amán del pueblo de Dios?
Ester 3:1-14
1 Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él. 2 Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se arrodillaban y se inclinaban ante Amán, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba. 3 Y los siervos del rey que estaban a la puerta preguntaron a Mardoqueo: ¿Por qué traspasas el mandamiento del rey? 4 Aconteció que hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, lo denunciaron a Amán, para ver si Mardoqueo se mantendría firme en su dicho; porque ya él les había declarado que era judío. 5 Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira. 6 Pero tuvo en poco poner mano en Mardoqueo solamente, pues ya le habían declarado cuál era el pueblo de Mardoqueo; y procuró Amán destruir a todos los judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo. 7 En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán, suerte para cada día y cada mes del año; y salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar. 8 Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y distribuido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey, y al rey nada le beneficia el dejarlos vivir. 9 Si place al rey, decrete que sean destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey. 10 Entonces el rey quitó el anillo de su mano, y lo dio a Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de los judíos, 11 y le dijo: La plata que ofreces sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. 12 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, al día trece del mismo, y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los sátrapas del rey, a los capitanes que estaban sobre cada provincia y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; en nombre del rey Asuero fue escrito, y sellado con el anillo del rey. 13 Y fueron enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y de apoderarse de sus bienes. 14 La copia del escrito que se dio por mandamiento en cada provincia fue publicada a todos los pueblos, a fin de que estuviesen listos para aquel día.
Apocalipsis 12:14-17
14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. 15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. 17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
Apocalipsis 13:15
15 Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase.
El Diablo ha reclamado este mundo, pero la presencia de personas que permanecen leales a Dios, que guardan sus mandamientos, refuta su pretensión de supremacía total.
“Una vez que el sábado llegue a ser el punto especial de controversia en toda la cristiandad, y las autoridades religiosas y civiles se unan para imponer la observancia del domingo, la negativa persistente, por parte de una pequeña minoría, de ceder a la exigencia popular, la convertirá en objeto de execración universal” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 673).
Piensa en las cosas “pequeñas” que ponen a prueba tu fe ahora. Si cedes en esas cosas “pequeñas”, ¿qué harás en la hora de la gran prueba?
Comentarios Elena G.W
El decreto que se promulgará finalmente contra el pueblo remanente de Dios será muy semejante al que promulgó Asuero contra los judíos en la época de Ester. El edicto persa brotó de la malicia de Amán hacia Mardoqueo. No es que Mardoqueo hubiera hecho daño a Amán, sino que se había negado a halagar su vanidad mostrándole la reverencia que solo se debe a Dios… La decisión del rey contra los judíos fue obtenida con falsas declaraciones, por calumnias contra ese pueblo peculiar. Satanás inspiró el plan, a fin de librar la tierra de aquellos que preservaban el conocimiento del verdadero Dios. Pero sus maquinaciones fueron derrotadas por un contrapoder que reina entre los hijos de los hombres. Ángeles que sobresalen en fuerza fueron comisionados para proteger al pueblo de Dios, y las conspiraciones de sus adversarios volvieron sobre sus propias cabezas.
La historia se repite. La misma mente magistral que maquinó contra los fieles en siglos pasados obra ahora a fin de controlar a las iglesias caídas, para que por medio de ellas él pueda condenar y ejecutar sentencia de muerte sobre aquellos que no adoren el sábado idólatra. Pero, aunque así parezca, no libramos una lucha con seres mortales. No guerreamos contra sangre y carne, sino contra principados, contra poderes, contra gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra espíritus impíos en las regiones celestes. Sin embargo, si el pueblo de Dios deposita toda su confianza y su fe en el poder divino, toda estratagema de Satanás será tan ciertamente derrotada en nuestro tiempo, como lo fuera en los días de Mardoqueo…
Cristo nunca compró la paz y la amistad mediante el consentimiento con el mal. Aunque su corazón rebosaba de amor hacia la raza humana, no podía ser indulgente con sus pecados. Porque amaba a los hombres y mujeres, era un severo reprobador de sus vicios. Su vida de sufrimiento, la humillación a la que fue sometido por una nación perversa, muestran a sus seguidores que no debe haber ningún sacrificio de los principios. El pueblo comprobado de Dios debe mantenerse vigilante, con oración ferviente, no sea que, en su afán por evitar la discordia, entreguen la verdad y deshonren así al Dios de la verdad. La paz se obtiene demasiado cara si se compra con la menor concesión a las agencias de Satanás. La menor concesión de los principios nos enreda en la trampa del enemigo… (The Signs of the Times, 8 de noviembre, 1899, «The Seal of God—No. 2», párr. 9, 10, 13; parcialmente en El Cristo triunfante, p. 368).
Pensar y meditar en la bondad de Dios hacia nosotros cerraría las puertas del alma a las sugestiones de Satanás.
Diariamente queda comprobado el amor de Dios hacia nosotros; y sin embargo, no pensamos en sus favores y somos indiferentes a sus súplicas. El trata de impresionarnos con su espíritu de ternura, su amor y tolerancia; pero apenas si reconocemos los indicios de su bondad y poco nos percatamos de la lección de amor que él desea que aprendamos. Algunos, como Amán, olvidan todos los favores de Dios, porque Mardoqueo está delante de ellos y no es castigado; porque sus corazones están llenos de enemistad y odio, más bien que de amor, el espíritu de nuestro amado Redentor que dio su preciosa vida por sus enemigos (Testimonios para la Iglesia, t. 4, p. 220).


