Miércoles 17 de enero – SE ACUERDA SIEMPRE DE SU PACTO – EL SEÑOR REINA

EL SEÑOR REINA “El Señor reina, se vistió de majestad. El Señor se vistió, se ciñó de fortaleza. Afirmó el…

 Miércoles 17 de enero – SE ACUERDA SIEMPRE DE SU PACTO –  EL SEÑOR REINA

EL SEÑOR REINA

“El Señor reina, se vistió de majestad. El Señor se vistió, se ciñó de fortaleza. Afirmó el mundo, y no se moverá” (Sal. 93:1).

Miércoles: 17 de enero

SE ACUERDA SIEMPRE DE SU PACTO

El tema del Juicio de Dios suscita una pregunta importante: ¿Cómo pueden los creyentes tener paz con Dios y la seguridad de la salvación en el momento del Juicio? Lee Salmos 94:14; 105:7-10; y Daniel 7:22.

 

Salmos 94:14

14 Porque no abandonará Jehová a su pueblo, Ni desamparará su heredad,

 

Salmos 105:7-10

Él es Jehová nuestro Dios; En toda la tierra están sus juicios. Se acordó para siempre de su pacto; De la palabra que mandó para mil generaciones, La cual concertó con Abraham, Y de su juramento a Isaac. 10 La estableció a Jacob por decreto, A Israel por pacto sempiterno,

 

Daniel 7:22

22 hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino.

El pueblo de Dios está seguro, porque el Señor puso su morada en Sion (Sal. 76:1, 2) y estableció su Pacto eterno con él como su posesión preciada (Sal. 94:14; 105:8-10). Dios no se limita a prometer que no rechazará a su pueblo del Pacto, sino que obra activamente para mantenerlo seguro en él. Perdona sus pecados (Sal. 103:3); instruye, bendice y fortalece a su pueblo (Sal. 25:8-11; 29:11; 105:24). Los juicios de Dios se realizan para hacer volver al pueblo a la justicia y demostrar que Dios cuida de él (Sal. 94:8-15).

Salmo 105 en su conjunto muestra la fidelidad del Señor a su Pacto en la historia de Israel. En todo lo que sucedió, lo bueno y lo malo, Dios estuvo allí. Condujo providencialmente a José a Egipto, y por medio de él salvó a su pueblo y a las naciones de aquella región durante la grave hambruna (Sal. 105:16-24). El Señor levantó a Moisés para que sacara a su pueblo de la esclavitud en Egipto, con señales y prodigios en su favor (Sal. 105:25-38).

El Señor concedió a su pueblo la Tierra Prometida (Sal. 105:11, 44) y su protección continua (Sal. 105:12-15). Lo multiplicó (Sal. 105:24), lo libró de sus opresores (Sal. 105:37, 38) y proveyó para sus necesidades diarias (Sal. 105:39-41). No cabe duda de que el Señor controla soberanamente todo lo que concierne a su pueblo; una verdad que los salmistas querían que su pueblo nunca olvidara.

Cuando Dios se acuerda de su Pacto, implica algo más que conocimiento o memoria, porque siempre conduce a la acción (Gén. 8:1; 1 Sam. 1:19; Sal. 98:3; 105:42-44). Del mismo modo, cuando se llama al pueblo a recordar las maravillas y los juicios de Dios, significa que el pueblo debe vivir de manera que honre a Dios.

En este pacto, la principal vocación de Israel es permanecer fiel al Pacto, observando las leyes de Dios (Sal. 78:5-7; 105:45). El pueblo de Dios también está llamado a dar testimonio de Dios a otras naciones, porque el Señor desea que todas las naciones se unan a su pueblo, Israel (Sal. 105:1, 2). El mundo está así seguro en la alianza protectora del Dios todopoderoso y misericordioso (Sal. 89:28-34).

¿Qué tenemos en Jesús, que demuestra por qué estas promesas hechas al antiguo Israel pueden aplicarse ahora a nosotros? (ver Gál. 3:26-29).

Comentarios Elena G.W

La ley de Dios constituye el fundamento de su gobierno, y el servicio de amor el único servicio aceptable para el cielo. Dios ha concedido libertad de acción a todos, ha dotado a los hombres de capacidad para apreciar su carácter, y por lo tanto de habilidad para amarlo y elegir su servicio. Mientras los seres creados adoraron a Dios, estuvieron en armonía en todo el universo. Mientras el amor a Dios reinó supremo, abundó el amor por los demás. Como no había transgresión de la ley, que es un trasunto del carácter de Dios, ninguna nota de discordia perturbaba las armonías celestiales.

Pero todas sus obras son conocidas para Dios, y el pacto de la gracia (favor inmerecido) existía en la mente de Dios desde los siglos eternos. Se lo llama el pacto eterno, porque el plan de salvación no fue concebido después de la caída del hombre, sino que «se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y… se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe». Romanos 16:25, 26 (A fin de conocerle, p. 368).

Al Señor del cielo se lo representa como levantando al caído. Es el Amigo de todo el que lo ama y honra, y castigará a cuantos se atrevan a apartarlos de los senderos seguros, colocándolos en situaciones angustiosas cuando ellos tratan conscientemente de guardar el camino del Señor y de alcanzar las moradas de los justos. Ni un gorrión cae al suelo sin que lo advierta nuestro Padre celestial. Por lo tanto, los hombres deben ser cuidadosos de no causar tristeza o pena a uno de los pequeños de Dios por medio de sus palabras o acciones. Si el pequeño gorrión… no cae al suelo sin que lo advierta nuestro Padre celestial, seguramente son preciosas las almas de aquellos por quienes Cristo murió. ¿Y no juzgará él a quienes causan dolor o chascos a aquellos por quienes Cristo dio su vida?

¿Quién puede medir o anticipar el don de Dios? Por las edades, el pecado… interrumpió el flujo divino de la benevolencia hacia el hombre, pero la misericordia y el gran amor manifestados a la raza caída no han cesado de acumularse; no han perdido su dirección hacia la tierra… Dios vive y reina, y en Cristo ha derramado sobre el mundo un diluvio sanador. Nuestro Salvador hizo plena provisión para los hombres (Alza tus ojos, p. 362).

Elena G.W

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