CONOCIENDO A DIOS
«Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3)
Miércoles: 8 de abril
DIOS Y LA CREACIÓN
Probablemente sabes de memoria las primeras palabras de la Biblia: «En el principio Dios». La palabra hebrea traducida allí como «Dios» es elohim. Aunque ese término designa en algunas ocasiones a los falsos «dioses», cuando se refiere al único Dios verdadero, Elohim describe a un Creador todopoderoso relacionado con toda la Creación, el Dios trascendente que está más allá de nuestro entendimiento y controla todo, un Dios tan poderoso que trae las cosas a la existencia simplemente con su voz.
Pero en Génesis 2 aparece un nombre diferente para Dios: Yahweh. Aunque esta designación aparece en conexión con el nombre Elohim (Yahweh Elohim), el Dios todopoderoso, el término Yahweh constituye el nombre más personal del único Dios verdadero, y es utilizado a menudo para destacar el hecho de que se está hablando del Dios del Pacto, quien mantiene una relación amorosa con su pueblo.
Compara las descripciones que se hacen de Dios en Génesis 1: 1 y 2: 7. ¿Qué notas en estos textos?
Génesis 1: 1
1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Génesis 2: 7
7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
En Génesis 2: 7 podemos imaginar a Dios arrodillándose para formar con sus propias manos al primer ser humano a partir de la tierra. «Entonces Dios el Señor modeló al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente». Este es un Dios que se aproxima a su creación humana al punto de soplar el aliento de vida en las fosas nasales de Adán. Aunque el nombre Yahweh presenta una imagen más íntima de Dios, Moisés utiliza ambas designaciones en los dos primeros capítulos de la Biblia para describir estas dos características de Dios: su omnipotencia creadora y su disposición a relacionarse de manera íntima con su Creación.
¡Cuán asombroso! Vemos aquí la trascendencia de Dios respecto de nosotros (Elohim), y su inmanencia, su cercanía a nosotros como Yahweh. Cuán importante es pensar en estos dos aspectos del carácter de Dios: su control de todo y su cercanía a nosotros. Como dijo Pablo a los atenienses en el Areópago: «No está lejos de ninguno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y existimos» (Hech. 17: 27, 28).
Es importante que sigamos buscando una imagen clara y equilibrada de Dios, basada en lo que la Biblia dice acerca de su carácter, a fin de crecer en nuestra relación con él. Esa búsqueda requiere leer todo lo dicho en la Biblia acerca del tema. Cuanto más aprendamos acerca del carácter divino, más adecuada será la expresión de nuestro amor hacia él.
Lee acerca de cómo Elihú describe algunos de los atributos de Dios en Job 36: 24‑33 y Job 37. Luego lee la declaración de Dios acerca de su omnipotencia en Job 38 y 39. ¿Qué nos revelan estos pasajes acerca de Dios?
Job 36: 24‑33
24 Acuérdate de engrandecer su obra, La cual contemplan los hombres. 25 Los hombres todos la ven; La mira el hombre de lejos. 26 He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos, Ni se puede seguir la huella de sus años. 27 Él atrae las gotas de las aguas, Al transformarse el vapor en lluvia, 28 La cual destilan las nubes, Goteando en abundancia sobre los hombres. 29 ¿Quién podrá comprender la extensión de las nubes, Y el sonido estrepitoso de su morada? 30 He aquí que sobre él extiende su luz, Y cobija con ella las profundidades del mar. 31 Bien que por esos medios castiga a los pueblos, A la multitud él da sustento. 32 Con las nubes encubre la luz, Y le manda no brillar, interponiendo aquellas. 33 El trueno declara su indignación, Y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad.
