Miércoles 5 de abril – UN MOMENTO DEL DESTINO

UN MOMENTO DEL DESTINO “Entonces miré y vi una nube blanca, y sobre la nube, a uno sentado semejante al…

 Miércoles 5 de abril – UN MOMENTO DEL DESTINO

UN MOMENTO DEL DESTINO

“Entonces miré y vi una nube blanca, y sobre la nube, a uno sentado semejante al Hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda. Y del Santuario salió otro ángel, y clamó a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: ‘Toma tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar, y la mies de la Tierra está madura’ ” (Apoc. 14:14, 15).

Miércoles: 5 de Abril

LA CORONA DEL VENCEDOR

Juan describe a Jesús como el “Hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda” (Apoc. 14:14). La palabra para “corona” es stephanos; es la corona de un vencedor. Cuando un atleta ganaba un certamen importante, se le daba un stephanos, una corona de honor, de gloria, de victoria.

Jesús una vez usó una corona de espinas, que simbolizaba la vergüenza y la burla. Una vez fue despreciado y rechazado por los hombres. Fue vilipendiado, ridiculizado, escupido, golpeado y azotado. Pero ahora lleva una corona de gloria y viene otra vez, y ahora como Rey de reyes y Señor de señores.

Lee Apocalipsis 14:15 y Marcos 4:26 al 29. ¿Qué similitudes ves entre estos pasajes? ¿De qué temas hablan?

 

Apocalipsis 14:15

15 Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.

 

Marcos 4:26-29

26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

El ángel viene de la presencia de Dios en la gloria del Templo. Dios mira al ángel y dice: “Llegó el momento. La cosecha está completamente madura”. El ángel vuela desde el Templo hasta Jesús y declara a gran voz: “Llegó la hora. La cosecha está madura. Ve a buscar a tus hijos y tráelos a casa”.

Repetidas veces Jesús utiliza ilustraciones de la agricultura, en el Nuevo Testamento. En más de una ocasión usa el simbolismo de una cosecha madura para ilustrar el crecimiento de la semilla del evangelio en la vida de su pueblo.

“La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una bella figura del crecimiento cristiano. Así como en la naturaleza, así en la gracia; no puede haber vida sin crecimiento. La planta debe crecer o morir. Así como su crecimiento es silencioso e imperceptible, pero continuo, así es el desarrollo de la vida cristiana. En cada etapa de desarrollo nuestra vida puede ser perfecta; aun más, si se cumple el propósito de Dios para nosotros, habrá un progreso continuo. La santificación es la obra de toda una vida. A medida que se multipliquen nuestras oportunidades, también se ampliará nuestra experiencia y se incrementará nuestro conocimiento” (PVGM 45, 46).

La maduración del grano dorado representa a todos los que son transformados por la gracia, motivados por el amor y que viven en obediencia para la gloria del nombre de Cristo. Su corazón es uno con el corazón de Jesús, y todo lo que ellos quieren es lo que él quiere.

¿Cómo entiendes la declaración de Elena de White de que “en cada etapa de desarrollo nuestra vida puede ser perfecta”? ¿Qué significa eso, especialmente cuando podemos ver nuestras fallas y caracteres defectuosos ahora?

Comentarios Elena G.W

«Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe. Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga. Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada» El agricultor que «mete la hoz, porque la siega es llegada», no puede ser otro que Cristo. El es quien en el gran día final recogerá la cosecha de la tierra. Pero el sembrador de la semilla representa a los que trabajan en lugar de Cristo. Se dice que «la simiente brota y crece como él no sabe», y esto no es verdad en el caso del Hijo de Dios. Cristo no se duerme sobre su cometido, sino que vela sobre él día y noche. El no ignora cómo crece la simiente (Palabras de vida del gran Maestro, p. 43). Dios es el que hace florecer el capullo y fructificar las flores. Su poder es el que hace a la simiente desarrollar… Las plantas y las flores no crecen por su propio cuidado, solicitud o esfuerzo, sino porque reciben lo que Dios proporcionó para favorecer su vida. El niño no puede por su solicitud o poder propio añadir algo a su estatura. Ni vosotros podréis por vuestra solicitud o esfuerzo conseguir el crecimiento espiritual. La planta y el niño crecen al recibir de la atmósfera circundante aquello que sostiene su vida: el aire, el sol y el alimento. Lo que estos dones de la naturaleza son para los animales y las plantas, llega a serlo Cristo para los que en él confían. El es su «luz eterna escudo y sol». Isaías 60: 19; Salmo 84:11. En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús. Como la flor se vuelve hacia el sol para que los brillantes rayos le ayuden a perfeccionar su belleza y simetría, así debemos volvernos hacia el Sol de justicia, a fin de que la luz celestial brille sobre nosotros y nuestro carácter se transforme a la Imagen de Cristo (El camino a Cristo, pp. 67, 68). Hoy necesitamos mentes capaces de comprender la sencillez de la piedad. Por encima de cualquier otra cosa, deberíamos desear que Cristo more en el templo de nuestra alma, porque no puede habitar en él sin revelarse y proyectarse desde allí en forma de frutos y buenas obras… Dios desea que cada uno de ustedes sea su mano ayudadora; y si se someten a él, les enseñará y trabajará a través de ustedes capacitándolos para compartir con otros. Entonces podrán decir: Oh Dios, «tu benignidad me ha engrandecido». Salmo 18:35 (Exaltad a Jesús, p. 179).

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