Miércoles 16 de abril – ISAAC Y REBECA – IMÁGENES TOMADAS DEL MATRIMONIO

IMÁGENES TOMADAS DEL MATRIMONIO

“Y él me dijo: ‘Escribe: “¡Bienaventurados los llamados a la cena de bodas del Cordero!” ’ Además me dijo: ‘Estas son palabras verdaderas de Dios’ ” (Apoc. 19:9).

Miércoles: 16 de abril

ISAAC Y REBECA

Cuando Abraham ya era anciano y pensaba sin duda en las promesas que Dios le había hecho acerca de su posteridad (ver Gén. 15:5), encomendó a su criado de mayor edad y confianza una tarea solemne.

Lee Génesis 24:1 al 4. ¿Por qué era tan importante para Abraham que su hijo no se casara con una de “las hijas de los cananeos” (Gén. 24:3)?

 

Génesis 24:1-4

1 Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.

Por muy exclusivista que pudiera parecer su admonición, la cuestión para Abraham era espiritual, no étnica; era teológica, no nacional. Abraham conocía muy bien la degeneración moral de las prácticas religiosas cananeas además de su culto a dioses falsos, y sabía lo fácil que sería para su hijo caer en esas prácticas si se casaba con una cananea.

De hecho, la historia de gran parte del antiguo Israel, e incluso de la iglesia cristiana a lo largo de los siglos, ha sido una en la que el pueblo de Dios, que debía dar testimonio acerca del Dios verdadero ante el mundo, quedó atrapado en este y se contaminó con sus falsas enseñanzas y creencias religiosas. Quizás el gran ejemplo de esta triste realidad haya sido la introducción del domin- go, el día pagano de culto dedicado al Sol, en lugar del día bíblico de adoración, el séptimo día semanal, o sábado, una realidad que jugará un papel prominente en los últimos tiempos.

Lee Génesis 24:57 al 67. ¿Qué lecciones podemos aprender acerca de Cristo y su iglesia a partir de algunos detalles de esta historia, como el hecho de que Rebeca era una pariente lejana de Isaac?

 

Génesis 24:57-67

57 Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle. 58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. 59 Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres. 60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos. 61 Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue. 62 Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev. 63 Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. 64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; 65 porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió. 66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. 67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.

No cabe duda de que estamos emparentados con nuestro Creador, ya que fuimos hechos a su imagen y semejanza. Hemos sido separados de él por el pecado; sin embargo, todavía se nos considera la esposa adecuada para él, aunque nuestras decisiones equivocadas pueden hacer que el matrimonio sea innecesariamente turbulento.

Dios ama a su esposa; es decir, a nosotros, más que nosotros a él. ¿Qué decisiones podemos y debemos tomar cada día para fortalecer nuestro amor hacia Dios? Al mismo tiempo, ¿qué decisiones disminuirían nuestro amor hacia él?

Comentarios Elena G.W

Isaac, confiando en la sabiduría y el cariño de su padre, se conformaba con dejarle a él la solución del asunto creyendo que Dios le guiaría en la elección. Los pensamientos del patriarca se dirigieron hacia los parientes de su padre que estaban en Mesopotamia. Aunque no estaban libres de idolatría, apreciaban el conocimiento y el culto del verdadero Dios. Isaac no debía salir de Canaán para ir adonde estaban ellos; pero tal vez se podría hallar entre ellos a una mujer dispuesta a dejar a su país y a unirse con él para conservar puro el culto del Dios viviente.

Abraham confió este importante asunto al servidor más anciano de su casa, hombre piadoso y experimentado, de sano juicio, que le había dado fiel y largo servicio. Hizo prestar a este servidor el solemne juramento ante el Señor de que no tomaría para Isaac una mujer cananea, sino que elegiría a una doncella de la familia de Nacor, de Mesopotamia. Le ordenó que no llevara allá a Isaac. En caso de que no se encontrase una doncella que quisiese dejar a sus parientes, el mensajero quedaría absuelto de su juramento. El patriarca le animó en su difícil y delicada empresa, asegurándole que Dios coronaría su tarea con éxito. «Jehová, Dios de los cielos le dijo—, que me tomó de la casa de mi padre… enviará su ángel delante de ti». Véase Génesis 24 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 1 68, 169).

Isaac fue sumamente honrado por Dios al ser hecho heredero de las promesas por las cuales sería bendecida la tierra; sin embargo, a la edad de cuarenta años se sometió al juicio de su padre cuando envió a un servidor experto y piadoso a buscarle esposa. Y el resultado de este casamiento, que nos es presentado en las Escrituras, es un tierno y hermoso cuadro de la felicidad doméstica: «E Isaac la llevó a la tienda de su madre Sara. Recibió a Rebeca por esposa, y la amó. Y se consoló Isaac después de la muerte de su madre». Génesis 24:67 (Mensajes para los jóvenes, p. 464).

Los cananeos eran idólatras, y el Señor había mandado a su pueblo que no se casaran con ellos, no fuera que cayesen en la idolatría. Abraham era ya viejo y pensaba que pronto habría de morir. Isaac estaba aún soltero, y Abraham estaba preocupado por las influencias corruptoras que rodeaban a su hijo. Deseaba seleccionar para él una esposa que no lo apartase de Dios. Esta tarea fue encomendada a su fiel y experimentado siervo, que era el mayordomo sobre todo lo que tenía. Abraham requirió que su siervo hiciera un pacto solemne ante Dios, de que no tomaría una esposa para Isaac entre las mujeres cananeas, sino que iría a los parientes de Abraham, quienes creían en el Dios verdadero, y elegiría una esposa para el joven. No quería que Isaac lo acompañase en ese viaje, debido a que prácticamente todos en esa tierra habían caído en la idolatría. Si no podía encontrar una esposa para Isaac que estuviera dispuesta a dejar su parentela y venir hacia donde el joven estaba, entonces quedaría libre del pacto que había hecho (Hijas de Dios, pp. 26, 27).

Elena G.W

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