Job 37
1 Por eso también se estremece mi corazón, Y salta de su lugar. 2 Oíd atentamente el estrépito de su voz, Y el sonido que sale de su boca. 3 Debajo de todos los cielos lo dirige, Y su luz hasta los fines de la tierra. 4 Después de ella brama el sonido, Truena él con voz majestuosa; Y aunque sea oída su voz, no los detiene. 5 Truena Dios maravillosamente con su voz; Él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. 6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales. 7 Así hace retirarse a todo hombre, Para que los hombres todos reconozcan su obra. 8 Las bestias entran en su escondrijo, Y se están en sus moradas. 9 Del sur viene el torbellino, Y el frío de los vientos del norte. 10 Por el soplo de Dios se da el hielo, Y las anchas aguas se congelan. 11 Regando también llega a disipar la densa nube, Y con su luz esparce la niebla. 12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, Para hacer sobre la faz del mundo, En la tierra, lo que él les mande. 13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, Otras por misericordia las hará venir. 14 Escucha esto, Job; Detente, y considera las maravillas de Dios. 15 ¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto, Y hace resplandecer la luz de su nube? 16 ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes, Las maravillas del Perfecto en sabiduría? 17 ¿Por qué están calientes tus vestidos Cuando él sosiega la tierra con el viento del sur? 18 ¿Extendiste tú con él los cielos, Firmes como un espejo fundido? 19 Muéstranos qué le hemos de decir; Porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas. 20 ¿Será preciso contarle cuando yo hablare? Por más que el hombre razone, quedará como abismado. 21 Mas ahora ya no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, Luego que pasa el viento y los limpia, 22 Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible. 23 Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. 24 Lo temerán por tanto los hombres; Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio.
Job 38
1 Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: 2 ¿Quién es ese que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría? 3 Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás. 4 ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. 5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? 6 ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, 7 Cuando alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los hijos de Dios? 8 ¿Quién encerró con puertas el mar, Cuando se derramaba saliéndose de su seno, 9 Cuando puse yo nubes por vestidura suya, Y por su faja oscuridad, 10 Y establecí sobre él mi decreto, Le puse puertas y cerrojo, 11 Y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, Y ahí parará el orgullo de tus olas? 12 ¿Has mandado tú a la mañana en tus días? ¿Has mostrado al alba su lugar, 13 Para que ocupe los fines de la tierra, Y para que sean sacudidos de ella los impíos? 14 Ella muda luego de aspecto como barro bajo el sello, Y viene a estar como con vestidura; 15 Mas la luz de los impíos es quitada de ellos, Y el brazo enaltecido es quebrantado. 16 ¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar, Y has andado escudriñando el abismo? 17 ¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte, Y has visto las puertas de la sombra de muerte? 18 ¿Has considerado tú hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes todo esto. 19 ¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, Y dónde está el lugar de las tinieblas, 20 Para que las lleves a sus límites, Y entiendas las sendas de su casa? 21 ¡Tú lo sabes! Pues entonces ya habías nacido, Y es grande el número de tus días. 22 ¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve, O has visto los tesoros del granizo, 23 Que tengo reservados para el tiempo de angustia, Para el día de la guerra y de la batalla? 24 ¿Por qué camino se reparte la luz, Y se esparce el viento solano sobre la tierra? 25 ¿Quién repartió conducto al turbión, Y camino a los relámpagos y truenos, 26 Haciendo llover sobre la tierra deshabitada, Sobre el desierto, donde no hay hombre, 27 Para saciar la tierra desierta e inculta, Y para hacer brotar la tierna hierba? 28 ¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío? 29 ¿De qué vientre salió el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró? 30 Las aguas se endurecen a manera de piedra, Y se congela la faz del abismo. 31 ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, O desatarás las ligaduras de Orión? 32 ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, O guiarás a la Osa Mayor con sus hijos? 33 ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra? 34 ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, Para que te cubra muchedumbre de aguas? 35 ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos: Henos aquí? 36 ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia? 37 ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? Y los odres de los cielos, ¿quién los hace inclinar, 38 Cuando el polvo se ha convertido en dureza, Y los terrones se han pegado unos con otros? 39 ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Saciarás el hambre de los leoncillos, 40 Cuando están echados en las cuevas, O se están en sus guaridas para acechar? 41 ¿Quién prepara al cuervo su alimento, Cuando sus polluelos claman a Dios, Y andan errantes por falta de comida?
