EL ENEMIGO INTERNO
“Yo, el Señor, examino el corazón y pruebo la mente, para dar a cada uno lo que merece según sus obras” (Jer. 17:10).
Sábado: 1 de noviembre
EL ENEMIGO INTERNO
Josué 7 registra el primer caso en el que Israel experimentó, a través de una trágica experiencia, las consecuencias de largo alcance de la ruptura del pacto y su profundo significado. Mientras que la obediencia a las estipulaciones del pacto aseguraba la victoria, ignorar los términos de dicho acuerdo acarreaba la derrota. El éxito militar de Israel no dependía del número de su población, de su estrategia militar o de tácticas inteligentes, sino de la presencia del Guerrero divino con ellos.
Durante la conquista de la Tierra Prometida, Israel tuvo que aprender la difícil lección de que su enemigo más peligroso no estaba fuera de su campamento, sino entre sus propias filas. El mayor desafío que se les presentaba no eran las murallas fortificadas de las ciudades cananeas ni su avanzada tecnología militar, sino la obstinación de los individuos de su propio campamento en ignorar voluntariamente las instrucciones del Señor.
Enfrentamos desafíos similares mientras aguardamos nuestra herencia celestial (1 Ped. 1:4; Col. 3:24). Nuestra fidelidad es puesta a prueba a las puertas de la Tierra Prometida y solo podemos salir victoriosos si nos entregamos a Jesucristo.
Comentarios Elena G.W
Dios puede hacer del más humilde de los seguidores de Cristo algo más preciado que el oro fino, aunque el oro de Ofir, si se rinde por completo para ser moldeado por su mano transformadora. Ellos deberían estar determinados a utilizar de la manera más noble cada facultad y cada oportunidad. La Palabra de Dios debiera ser su objeto de estudio y su guía a fin de decidir qué es lo mejor en todos los casos. El carácter impecable, el Modelo perfecto puesto ante ellos en el evangelio, debe ser estudiado con el más profundo interés. La lección esencial que se debería aprender es que la bondad es la verdadera grandeza…
El más débil seguidor de Cristo ha forjado una alianza con el Poder Infinito. En muchos casos, Dios puede hacer poco en favor de hombres y mujeres educados, pues no sienten la necesidad de aprender de él que es la fuente de la sabiduría…
Si confía en su propia fortaleza y sabiduría, seguramente fracasará. Dios reclama una consagración íntegra y completa. No aceptará nada menos que esto. Cuanto más difícil sea su posición, más necesitará de Jesús. El amor y el temor de Dios mantuvieron a José puro y sin mancha en la corte del rey…
Es imposible permanecer en una posición elevada sin peligro. La tempestad deja intacta a la sencilla flor del valle, en tanto que lucha con el encumbrado árbol que se eleva en las alturas de la montaña. Hay muchas personas a las que Dios pudo haber utilizado en la pobreza. Allí pudieron haber sido útiles y logrado la gloria después, pero la prosperidad las arruinó. Fueron arrastradas hasta el abismo porque olvidaron la humildad, que Dios era su fortaleza, y se volvieron independientes y autosuficientes (El Cristo triunfante, 28 de marzo, p. 96).
Así, tamizando el asunto desde el fondo, el Señor revela el hecho de que está al tanto de las cosas deshonestas escondidas, aunque las personas crean que están escondidas. En todo el proceso, Acán manifestó una clara decisión de no reconocer su pecado; pero ahora el Señor habría de arrojar su pecado sobre él. Si Josué hubiera denunciado el pecado de Acán, muchos habrían simpatizado con el culpable cuando este hubiera dicho ser inocente y, de este modo, con su criterio humano, lo habrían considerado un maltratado. Cuando algunas personas son reprobadas por su pecado hay muchos que, ignorando a Dios, actúan de este modo. Por esta razón, Josué se dirigió a Acán y dijo: «Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras».
El Señor le había indicado a Josué lo que Acán había hecho, pero como había quienes se guiaban por la conmiseración, excusando con frecuencia al transgresor, Dios tenía ahora el propósito de darle a Israel una lección que sería de beneficio aún en nuestros días. Por lo tanto, Josué apeló al joven para que confesara lo que había hecho (El Cristo triunfante, 11 de mayo, p. 140).


