Sábado 26 de julio – LA PASCUA

LAS PLAGAS

“Y cuando sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significa este rito?’, responderán: ‘Es la víctima de la Pascua en honor del Señor, que pasó por alto las casas de los israelitas en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas’ ” (Éxo. 12:26, 27).

Sábado: 19 de julio

LA PASCUA

La décima y última plaga está a punto de caer. Se da el último aviso. Es necesario tomar la decisión final. Se trata de una cuestión de vida o muerte.

No solo está en juego la vida de un individuo, sino la prosperidad de las familias y de toda la nación. El faraón y sus funcionarios serán responsables del destino de muchas personas, ya sea para vida o para muerte. Su actitud respecto del Dios vivo de Israel determinará no solo su futuro, sino también el de su nación.

¿Cómo nos sentimos y qué hacemos cuando la gravedad de las circunstancias se cierne sobre nosotros y tenemos que tomar una decisión que puede tener un gran impacto en la vida de muchos otros además de la nuestra?

Dios está más que dispuesto a concedernos sabiduría, entendimiento y poder para hacer lo correcto (1 Cor. 1:30; Fil. 2:13).

El problema, sin embargo, es que nuestro obstinado corazón no siempre está dispuesto a hacer lo correcto. Sabemos en qué consiste esto, pero nos negamos a hacerlo. En el relato acerca del éxodo, la negativa de un hombre a someterse a Dios, incluso ante la abrumadora evidencia, resultó, como siempre ocurre, en una tragedia para él y para muchos otros.

Comentarios Elena G.W

La observancia de la Pascua empezó con el nacimiento de la nación hebrea. La última noche de servidumbre en Egipto, cuando aún no se veían indicios de liberación, Dios le ordenó que se preparase para una liberación inmediata. Él había advertido al faraón del juicio final de los egipcios, e indicó a los hebreos que reuniesen a sus familias en sus moradas. Habiendo asperjado los dinteles de sus puertas con la sangre del cordero inmolado, habían de comer el cordero asado, con pan sin levadura y hierbas amargas. «Así habéis de comerlo —dijo—, ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová». Éxodo 12:11. A la medianoche, todos los primogénitos de los egipcios perecieron. Entonces el rey envió a Israel el mensaje: «Salid de en medio de mi pueblo… e id, servid a Jehová, como habéis dicho». Éxodo 12:31. Los hebreos salieron de Egipto como una nación independiente. El Señor había ordenado que la Pascua fuese observada anualmente. «Y —dijo él, cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios»  Y así, de generación en generación, había de repetirse la historia de esa liberación maravillosa (El Deseado de todas las gentes, p. 57).

Entonces el Señor dio a Moisés instrucciones especiales, para que las diera a los hijos de Israel, con respecto a lo que debían hacer para preservarse a sí mismos y a sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre Egipto. Moisés también debía darles instrucciones con respecto a su salida de Egipto. Les relató la orden de Dios de inmolar un cordero sin defecto, y de tomar la sangre del cordero y pegarla en los postes de las puertas, y también en el dintel superior de las puertas de sus casas. Mientras esta señal estuviera fuera como signo, y comieran el cordero, asado entero, con hierbas amargas, adentro, el ángel de Dios pasaría por la tierra de Egipto haciendo su terrible obra, matando a los primogénitos de los hombres y a los primogénitos de los animales. «Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis» (Spiritual Gifts, t. 3, p. 222).

Elena G.W

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