EL LLAMADO A ESTAR FIRMES
“Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza. Vístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan estar firmes contra las artimañas del diablo” (Efe. 6:10, 11).
Miércoles: 13 de septiembre
DE PIE EN EL ANTIGUO CAMPO DE BATALLA
Lee Efesios 6:10 al 20 y observa cada vez que Pablo utiliza alguna forma de la frase estar (o quedar) firmes. ¿Por qué esta idea es tan importante para él?
Efesios 6:10-20
10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 19 y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.
Debemos entender la metáfora militar de Pablo en el contexto del antiguo campo de batalla. ¿Qué significaba “estar firmes” (Efe. 6:11, 13, 14)? El verbo, ¿sugiere solo una postura defensiva? Los discursos bélicos incluidos en los escritos de Tucídides, uno de los grandes autores clásicos de la literatura bélica, destacan tres acciones sucesivas que deben darse para que un bando salga victorioso: (1) los soldados deben “cerrar con el enemigo”, lo que significa que deben marchar al encuentro de sus enemigos; (2) luego, deben atacar y “mantenerse firmes” o “defender nuestra posición”, luchando cuerpo a cuerpo con sus enemigos; (3) finalmente, deben “hacer retroceder al enemigo” (ver Thucydides, The Peloponnesian War [Nueva York: EP Dutton, 1910], 4.10.1–5).
El momento clave de una batalla en la antigüedad se daba en la segunda de estas tres acciones, cuando las dos catervas opuestas chocaban entre sí, en “una terrible cacofonía de bronce, madera y carne, todo aplastado”, a la que el antiguo autor Jenofonte hace referencia como ese “espantoso choque” (Victor Davis Hanson, The Western Way of War [Nueva York: Oxford University Press, 1989], pp. 152, 153). Mantenerse firmes, defender la posición en ese momento estratégico, era el gran desafío de la batalla en la antigüedad. En el combate cuerpo a cuerpo que se producía, cada bando buscaba impulso para “el empujón”.
El llamado a las armas de Pablo refleja un combate en el que los soldados estaban “agrupados, dando y recibiendo cientos de golpes a quemarropa” (Victor Davis Hanson, The Western Way of War, p. 152). Esto lo confirma la descripción que hace Pablo de la batalla de la iglesia contra sus enemigos como un “combate de lucha libre” (Efe. 6:12; ver el estudio del jueves) y en su uso intensivo del verbo “estar firmes” en el versículo 13: “para que puedan resistir en el día malo” (énfasis añadido).
¡Esta no es una postura relajada! Entonces, “estar firmes” es participar vigorosamente en la batalla, empleando todas las armas en el combate cuerpo a cuerpo; un hecho obvio a partir de las imágenes militares de la exhortación anterior de Pablo de estar “firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil. 1:27).
Lee Hebreos 12:4. ¿Cómo ayuda este versículo a resumir lo que significa permanecer en el Señor? ¿Cuál es la naturaleza colectiva de esta postura también?
Comentarios Elena G.W
En cada siglo, desde la caída de Adán, la oposición de las agencias del mal ha hecho una guerra continua de las vidas de quienes desean ser leales y fieles a los mandamientos de Dios. Quienes deseen ser finalmente victoriosos, deben enfrentar y vencer a las fuerzas de Satanás, quien con fiera determinación se opone a cada paso de avance. Tienen que hacer frente a un enemigo vigilante, a un enemigo astuto que nunca duerme y que trata incansablemente de minar la fe de los siervos de Dios…
Ojalá pudiera trazar palabras que presentaran este asunto tal como es. Dios espera que sus soldados estén siempre en el puesto del deber. Nunca han de rendirse ante la tentación, nunca han de ser injustos. No han de rendirse ni han de huir. Confiando en la fuerza divina, han de mantener su integridad. Con una firmeza que no cederá una pulgada, deben aferrarse bien a la palabra: «Escrito está» (In Heavenly Places, p. 260; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 262).
El cristiano ha de estar «arraigado y fundado» en la verdad, para que pueda permanecer firme contra las tentaciones del enemigo. Debe experimentar una constante renovación de sus fuerzas, y debe retener firmemente la verdad bíblica. Fábulas de toda clase serán introducidas para seducir al creyente apartándolo de su lealtad a Dios, pero él ha de mirar hacia arriba, creer en Dios y permanecer firmemente arraigado y fundado en la verdad.
Manteneos fuertemente asidos del Señor Jesús, y nunca os deshagáis de él. Tened firmes convicciones en cuanto a lo que creéis. Que las verdades de la Palabra de Dios os induzcan a consagrar el corazón, la mente, el alma y las fuerzas a hacer su voluntad. Aferraos resueltamente a un sencillo «Así dice el Señor». Sea vuestro único argumento: «Escrito está». Así hemos de contender por la fe que fue dada una vez a los santos. La fe no ha perdido nada de su sagrado y santo carácter, por objetable que sus opositores piensen que es.
Los que siguen su propio juicio y andan en su propio camino, formarán caracteres torcidos, Se introducirán vanas doctrinas y sutiles sentimientos con presentaciones plausibles para engañar, si es posible, a los mismos escogidos. ¿Están los miembros de la iglesia edificando sobre la Roca? Viene la tormenta, la tormenta que probará la fe de todo hombre, no importa de qué clase sea. Los creyentes deben estar ahora firmemente arraigados en Cristo; o de otra manera serán desviados por alguna fase del error. Esté vuestra fe fundada en la Palabra de Dios. Asíos firmemente del testimonio vivo de la verdad. Tened fe en Cristo como Salvador personal. Él ha sido y siempre será nuestra Roca, la Roca de los siglos. El testimonio del Espíritu de Dios es verdadero. No cambiéis vuestra fe por ninguna fase de doctrina, por agradable que parezca, que seduzca el alma (El evangelismo, p. 265).


