Miércoles 20 de mayo – EJEMPLOS DE FE – LA FE

LA FE

«La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos» (Heb. 11: 1).

Miércoles: 20 de mayo

EJEMPLOS DE FE

Dedica hoy algún tiempo a estudiar Hebreos 11, el gran capítulo de la fe. Léelo de corrido y en voz audible. Vuelve a leerlo y escribe lo que piensas en respuesta a las siguientes preguntas:

  • Considera el versículo 1. ¿Qué esperas hoy que aún no puedes ver? (Piensa en necesidades inmediatas y anhelos relacionados con la Eternidad).
  • ¿Qué papel cumple la fe en tu testimonio personal y en tu conversión?
  • Vuelve a leer el versículo 3, que habla acerca de Dios y la Creación. ¿Por qué la existencia del Dios creador debería ser, en muchos sentidos, lo más fácil de asumir por fe?
  • Lee el versículo 6 y resume su mensaje con tus propias palabras.
  • Los versículos 7 al 40 consignan la vida de varios personajes bíblicos. ¿Por qué la fe es el factor principal de la sólida relación de esas personas con Dios?

Conocer a Dios y tener una relación viva y sólida con él requiere fe. ¿Cómo puedes fortalecer tu fe o animar a alguien cuya fe vacila? He aquí algunas ideas:

Una fe pequeña como una semilla de mostaza es poderosa y es todo lo que necesitas para cultivar una relación con Dios (Mat. 17: 20). Si estás dispuesto a cooperar con él, hará que tu fe crezca.

La fe es el resultado de escuchar a Dios hablándonos por medio de su Palabra, la Biblia (Rom. 10: 17). Comprométete a estudiar la Biblia y a orar diariamente.

Pide a Dios que aumente tu fe (Luc. 17: 5). Al igual que el padre que acudió a Jesús con su hijo endemoniado y clamó con lágrimas: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24), podemos reconocer nuestra incredulidad y pedir a Dios que aumente nuestra fe.

La fe y la duda pueden coexistir (Mar. 9: 24). No te alejes de Dios simplemente porque tengas dudas. Más bien, ocúpate en tu salvación con temor y temblor (Fil. 2: 12-16) y ejercita tu fe en lugar de depender de la fe de otros, como intentaron hacer cinco de las vírgenes (Mat. 25: 8).

Responde al Espíritu Santo y pídele que aumente su presencia en tu vida.

Ejercita tu fe. Recuerda que la fe no es un sentimiento, sino la decisión de creer y que Dios está presente incluso cuando no puedes verlo (2 Cor. 5: 7).

Considera las palabras del himno titulado «Grande, Señor, es tu misericordia» (Himnario Adventista, Nº 55) como una oración personal de gratitud a Dios por ser tan fiel.

Comentarios Elena G.W

Los que se asocian íntimamente con Dios pueden no ser prósperos en las cosas de esta vida; a menudo pueden pasar por pruebas y aflicciones muy severas. José fue calumniado y perseguido porque decidió conservar su virtud e integridad. David, aquel siervo escogido de Dios, fue perseguido por sus malvados enemigos como si hubiera sido una bestia de presa. Daniel fue lanzado al foso de los leones porque se mostró fiel e inconmovible en su lealtad a Dios. Aunque a Job lo despojaron de sus posesiones mundanales y afligieron su cuerpo de tal manera que sus familiares y amigos llegaron a aborrecerlo, él conservó su integridad y su fidelidad a Dios. Jeremías hablaba únicamente las palabras que Dios colocaba en su boca, y su claro testimonio airó de tal manera al rey y los príncipes que lo arrojaron en una mazmorra repugnante. A Esteban lo apedrearon porque no dejaba de predicar a Cristo y este crucificado. A Pablo lo encarcelaron, lo azotaron con varas, lo apedrearon y finalmente lo mataron, porque fue un mensajero fiel en llevar el evangelio a los gentiles. El amado Juan fue deportado a la isla de Patmos “por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”.

Estos ejemplos de inquebrantable confianza humana en la fuerza del poder divino, constituyen un testimonio para el mundo acerca de la fidelidad de las promesas divinas, de su constante presencia y de su gracia sustentadora. Mientras observa a estas personas humildes, el mundo es incapaz de discernir el valor moral que Dios les adjudica. Es una obra de fe reposar serenamente en Dios en la hora más sombría —no importa cuán severamente probada y azotada por la tormenta—, porque sabe que nuestro Padre está en el timón. Únicamente el ojo de la fe puede ver más allá de las cosas temporales y discernir el valor de las riquezas eternas.

Un gran genio militar conquista las naciones y sacude a los ejércitos de la mitad del mundo, pero muere frustrado en el exilio. El filósofo que recorre todo el universo, tratando de descubrir las manifestaciones del poder divino para gozar de su armonía, a menudo no logra contemplar en esas maravillas la Mano que las formó a todas. “Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias que perecen”. Salmo 49:12. El futuro de los enemigos de Dios no se ve iluminado por la gloriosa esperanza de la inmortalidad. Pero los héroes de la fe poseen la promesa de una herencia de mayor valor que cualquier riqueza terrenal: una herencia que satisfará los anhelos del alma. Puede ser que el mundo los desconozca y no los tome en cuenta, pero en los libros del cielo están inscritos como ciudadanos. La recompensa final de aquellos a quienes Dios ha hecho herederos de todas las cosas, será una grandeza exaltada, y un inagotable y eterno peso de gloria (Exaltad a Jesús, 10 de noviembre, p. 328).

Elena G.W

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