ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA
“ ‘Sino alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor, que actúo con bondad, justicia y rectitud; porque eso me complace’, dice el Señor” (Jer. 9:24).
Miércoles: 2 de abril
EL ESTUDIO DE LA PALABRA
Los adventistas del séptimo día debemos mucho a William Miller por su comprensión de la profecía bíblica. Aunque dicha comprensión de pasajes clave, como Daniel 8:14, no era perfecta, su metodología fue importante pues allanó el camino para el nacimiento de nuestro movimiento remanente de los últimos días.
Lee Mateo 5:18; 2 Timoteo 3:15 al 17; y Lucas 24:27. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de cómo debemos abordar la profecía bíblica?
Mateo 5:18
18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
2 Timoteo 3:15-17
15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
Lucas 24:27
27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.
En cierto modo, estudiar la Biblia es como armar un gran rompecabezas. Si unimos solo dos o tres piezas, es casi imposible discernir la imagen completa. Tal vez esas pocas piezas tengan que ver con la imagen de un caballo, lo que podría conducir a la conclusión errónea de que el cuadro tiene que ver con esos animales. Pero, unas cuantas piezas más contienen imágenes de una gallina y una vaca. Tras ensamblar cientos de piezas, se cae finalmente en la cuenta de que se ha estado trabajando en la imagen de un paisaje, que incluye una ciudad, una granja y una cadena de montañas en la distancia.
Una de las principales formas erróneas de estudiar la Biblia consiste en acercarse a ella como si se tratara de una colección dispersa de refranes o proverbios que pueden ser utilizados para abordar cualquier situación. Algunos recurren a la sencilla guía de estudio que aparece al principio de las Biblias que ciertos grupos cristianos dejan en las habitaciones de los hoteles y en las que aparecen versículos útiles acerca de una serie de temas. Dan así por sentado que esos versículos representan la totalidad de la enseñanza bíblica acerca de un tema determinado.
Desgraciadamente, adoptan el mismo enfoque con la profecía, al separar un texto de su contexto y compararlo con los acontecimientos actuales en lugar de hacerlo con el resto de la Biblia. Esto explica en parte el surgimiento constante de libros sobre profecía que tienen que ser actualizados con frecuencia pues sus predicciones acerca de qué ocurriría y cuándo no se cumplen.
Por eso es tan importante no limitarse a seleccionar algunos textos específicos acerca de un tema, sino estudiar cuidadosamente todo lo que la Biblia dice al respecto y tener en cuenta el contexto de cada pasaje. Es muy fácil sacar un pasaje de su contexto y hacerle decir lo que uno desea.
¿Cuál ha sido tu experiencia al tratar con quienes utilizan solo ciertos textos para defender su punto de vista acerca del estado de los muertos o del sábado? ¿Cuál es la mejor manera de responder ante esa forma errónea de usar la Biblia?
Comentarios Elena G.W
Procurando poner a un lado toda opinión preconcebida y prescindiendo de todo comentario, [Guillermo Miller] comparó pasaje con pasaje con la ayuda de las referencias marginales y de la concordancia. Prosiguió su estudio de un modo regular y metódico… A medida que estudiaba y oraba fervorosamente para que Dios le alumbrara, lo que antes le había parecido oscuro se le aclaraba…
Con profundo interés estudió los libros de Daniel y el Apocalipsis, siguiendo los mismos principios de interpretación que en los demás libros de la Biblia, y con gran gozo comprobó que los símbolos proféticos podían ser comprendidos. Vio que, en la medida en que se habían cumplido, las profecías lo habían hecho literalmente; que todas las diferentes figuras, metáforas, parábolas, similitudes, etc., o estaban explicadas en su contexto inmediato, o los términos en que estaban expresadas eran definidos en otros pasajes; y que cuando eran así explicados debían ser entendidos literalmente (El conflicto de los siglos, p. 320).
Jesús, el más grande maestro que el mundo haya visto, reconoció el valor de las Sagradas Escrituras, y las expuso a sus discípulos. Después de su resurrección, se acercó a dos de ellos cuando iban de camino a Emaús, hablando, mientras iban, de las esperanzas defraudadas ocasionadas por la muerte de su amado Maestro… Jesús les dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?» Lucas 24:25, 26. Y comenzando por Moisés y los profetas, «les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían». Lucas 24:25-27.
Jesús reprendió a los discípulos por no conocer las Escrituras que daban testimonio del Mesías. Si hubieran estado familiarizados con las Escrituras, su fe habría sido sostenida en la hora de la prueba, y su esperanza habría permanecido inquebrantable; porque el trato que Cristo recibiría de manos de aquellos a quienes vino a salvar estaba claramente declarado en las profecías (The Signs of the Times, 10 de junio, 1886, «Value of Bible Study», párr. 9, 10).
Los que se dedican a proclamar el mensaje del tercer ángel escudriñan las Escrituras siguiendo el mismo plan que adoptó el hermano Miller. En el pequeño libro titulado «Views of the Prophecies and Prophetic Chronology» [Vislumbres de las profecías y de la cronología profética], el hermano Miller da las siguientes reglas sencillas pero inteligentes e importantes para el estudio y la interpretación de la Biblia:
«1. Cada palabra debe tener su relación apropiada con el tema presentado en la Biblia; 2. Toda la Escritura es necesaria, y puede entenderse mediante la aplicación y el estudio diligentes; 3. Nada de lo revelado en la Escritura puede ocultarse ni se ocultará a los que piden con fe, sin vacilar; 4. A fin de comprender la doctrina, reúna todas las Escrituras sobre el tema que desea conocer, luego deje que cada palabra tenga su influencia apropiada; y si puede formar su teoría sin una contradicción, no puede estar en el error; 5. La Escritura debe ser su propio expositor, ya que es una regla en sí misma. Si dependo de un maestro para que me exponga, y él adivina su significado, o desea que sea así debido a su credo sectario, o a fin de ser considerado sabio, entonces su adivinación, deseo, credo o sabiduría es mi regla, y no la Biblia» (The Review and Herald, 25 de noviembre, 1884, «Notes of Travel», párr. 23, 24).


