Miércoles 23 de julio – MOSCAS, GANADO Y ÚLCERAS – LAS PLAGAS

LAS PLAGAS

“Y tal como el Señor lo había dicho por medio de Moisés, el corazón de Faraón se endureció y no dejó ir a los israelitas” (Éxo. 9:35).

Miércoles: 23 de julio

MOSCAS, GANADO Y ÚLCERAS

Lee Éxodo 8:20 a 9:12. ¿Qué enseña este relato acerca de la libertad humana de rechazar a Dios aun teniendo delante las mayores manifestaciones de su poder y su gloria?

 

Éxodo 8:20-9:12

20 Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale al río; y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. 21 Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré sobre ti, sobre tus siervos, sobre tu pueblo y sobre tus casas toda clase de moscas; y las casas de los egipcios se llenarán de toda clase de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén. 22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra. 23 Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal. 24 Y Jehová lo hizo así, y vino toda clase de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fue corrompida a causa de ellas. 25 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra. 26 Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? 27 Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá. 28 Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí. 29 Y respondió Moisés: He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehová que las diversas clases de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a dar sacrificio a Jehová. 30 Entonces Moisés salió de la presencia de Faraón, y oró a Jehová. 31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una. 32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. Porque si no lo quieres dejar ir, y lo detienes aún, he aquí la mano de Jehová estará sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con plaga gravísima. Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel. Y Jehová fijó plazo, diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra. Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno. Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y la esparcirá Moisés hacia el cielo delante de Faraón; y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, y producirá sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto. 10 Y tomaron ceniza del horno, y se pusieron delante de Faraón, y la esparció Moisés hacia el cielo; y hubo sarpullido que produjo úlceras tanto en los hombres como en las bestias. 11 Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios. 12 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó, como Jehová lo había dicho a Moisés.

Wadjet era el dios egipcio de las moscas y los pantanos. A su vez, el dios Jepri (la deidad del sol naciente, la creación y el renacimiento) era representado con la cabeza de una mosca. Estos “dioses” fueron derrotados por el Señor. Mientras los egipcios sufrían, los hebreos estaban protegidos (Éxo. 8:20-24). De hecho, ninguna otra plaga los afectó.

De nuevo, todo esto fue un intento de Dios de hacer saber al faraón que: “Yo soy el Señor en medio de la tierra” (Éxo. 8:22).

El faraón empezó a negociar. Sin duda, la presión iba en aumento. Estaba dispuesto a que Israel adorara a su Dios y le ofreciera sacrificios, pero solo en la tierra de Egipto (Éxo. 8:25). Sus condiciones no podían ser cumplidas pues ciertos animales eran considerados sagrados allí. Sacrificarlos habría provocado la violencia de los egipcios contra los hebreos. Además, la propuesta de faraón no era el plan de Dios para Israel.

Mientras tanto, la siguiente plaga (Éxo. 9:1-7) cae sobre el ganado. Hathor, la diosa egipcia del amor y la protección, era representada con cabeza de vaca. El dios toro Apis también era muy popular y apreciado en el antiguo Egipto. Por lo tanto, esas otras deidades principales fueron derrotadas al morir el ganado de los egipcios durante la quinta plaga.

En la sexta plaga (Éxo. 9:8-12) se pone de manifiesto la derrota total de Isis, la diosa de la medicina, la magia y la sabiduría. También vemos la derrota de deidades como Sejmet (diosa de la guerra y las epidemias) e Imhotep (dios de la medicina y la curación), incapaces de proteger a sus propios adoradores. Irónicamente, ahora incluso los magos y los hechiceros están tan afligidos que no pueden comparecer ante el tribunal, lo que demuestra que están indefensos ante el Creador del Cielo y de la Tierra.

Por primera vez en el relato de las diez plagas, un texto dice que “el Señor endureció el corazón de Faraón” (Éxo. 9:12). Por confusa que pueda resultar esta frase, ella revela a la luz del contexto que el Señor permite que los seres humanos cosechen las consecuencias de su continuo rechazo hacia él.

El problema del faraón no era de índole intelectual, ya que contaba con suficiente evidencia para tomar la decisión correcta. Era, en cambio, un problema espiritual. ¿Qué debería decirnos esto acerca de por qué debemos guardar nuestro corazón, es decir, velar por nuestra condición interior?

Comentarios Elena G.W

Los egipcios adoraban a ciertas bestias, y consideraban una ofensa imperdonable matar a una de ellas. Y si uno de sus objetos de culto era sacrificado, aunque fuera accidentalmente, solo la vida de la persona podía responder por la ofensa. Moisés demostró al Faraón la imposibilidad de ofrecer sacrificios a Dios en la tierra de Egipto, a la vista de los egipcios, ya que podrían seleccionar para su ofrenda alguna de las bestias que consideraban sagradas.

Moisés propuso de nuevo ir tres días de camino al desierto. El rey consintió mientras estaba bajo la mano castigadora de Dios. «Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí. 29 Y respondió Moisés: He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehová que las diversas clases de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a dar sacrificio a Jehová. 30 Entonces Moisés salió de la presencia de Faraón, y oró a Jehová. 31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una. 32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo».

El Señor ordenó a Moisés y a Aarón que se presentasen de nuevo ante el faraón y le dijesen: «Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva». Y si se negara a dejarlos ir y los detuviera, la plaga caería sobre su ganado. «Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel». Y murió todo el ganado sobre el cual cayó la plaga, pero no murió ni uno solo del ganado de los hebreos. El Faraón envió mensajeros para preguntar si había muerto alguno de los ganados de los israelitas. El mensajero volvió al rey con la noticia de que no había muerto ni uno solo de ellos, ni estaban afectados en absoluto por la plaga. Sin embargo, su corazón se endureció y se negó a dejar a Israel marcharse (Spiritual Gifts, t. 3, p. 211).

Los magos, con toda su magia y su supuesto poder, no pudieron, con ninguno de sus encantamientos, protegerse de la grave plaga de los furúnculos. Ya no podían estar delante de Moisés y Aarón, a causa de esta grave aflicción. Se permitió así a los egipcios ver cuán completamente inútil era para ellos poner su confianza en el supuesto poder de los magos, cuando ni siquiera podían salvar sus propios cuerpos de las plagas (Spiritual Gifts, t. 3, 212).

Elena G.W

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