Sábado 3 de octubre – El llamado de un profeta

El llamado de un profeta

«Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”» — Isaías 6:8

Sábado: 3 de octubre

El llamado de un profeta

Los profetas solían desempeñar un papel esencial en la historia del pueblo de Dios, y en ocasiones asumían posiciones relevantes o incluso cruciales en la vida de la comunidad. Sin embargo, la vida de los profetas no era fácil y a menudo no aceptaban fácilmente el llamado divino a desempeñarse como profetas. Y no es de extrañar. Muchos profetas enfrentaban una fuerte oposición de quienes deberían haber recibido con agrado sus mensajes. Eran ignorados, ridiculizados, golpeados, encarcelados o perseguidos como animales salvajes. Varios fueron incluso asesinados.

Actualmente, en una generación inundada de violencia, codicia, inmoralidad, explotación y todo tipo de influencias satánicas, la voz profética suele ser rechazada o simplemente ignorada. Estamos llamados a escuchar esa voz y a ser mensajeros de la esperanza que nos ha sido transmitida a través de ellos.

La semana pasada vimos cómo Dios se esforzó por restablecer la comunicación con la humanidad tras la caída en el Edén. Esta semana examinaremos algunos momentos trascendentales de la historia en los que Dios llamó a profetas para encaminar a su pueblo mediante sus mensajes en favor de un mundo caído.

Comentarios Elena G.W

Durante los años transcurridos desde que el Señor se manifestó por primera vez al hijo de Ana, el llamamiento de Samuel al cargo profético había sido reconocido por toda la nación. Al transmitir fielmente la divina advertencia a la casa de Elí, por penoso que fuera dicho deber, Samuel había dado pruebas evidentes de su fidelidad como mensajero de Jehová; “y Jehová fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová”. 1 Samuel 3:19, 20.

Los israelitas aun continuaban, como nación, en un estado de irreligión e idolatría, y como castigo permanecían sujetos a los filisteos. Mientras tanto, Samuel visitaba las ciudades y aldeas de todo el país, procurando hacer volver el corazón del pueblo al Dios de sus padres; y sus esfuerzos no quedaron sin buenos resultados. Después de sufrir la opresión de sus enemigos durante veinte años, “toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová”. Samuel les aconsejó: “Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y solo a él servid”. 1 Samuel 7:3. Aquí vemos que la piedad práctica, la religión del corazón, era enseñada en los días de Samuel como lo fue por Cristo cuando estuvo en la tierra. Sin la gracia de Cristo, de nada le valían al Israel de antaño las formas externas de la religión. Tampoco valen para el Israel moderno.

Es hoy muy necesario que la verdadera religión del corazón reviva como sucedió en el antiguo Israel. El arrepentimiento es el primer paso que debe dar todo aquel que quiera volver a Dios. Nadie puede hacer esta obra por otro. Individualmente debemos humillar nuestras almas ante Dios, y apartar nuestros ídolos. Cuando hayamos hecho todo lo que podamos, el Señor nos manifestará su salvación— Recibiréis poder, 9 de septiembre, p. 263


Cuando Elías, divinamente dirigido en la búsqueda de un sucesor, pasó al lado del campo en el cual Eliseo estaba arando, echó sobre los hombros del joven el manto de la consagración… Era para él la señal de que Dios le llamaba a ser sucesor de Elías… Eliseo debía tener en cuenta el costo, decidir por sí mismo si quería aceptar o rechazar el llamamiento. Si sus deseos se aferraban a su hogar y sus ventajas, quedaba libre para permanecer allí. Pero el joven comprendió el significado del llamamiento… Ni por todas las ventajas mundanales se habría privado de la oportunidad de llegar a ser mensajero de Dios, ni habría sacrificado el privilegio de estar asociado con su siervo… Sin vacilación abandonó un hogar donde se le amaba, para acompañar al profeta en su vida incierta…

Muchos sienten el anhelo de poseer algún talento especial con que hacer una obra maravillosa, mientras pierden de vista los deberes que tienen a mano, cuyo cumplimiento llenaría la vida de fragancia… El éxito no depende tanto del talento como de la energía y de la buena voluntad. No es la posesión de talentos magníficos lo que nos habilita para prestar un servicio aceptable, sino el cumplimiento concienzudo de los deberes diarios, el espíritu contento, el interés sincero y sin afectación por el bienestar de los demás. En la suerte más humilde puede hallarse verdadera excelencia. Las tareas más comunes, realizadas con una fidelidad impregnada de amor, son hermosas a la vista de Dios— Conflicto y valor, 3 de agosto, p. 221

Elena G.W

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