Miércoles 15 de enero – PIEDRAS VIVAS – PARA AGRADAR A DIOS

PARA AGRADAR A DIOS

“Jehová está en medio de ti; ¡él es poderoso y te salvará! Se gozará por ti con alegría, callará de amor, se regocijará por ti con cánticos” (Sof. 3: 17).

Miércoles: 15 de enero

PIEDRAS VIVAS

¿Cómo es posible que nosotros, seres caídos y pecadores, podamos agradar a un Dios santo?

Lee Romanos 5: 8; y 8: 1. ¿Qué enseñan estos textos acerca de nuestra posición ante Dios?

 

Romanos 5: 8

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

 

Romanos 8: 1

1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Dios concede su gracia a las personas antes de cualquier respuesta humana. Antes de cualquier cosa que digamos o hagamos, Dios se acerca a nosotros y nos da la oportunidad de aceptar o rechazar su amor. Como dice Romanos 5: 8: “Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (compara con Jer. 31: 3). Podemos reconciliarnos con Dios y ser agradables a sus ojos por la fe y en virtud de la obra de nuestro Redentor.

Lee 1 Pedro 2: 4 al 6 y compáralo con Hebreos 11: 6. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo podemos agradar a Dios?

 

1 Pedro 2: 4-6

Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado.

 

Hebreos 11: 6

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Sin la intervención de Dios, las personas caídas son incapaces de aportar nada valioso a Dios. Sin embargo, en su gracia y misericordia, él ha abierto un camino para ello a través de la obra de Cristo. Concretamente, “por medio de Jesucristo” podemos “ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios” (1 Ped. 2: 5). Aunque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11: 6), por la obra mediadora de Cristo, Dios hará a los creyentes “aptos en todo lo bueno para hacer su voluntad, haciendo él en nosotros lo que es agradable delante de él por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Heb. 13: 21). Quienes responden a Dios por la fe son considerados justos ante él por la mediación de Cristo, cuya justicia es aceptable. Así, quienes responden a las amorosas propuestas de Dios son considerados dignos en virtud de la mediación de Cristo (Luc. 20: 35), quien los transforma a su semejanza (1 Cor. 15: 51-57; 1 Juan 3: 2). La obra redentora de Dios no es solo algo hecho para nosotros, sino también en nosotros.

¿Por qué es tan alentadora la idea de que Cristo medie por ti en el Cielo?

Comentarios Elena G.W

No hay nada que fomente la incredulidad. El Señor manifiesta su gracia y su poder vez tras vez, y esto debe enseñarnos que siempre es provechoso, en todas las circunstancias, fomentar la fe, hablar de la fe, proceder con fe. No debemos permitir que nuestros corazones y nuestras manos se debiliten al permitir que las sugestiones de mentes incrédulas planten en nuestros corazones las semillas de duda y des-confianza [se cita Hebreos 3:12].

El Señor obra en cooperación con la voluntad y la acción del ser humano. Cada persona tiene privilegio y el deber de aceptar lo que dice Dios, creer en Jesús como su Salvador personal y responder anhelante e inmediatamente a las bondadosas propuestas que Dios hace. El hombre debe estudiar para creer y obedecer las instrucciones divinas de las Escrituras. Debe basar su fe no en sentimientos, sino en evidencias y en la Palabra de Dios (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, pp. 939, 940).

Todo lo que Dios podía hacer lo ha hecho para manifestar su amor y misericordia para vosotros. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Por lo tanto descansad en la seguridad del amor de Dios… Dios no nos amó porque le hayamos amado primero; sino porque “siendo aún pecadores”, Cristo murió por nosotros, haciendo una provisión plena y abundante para nuestra redención. Aunque por causa de la desobediencia merecíamos el desagrado y la condenación de Dios, él no nos abandonó para dejarnos que lucháramos contra el poder del enemigo con nuestra propia fortaleza finita. Los ángeles santos luchan por nosotros, y si cooperamos con ellos, podremos ser victoriosos sobre los poderes del mal… Si nos acercamos a él por fe, él se acercará a nosotros, nos adoptará en su familia, y nos hará hijos e hijas suyos (Hijos e hijas de Dios, p. 55).

Dios y Cristo sabían desde el principio en cuanto a la apostasía de Satanás y a la caída de Adán por el poder engañador del apóstata. El propósito del plan de salvación era redimir a la raza caída, darle otra oportunidad. Cristo fue designado como Mediador desde la creación de Dios, designado desde la eternidad para ser nuestro sustituto y garantía. Antes de que fuera hecho el mundo, se dispuso que la divinidad de Cristo estuviera revestida de humanidad. «Me preparaste cuerpo” (Hebreos 10:5), dijo Cristo…

La obra de la redención es poner a la humanidad en comunión con Cristo, efectuar la unión de la raza caída con la divinidad. Cristo tomó la forma humana para que los hombres pudieran ser uno con él, así como él es uno con el Padre; para que Dios amara al hombre como ama a su Hijo unigénito; para que los hombres pudieran ser participantes de la naturaleza divina y pudieran ser completos en Cristo (Mensajes selectos, t. 1, pp. 293, 294).

Elena G.W

comparte esta entrada:

Facebook
Twitter
Pinterest

Más entradas