EL AMOR DE DIOS POR LA JUSTICIA
“Mas alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice Jehová” (Jer. 9: 24).
Miércoles: 5 de febrero
¿UN DIOS ARREPENTIDO?
¿Puede Dios “arrepentirse”? ¿En qué sentido? Hemos visto que el carácter de Dios no cambia. Sin embargo, algunos textos bíblicos dicen que Dios “se arrepiente”. Humanamente hablando, arrepentirse implica reconocer que se ha cometido una falta o un error. ¿Cómo es posible, entonces, que algunos pasajes bíblicos describan a Dios como “arrepentido”?
Lee Éxodo 32: 14 y compáralo con Jeremías 18: 4 al 10. ¿Qué opinas de estas descripciones del “arrepentimiento” de Dios?
Éxodo 32: 14
14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.
Jeremías 18: 4-10
4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. 5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. 7 En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. 8 Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, 9 y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. 10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.
En estos y muchos otros pasajes, Dios es descrito como alguien que cede en su juicio en respuesta al arrepentimiento o la intercesión del pueblo. Dios promete desistir del juicio que había planeado traer sobre su pueblo si este se aparta de su maldad. El hecho de que Dios suspenda sus juicios disciplinarios en respuesta al arrepentimiento humano es un tema común en toda la Escritura.
Lee Números 23: 19 y 1 Samuel 15: 29. ¿Qué enseñan estos textos con respecto a si Dios “cede” o “se arrepiente”?
Números 23: 19
19 Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?
1 Samuel 15: 29
29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
Estos pasajes declaran explícitamente que Dios “no es hombre para que se arrepienta” (1 Sam. 15: 29) y que “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Acaso dice y no hace? ¿Acaso promete y no cumple?” (Núm. 23: 19). Leídos a la luz de los otros pasajes, estos textos no pueden interpretarse en el sentido de que Dios no “cede” en absoluto, sino que transmiten la verdad de que no “cede” ni se “arrepiente” de la manera en que lo hacen los seres humanos. Dios siempre cumple sus promesas y, aunque cambiará de rumbo en respuesta al arrepentimiento humano, siempre lo hace de acuerdo con su bondad y su Palabra. Dios suspende sus juicios en respuesta al arrepentimiento precisamente porque su carácter es bueno, justo, amoroso y misericordioso.
¿Qué significan las representaciones bíblicas de los cambios que Dios hace en su curso de acción? ¿Qué enseña esto acerca de la constancia de su carácter y del hecho de que entabla con sus criaturas relaciones de reciprocidad que impactan en él?
Comentarios Elena G.W
«Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma», había dicho el Señor. Si Dios se había propuesto destruir a Israel, ¿quién podía interceder por ellos? ¡Cuántos hubieran abandonado a los pecadores a su suerte’
Pero Moisés vio una base de esperanza donde solo aparecían motivos de desaliento e ira. Las palabras de Dios: «Ahora pues, déjame», las entendió, no como una prohibición, sino como un aliciente a interceder; entendió que nada excepto sus oraciones podía salvar a Israel, y que si él lo pedía, Dios perdonaría a su pueblo. «Oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová!, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte?» Dios había dado a entender que rechazaba a su pueblo…
[Todas las naciones alrededor] estaban observando para ver qué haría el Dios de Israel por su pueblo. Si este era destruido ahora, sus enemigos triunfarían, y Dios sería deshonrado…
El Señor escuchó sus súplicas [de Moisés], y otorgó lo que pedía tan desinteresadamente (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 329, 330).
Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante él. Pero al mismo tiempo debiéramos tenerle confianza como a un Padre tierno que no abandonará a aquellos que ponen su confianza en él…
Dios no nos abandona debido a nuestros pecados. Quizá hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y vamos a él con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser retirados. Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suficiencia propia, impaciencia y murmuraciones. Todo esto nos separa de Dios. Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón. Los que se sienten débiles y desanimados deben llegar a ser hombres fuertes en Dios y deben hacer una noble obra para el Maestro. Pero deben proceder con altura; no deben ser influidos por motivos egoístas (Mensajes selectos, t. 1, pp. 411, 412).
Dios advirtió siempre a los hombres los juicios que iban a caer sobre ellos. Los que tuvieron fe en su mensaje para su tiempo y actuaron de acuerdo con ella, en obediencia a sus mandamientos, escaparon a los juicios que cayeron sobre los desobedientes e incrédulos. A Noé fueron dirigidas estas palabras: «Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí». Noé obedeció y se salvó. Este mensaje llegó a Lot: «Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad». Génesis 7:1; 19:14. Lot se puso bajo la custodia de los mensajeros celestiales y se salvó. Así también los discípulos de Cristo fueron advertidos acerca de la destrucción de Jerusalén. Los que se fijaron en la señal de la ruina inminente y huyeron de la ciudad escaparon a la destrucción. Así también ahora hemos sido advertidos acerca de la segunda venida de Cristo y de la destrucción que ha de sobrecoger al mundo. Los que presten atención a la advertencia se salvarán (El Deseado de todas las gentes, p. 588).


