EL GÉNESIS COMO FUNDAMENTO
“Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: ‘¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!’ ” (Juan 1:29).
Sábado: 5 de abril
EL GÉNESIS COMO FUNDAMENTO
Uno de los principales problemas de algunas interpretaciones modernas de la profecía bíblica es que no reconocen que las raíces de esta se encuentran en la revelación previa del Antiguo Testamento. En el caso del Apocalipsis, por ejemplo, Juan asume que su público original conoce el Antiguo Testamento y, en consecuencia, utiliza conceptos que son familiares para su audiencia.
Aunque es útil buscar en toda la Biblia los pasajes relacionados con el texto que se estudia en Apocalipsis, hay documentos bíblicos más relevantes que otros y fundamentales para entender mejor el libro. Esto es especialmente cierto en el caso del Génesis, que expone el camino por el que nuestro mundo descendió al caos del pecado. Casi todos los conceptos clave mencionados en el Apocalipsis aparecen de alguna forma en los primeros capítulos de la Biblia.
Esta semana estudiaremos algunos grandes conceptos que constituyen el núcleo del Apocalipsis. Comprender los fundamentos bíblicos del Apocalipsis permite al estudiante ver innumerables matices en el texto, cada uno de los cuales puede aportar importantes lecciones acerca de la naturaleza de la humanidad, de Dios y del conflicto que se libra en nuestro universo y, por lo tanto, también en nuestra vida.
Comentarios Elena G.W
Todos los que se unan a las filas de los guardadores del sábado deben convertirse en diligentes estudiantes de la Biblia, a fin de conocer los pilares y fundamentos de la verdad. Deben estudiar la historia profética, que nos ha llevado punto por punto hasta donde estamos en la actualidad. Este es el plan de Dios para nuestra escuela. Deben asistir los jóvenes que deseen educarse para cualquier línea de trabajo, que tengan capacidades, y comprenden la necesidad de aprender más y aún más dónde estamos hoy en la historia profética, uniendo eslabón tras eslabón en la cadena profética, aun desde Génesis hasta Apocalipsis. Cristo es el Alfa, el primer eslabón, y la Omega, el último eslabón, de la cadena evangélica, que está soldada en Apocalipsis (Manuscript Releases, t. 10, «Ellen White’s Confidence in Her Calling», p. 171).
El Hijo de Dios, el glorioso Soberano del cielo, se conmovió de compasión por la raza caída. Una infinita misericordia conmovió su corazón al eyocar las desgracias de un mundo perdido. Pero el amor divino había concebido un plan mediante el cual el hombre podría ser redimido. La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo solo existía uno que podía satisfacer sus exigencias en lugar del hombre. Puesto que la ley divina es tan sagrada como el mismo Dios, solo uno igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar al hombre de la maldición de la ley, y colocarlo otra vez en armonía con el Cielo… Cristo descendería a la profundidad de la desgracia para rescatar la raza caída.
Cristo intercedió ante el Padre en favor del pecador, mientras la hueste celestial esperaba los resultados con tan intenso interés que la palabra no puede expresarlo… El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es «el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo». Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable. Pero, «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Juan 3:16. ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor «que excede a todo conocimiento»? Al través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 48, 49).
Al Antiguo Testamento, que contiene las profecías de la venida de Cristo, ahora se le resta importancia. El grito ahora es: «¡El Cristo, el Cristo! El evangelio, el evangelio». Pero el evangelio se enseña en toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El evangelio se revela en todas las profecías del primer advenimiento de Cristo como el Salvador de la humanidad. Cada acto de la antigua dispensación para apartar a los hombres y mujeres del pecado o para traerles el perdón se hacía con referencia al Salvador que había de venir. Él era el peldaño por el que la humanidad iba a ser exaltada (Manuscript Releases, t. 10, no 807, «The Vision of Moses», p. 156).


