Sábado 8 de noviembre – LEALTAD SUPREMA: ADORACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA

LEALTAD SUPREMA: ADORACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mat. 6:33).

Sábado: 8 de noviembre

LEALTAD SUPREMA: ADORACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA

Esta semana analizaremos algunas ocasiones cruciales en las que Israel, ya dentro de la Tierra Prometida, volvió a consagrarse al Señor, a veces ante un peligro inminente. Josué tomó la decisión aparentemente irracional de circuncidar a los israelitas en territorio enemigo (Jos. 5:1-9), de celebrar la Pascua ante un peligro inminente (Jos. 5:10-12), de construir un altar y adorar al Señor mientras la conquista estaba en pleno apogeo (Jos. 8:30-35) y de erigir el Tabernáculo del Señor cuando siete tribus de Israel aún no habían recibido su herencia (Jos. 18:1, 2).

En nuestras ajetreadas vidas, tendemos a enfocarnos en lo urgente y a menudo descuidamos dedicar tiempo de calidad a renovar nuestro compromiso con Dios y a agradecerle por lo que él ha hecho y sigue haciendo diariamente por nosotros. A veces olvidamos el culto matutino y vespertino en nuestra vida sobrecargada, impulsada por la comodidad y orientada a los logros. Sin embargo, en el fondo todos sabemos que los momentos dedicados a Dios y a nuestros seres queridos constituyen la mejor manera de aprovechar nuestro limitado tiempo.

Comentarios Elena G.W

«No tendrás dioses ajenos delante de mí». Éxodo 20:3. El primer mandamiento no se transgrede únicamente negando la existencia de Dios o inclinándose delante de ídolos de madera y piedra. Muchos profesos seguidores de Cristo infringen sus principios; pero el Señor del cielo no reconoce como hijos suyos a los que guardan en su corazón cualquier cosa que ocupe el lugar que únicamente Dios debería tener. Muchos se inclinan ante la complacencia del apetito, mientras que otros lo hacen ante el vestido y el amor al mundo, y les conceden el primer lugar en el corazón…

Dios nos ha dado muchas cosas en esta vida sobre las que podemos derramar nuestros afectos; pero cuando llevamos hasta el exceso lo que en sí mismo es bueno, nos convertimos en idólatras… Cualquier cosa que separe nuestros afectos de Dios, y disminuya nuestro interés en las cosas eternas, es un ídolo. Los que emplean el tiempo precioso que Dios les ha dado —tiempo que ha sido comprado a un precio infinito— en embellecer sus hogares para ostentación, en seguir las modas y las costumbres del mundo, no solo están privando a sus almas de alimento espiritual, sino que también están dejando de darle a Dios lo que es suyo. El tiempo así gastado en la complacencia de los deseos egoístas podría emplearse en obtener conocimiento de la Palabra de Dios, en cultivar nuestros talentos, para prestar un servicio inteligente a nuestro Creador… Dios no compartirá un corazón dividido. Si el mundo absorbe nuestra atención, él no puede reinar supremo. Si esto disminuye nuestra dedicación a Dios, es idolatría ante sus ojos. Dios no excusará al trasgresor en este sentido…

Cuando nuestros corazones estén afinados para alabar a nuestro Hacedor, no solo en salmos e himnos y cánticos espirituales, sino también en nuestras vidas, viviremos en comunión con el Cielo… Habrá gratitud en el corazón y en el hogar, tanto en la devoción privada como en la pública. Este es el verdadero culto a Dios (That I May Know Him, 12 de noviembre, p. 322; parcialmente en A fin de conocerle, p. 321).

Gracias a Dios por los hermosísimos cuadros que nos ha dado. Reunamos las benditas promesas de su amor, para recordarlas siempre: el Hijo de Dios, que deja el trono de su Padre y reviste su divinidad con la humanidad para poder rescatar al hombre del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, que abre el cielo a los hombres y revela a su vista la morada donde la Divinidad descubre su gloria; la raza caída, levantada de lo profundo de la ruina en que el pecado la había sumergido, puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, vestida de la justicia de Cristo y exaltada hasta su trono después de sufrir la prueba divina por la fe en nuestro Redentor. Tales son las cosas que Dios quiere que contemplemos…

Los ángeles están atentos para oír qué clase de informe dais al mundo acerca de vuestro Señor. Conversad de Aquel que vive para interceder por nosotros ante el Padre. Esté la alabanza de Dios en vuestros labios y corazones cuando estrechéis la mano de un amigo. Esto atraerá sus pensamientos al Señor Jesús (El camino a Cristo, pp. 118, 119).

Elena G.W

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