IMÁGENES DEL FIN
“Y él respondió: ‘Soy hebreo, y venero al Señor, Dios de los cielos, que hizo la tierra y el mar’ ” (Jon. 1:9).
Viernes: 27 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo titulado “El Vigía invisible” en las páginas 384 a 395 del libro Profetas y reyes, de Elena de White.
“A cada nación que subió al escenario de acción se le permitió ocupar su lugar en la Tierra, para que pudiese determinarse si iba a cumplir los propósitos del Vigilante y Santo. La profecía describió el nacimiento y el progreso de los grandes imperios mundiales: Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma. Con cada uno de ellos, como con las naciones de menor potencia, la historia se repitió. Cada uno tuvo su plazo de prueba; cada uno fracasó, su gloria se desvaneció y su poder desapareció.
“Aunque las naciones rechazaron los principios divinos y con ello labraron su propia ruina, un propósito divino predominante ha estado obrando manifiestamente a través de los siglos” (Elena de White, Profetas y reyes, pp. 392, 393).
En Jeremías 18, el profeta observa a un alfarero mientras este da forma a lo que está creando. Es esta imagen, la de un alfarero que moldea su arcilla, la que Dios utiliza para explicar el principio de condicionalidad en la profecía bíblica. Para asegurarse de que lo entendemos, el Señor dice por medio de Jeremías: “En un instante puedo hablar contra una nación o un reino para arrancar, derribar y destruir. Pero si esa nación se convierte de su maldad, yo también desistiré del mal que había pensado hacerle, y en un instante hablaré de esa nación o ese reino para edificar y plantar. Pero si hace lo malo ante mis ojos, y desoye mi voz, desistiré del bien que había determinado hacerle” (Jer. 18:7-10).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
Piensa en la afirmación de Jesús de que el Juicio será menos severo para Nínive que para el pueblo de Dios que se había desviado de la verdad (ver Mat. 12:39-42). ¿Qué lección puede extraer la iglesia de Dios de esta advertencia?
Nota la afirmación de Elena de White de que “la historia se repitió” con cada imperio sucesivo (Elena de White, Profetas y reyes, p. 392). ¿Qué tienen en común todos los imperios enumerados en la profecía? ¿De qué manera siguieron el mismo derrotero profético? ¿Cómo va también nuestro mundo actual en pos de ellos?
Comentarios Elena G.W
El año en que Ciro sucedió a Darío el Medo en el trono de MedoPersia, se cumplieron setenta años desde que la primera compañía de hebreos había sido llevada cautiva a Babilonia por Nabucodonosor. Daniel, que estaba familiarizado con las profecías de Jeremías e Isaías sobre la duración del cautiverio, y con las profecías de Isaías sobre la restauración por decreto de Ciro, aún vivía y ocupaba un puesto de responsabilidad en la corte medo-persa. Su fe en estas profecías lo impulsó a suplicar a Dios en favor de su pueblo. Y ahora, cuando llegó el momento de reconstruir el templo de Jerusalén, Dios se movió sobre Ciro como su agente para discernir las profecías que le concernían, y conceder al pueblo judío su libertad. Y además, Ciro les proporcionó las facilidades necesarias para reconstruir el templo del Señor…
Había siervos fieles del Altísimo que estaban preparados para responder a este decreto. Más de sesenta años antes, el Señor había declarado que «Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar… Entonces me invocaréis —declaró el Señor, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré. y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar». Los que buscaban al Señor estaban dispuestos a aprovechar la maravillosa oportunidad que les brindaba Ciro para volver a sus hogares y restaurar el templo de Dios (The Review and Herald, 28 de marzo, 1907, «The Return of the Exiles—No. 2: The Decree of Cyrus», párr. 5, 11).
En la inesperada entrada del ejército del conquistador persa al corazón de la capital babilónica, por el cauce del río cuyas aguas habían sido desviadas y por las puertas interiores que con negligente seguridad habían sido dejadas abiertas y sin protección, los judíos tuvieron abundantes evidencias del cumplimiento literal de la profecía de Isaías concerniente al derrocamiento repentino de sus opresores. Y esto debiera haber sido para ellos una indicación inequívoca de que Dios estaba encauzando en su favor los asuntos de las naciones; porque inseparablemente vinculadas con la profecía descriptiva de cómo iba a ser tomada Babilonia estaban las palabras:
«Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, en diciendo a Jerusalén, Serás edificada; y al templo: Serás fundado». «Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos». Isaías 44:28; 45:13 (Profetas y reyes, pp. 404, 405).


