¡ELIJAN HOY!
“Y si les parece mal servir al Señor, entonces elijan hoy a quien servir […] que yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos. 24:15).
Sábado: 20 de diciembre
¡ELIJAN HOY!
El último capítulo de Josué se sitúa en el contexto de una ceremonia de renovación del pacto, pero esta vez dirigida por el anciano líder de Israel.
Aunque no es un pacto propiamente dicho, sino más bien el informe de una ceremonia de renovación de un pacto, el capítulo contiene los elementos característicos de los antiguos tratados del Cercano Oriente entre un soberano y un vasallo: (1) Un preámbulo en el que se identifica al soberano, el iniciador del tratado; (2) el prólogo histórico, que describe la relación entre el señor y el vasallo; (3) las estipulaciones del pacto en las que se pide al vasallo que manifieste total lealtad al soberano como respuesta de gratitud y motivada por ella; (4) privilegios o bendiciones en respuesta a la fidelidad, y perjuicios o maldiciones en caso de deslealtad; (5) testigos del compromiso del vasallo; (6) depósito del documento para su futura lectura; y (7) ratificación del pacto.
Josué estaba cerca del final de su vida y no había un sustituto para él en el horizonte. La renovación del pacto era un recordatorio para Israel de que su rey era Dios mismo y que, si permanecían leales a él, gozarían de su protección. La nación no necesitaba un rey humano, sino que debía tener siempre presente que su único rey era el Señor.
Comentarios Elena G.W
Al percatarse Josué de que los achaques de la vejez le invadían sigilosamente y que pronto su obra terminaría, se llenó de ansiedad por el futuro de su pueblo. Con interés más que paternal se dirigió a ellos cuando estuvieron reunidos una vez más alrededor de su anciano jefe…
Por indicación de Josué se había traído el arca de Silo. Era una ocasión muy solemne, y este símbolo de la presencia de Dios iba a profundizar la impresión que él deseaba hacer sobre el pueblo. Después de exponer la bondad de Dios hacia Israel, los invitó en el nombre de Jehová a que decidieran a quién querían servir. El culto de los ídolos seguía practicándose hasta cierto punto, en secreto, y Josué trató ahora de inducirlos a hacer una decisión que desterrara este pecado de Israel… Josué deseaba lograr que sirvieran a Dios, no a la fuerza, sino voluntariamente…
«Que yo y mi casa —dijo Josué— serviremos a Jehová». El mismo santo celo que inspiraba el corazón del jefe se comunicó al pueblo. Sus exhortaciones le arrancaron esta respuesta espontánea: «Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová por servir a otros dioses»… Josué trató de hacer que sus oyentes pesaran muy bien sus palabras, y que desistieran de hacer votos para cuyo cumplimiento no estaban preparados. Con profundo fervor repitieron esta declaración: «No, antes a Jehová serviremos». Consintiendo solemnemente en atestiguar contra sí mismos que habían escogido a Jehová, una vez más reiteraron su promesa de lealtad: «A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos»
La obra de Josué en favor de Israel había terminado. Había cumplido «siguiendo a Jehová», y en el libro de Dios se Io llamó «el siervo de Jehová». El testimonio más noble que se da acerca de su carácter como caudillo del pueblo es la historia de la generación que disfrutó de sus labores. «Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vinieron después de Josué» (Conflicto y valor, 29 de abril, p. 125).
Se librará un conflicto agudo entre los que son leales a Dios y los que han desdeñado su ley. La veneración por la ley de Dios se ha trastornado. Por doctrina, los dirigentes religiosos enseñan mandamientos de hombres. Como fue en los días del antiguo Israel, así es en esta era del mundo. Pero aunque ahora prevalezcan la deslealtad y la transgresión, ¿tendrán menos respeto por la ley de Dios aquellos que la han venerado? ¿Se unirán con los poderes de la tierra para anularla? Los que son leales no se dejarán arrastrar por la corriente del mal. No despreciarán lo que Dios ha apartado como santo. No seguirán el ejemplo de olvido de Israel. Recordarán las intervenciones de Dios en favor de su pueblo en todas las edades, y andarán en sus mandamientos.
La prueba les llega a todos. Hay solo dos partidos. ¿De qué lado estáis vosotros? (Testimonios para la Iglesia, t. 8, pp. 130, 131).