Job 39
1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo? 2 ¿Contaste tú los meses de su preñez, Y sabes el tiempo cuando han de parir? 3 Se encorvan, hacen salir sus hijos, Pasan sus dolores. 4 Sus hijos se fortalecen, crecen con el pasto; Salen, y no vuelven a ellas. 5 ¿Quién echó libre al asno montés, Y quién soltó sus ataduras? 6 Al cual yo puse casa en la soledad, Y sus moradas en lugares estériles. 7 Se burla de la multitud de la ciudad; No oye las voces del arriero. 8 Lo oculto de los montes es su pasto, Y anda buscando toda cosa verde. 9 ¿Querrá el búfalo servirte a ti, O quedar en tu pesebre? 10 ¿Atarás tú al búfalo con coyunda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti? 11 ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fuerza, Y le fiarás tu labor? 12 ¿Fiarás de él para que recoja tu semilla, Y la junte en tu era? 13 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real, O alas y plumas al avestruz? 14 El cual desampara en la tierra sus huevos, Y sobre el polvo los calienta, 15 Y olvida que el pie los puede pisar, Y que puede quebrarlos la bestia del campo. 16 Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos, No temiendo que su trabajo haya sido en vano; 17 Porque le privó Dios de sabiduría, Y no le dio inteligencia. 18 Luego que se levanta en alto, Se burla del caballo y de su jinete. 19 ¿Diste tú al caballo la fuerza?¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes? 20 ¿Le intimidarás tú como a langosta? El resoplido de su nariz es formidable. 21 Escarba la tierra, se alegra en su fuerza, Sale al encuentro de las armas; 22 Hace burla del espanto, y no teme, Ni vuelve el rostro delante de la espada. 23 Contra él suenan la aljaba, El hierro de la lanza y de la jabalina; 24 Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, Sin importarle el sonido de la trompeta; 25 Antes como que dice entre los clarines: ¡Ea! Y desde lejos huele la batalla, El grito de los capitanes, y el vocerío. 26 ¿Vuela el gavilán por tu sabiduría, Y extiende hacia el sur sus alas? 27 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento, Y pone en alto su nido? 28 Ella habita y mora en la peña, En la cumbre del peñasco y de la roca. 29 Desde allí acecha la presa; Sus ojos observan de muy lejos. 30 Sus polluelos chupan la sangre; Y donde hubiere cadáveres, allí está ella.
Comentarios Elena G.W
Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a «Dios con nosotros».
Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Imputa al Creador la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria que ha provocado, e induce a los hombres a considerar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús había de desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, había de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras vicisitudes. «Por lo cual convenía que en todo fuese semejado a sus hermanos». Hebreos 2:17 (El Deseado de todas las gentes, p. 15).
La naturaleza y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios. Nuestro Padre Celestial es la fuente de vida, sabiduría y gozo. Mirad las maravillas y bellezas de la naturaleza. Pensad en su prodigiosa adaptación a las necesidades y a la felicidad, no solamente del hombre, sino de todos los seres vivientes. El sol y la lluvia que alegran y refrescan la tierra; los montes, los mares y los valles, todos nos hablan del amor del Creador. Dios es el que suple las necesidades diarias de todas sus criaturas. Ya el salmista lo dijo en las bellas palabras siguientes:
«Los ojos de todos miran a ti, Y tú les das su alimento a su tiempo. Abres tu mano, Y satisfaces el deseo de todo ser viviente». Salmo 145:15, 16.
Dios hizo al hombre perfectamente santo y feliz; y la hermosa tierra no tenía, al salir de la mano del Creador, mancha de decadencia, ni sombra de maldición. La transgresión de la ley de Dios, de la ley de amor, fue lo que trajo consigo dolor y muerte. Sin embargo, en medio del sufrimiento resultante del pecado se manifiesta el amor de Dios. Está escrito que Dios maldijo la tierra por causa del hombre. Génesis 3:17. Los cardos y espinas, las dificultades y pruebas que colman su vida de afán y cuidado, le fueron asignados para su bien, como parte de la preparación necesaria, según el plan de Dios, para levantarle de la ruina y degradación que el pecado había causado. El mundo, aunque caído, no es todo tristeza y miseria. En la naturaleza misma hay mensajes de esperanza y consuelo. Hay flores en los cardos, y las espinas están cubiertas de rosas.
«Dios es amor» está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la naciente hierba. Los hermosos pájaros que con sus preciosos cantos llenan el aire de melodías, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección lo perfuman, los elevados árboles del bosque con su rico follaje de viviente verdor, todos atestiguan el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y su deseo de hacer felices a sus hijos (El camino a Cristo, pp. 9, 10).


