Sábado 28 de junio – OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS

OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS

“Los israelitas, gimiendo a causa de la servidumbre, clamaron, y su clamor subió hasta Dios con motivo de su servidumbre. Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su condición” (Éxo. 2:23-25).

Sábado: 28 de junio

OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y EL NACIMIENTO DE MOISÉS

El libro de Éxodo resuena con relatos de oprimidos, marginados, perseguidos, explotados y degradados. Por lo tanto, quienes se sienten hoy abandonados, olvidados y esclavizados pueden tener esperanza, pues el mismo Dios que salvó a los hebreos es capaz de salvarlos a ellos también.

Éxodo habla de las batallas existenciales, las injusticias y las pruebas que forman parte de la vida. Todos pueden sentirse alentados por los relatos de las intervenciones de Dios en favor de su pueblo sufriente. El Señor escucha el clamor de los oprimidos, ve sus luchas, nota sus lágrimas y agonía, y acude en su rescate.

Dios toma la iniciativa para liberar a quienes confían en él. Solo tenemos que aceptar por fe lo que él nos ofrece. Por eso es necesario estudiar el Éxodo, porque señala lo que Jesús ha hecho por todos nosotros. Es un libro acerca de la redención, la liberación y la salvación final, todo lo cual está a nuestra disposición por la fe gracias a lo que Cristo Jesús ha logrado en nuestro favor.

En medio de la confusión y la oscuridad, si nuestros ojos están fijos en Dios, podemos reconocer su presencia, su cuidado y su ayuda mientras nos guía a la eterna “Tierra Prometida”.

Comentarios Elena G.W

Señor no abandona a sus ovejas heridas y magulladas al poder de Satanás para que las despedace. Está siempre fortaleciendo a los que son suyos cuando están débiles. Libera a los atribulados y tentados del poder del enemigo. El Señor Jesús nunca olvida al alma que pone su confianza en él. Y los que pretenden ser hijos e hijas de Dios deben confiar siempre en Jesús. Hacerlo de otra manera es negar que nos ama (Alza tus ojos, 16 de mayo, p. 148).

Aquellas personas que se niegan a avanzar hasta que ven cada paso claramente marcado delante de ellos, nunca lograrán mucho; pero cada hombre que muestra su fe y confianza en Dios sometiéndose voluntariamente a él, soportando la disciplina divina impuesta, se convertirá en un trabajador eficaz para el Dueño de la viña. En sus esfuerzos por prepararse para ser colaboradores de Dios, frecuentemente los hombres se colocan en situaciones que los inhabilitan para ser moldeados y plasmados como el Señor quisiera. De esta forma, como sucedió con Moisés, no se les encuentra la semejanza divina. Al someterse a la disciplina de Dios, Moisés se convirtió en un vaso santificado a través del cual pudo trabajar el Señor. No vaciló en cambiar su camino por el camino del Señor, aunque llevara por senderos extraños, aún no trillados. No se permitió a sí mismo hacer uso de su educación mostrando lo irrazonable de los mandatos de Dios y la imposibilidad de obedecerlos. No; estimó muy poco sus propias habilidades para completar con éxito la gran obra que el Señor le había encomendado. Cuando comenzó su misión de liberar al pueblo de Dios de su esclavitud, daba toda la apariencia de ser una empresa imposible; pero confió en Aquel con quien todo es posible (Fundamentals of Christian Education, p. 344).

Dios desea que su pueblo se prepare para la crisis venidera. Esté preparado o no, tendrá que afrontarla; y solamente aquellos que vivan en conformidad con la norma divina, permanecerán firmes en el tiempo de la prueba. Cuando los gobernantes seculares se unan con los ministros de la religión para legislar en asuntos de conciencia, entonces se verá quiénes realmente temen y sirven a Dios. Cuando las tinieblas sean más profundas, la luz de un carácter semejante al de Dios brillará con el máximo fulgor. Cuando fallen todas las demás confianzas, entonces se verá quiénes confían firmemente en Jehová. Y mientras los enemigos de la verdad estén por doquiera, vigilando a los siervos de Dios para mal, Dios velará por ellos para bien. Será para ellos como la sombra de un gran peñasco en tierra desierta (Los hechos de los apóstoles, pp. 344, 345).

Elena G.W

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