EN LOS SALMOS – SEGUNDA PARTE
“Dios, alábenle los pueblos, todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y guiarás a las naciones en la tierra” (Sal. 67:3, 4).
Viernes: 30 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Salmo 133, Hechos 1:4 al 9 y Apocalipsis 5:4 al 7.
“Durante la era patriarcal, la influencia del Espíritu Santo se había revelado a menudo en forma señalada, pero nunca en su plenitud. Ahora, en obediencia a la palabra del Salvador, los discípulos ofrecieron sus súplicas por este don, y en el Cielo Cristo añadió su intercesión. Reclamó el don del Espíritu, para poderlo derramar sobre su pueblo” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, p. 31).
Los discípulos recibieron la comisión de dar testimonio de Cristo “hasta lo último de la tierra” (Hech. 1:8), una obra que anunciaría el regreso de Cristo (Mat. 24:14). Nosotros debemos continuar lo que ellos empezaron.
Cuando Cristo nos dijo que lleváramos el evangelio al mundo, no nos dejó solos para que descubriéramos cómo hacerlo. El trabajo es dirigido desde el Santuario del Cielo. Nuestro trabajo está indisolublemente fusionado con Cristo: él nos guía y nos da poder. Esta es su obra, no la nuestra. Por eso se nos pide que sigamos su dirección. Ese era el caso también con Israel: Dios les pidió que siguieran sus instrucciones e hizo luego que ocurriera lo imposible. El Espíritu ya está actuando en los corazones de nuestros prójimos y se nos pide que estemos allí cuando llegue el momento de la decisión, para que podamos invitarlos a unirse al pueblo de Dios cuando esté con el Cordero sobre el monte Sion. No necesitamos inventar nuevos medios y métodos, pues nunca hemos estado a cargo de la obra.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- Aún hay muchas personas no alcanzadas, aunque los mensajes de los tres ángeles han llegado a todo el mundo. Dialoguen como clase acerca de cómo puede nuestra iglesia realizar mejor la tarea para la que Cristo nos está usando. ¿Cómo podemos aprender a no desesperarnos por el hecho de que aún hay tanta gente que no ha oído hablar de las verdades cruciales para los últimos días?
- Juan es testigo, en Apocalipsis 5, de cómo el rollo sellado es entregado al Cordero porque es digno. Cuando el Cordero abre los sellos del rollo en Apocalipsis 6, vemos claramente predicha la historia de la iglesia cristiana desde la época del Nuevo Testamento hasta el final de los tiempos. ¿Qué lecciones podemos aprender de esta descripción acerca de cómo se propone Dios terminar la obra?
- ¿Qué acontecimientos actuales podrían conducir fácilmente a lo que sabemos que se avecina en Apocalipsis 13 y 14? ¿Qué obstáculos quedan aún por delante?
Comentarios Elena G.W
Dios le ha dado preciosos privilegios y ventajas al enviarle la luz de su verdad, y usted ha de aprovechar estas bendiciones, y permitir que otros compartan las misericordias de Dios. Qué gran campo misionero hay alrededor de sus hogares, qué oportunidades diarias para hablar del valor de las promesas de Dios, para reanimar a las pobres almas que se ven obligadas a trabajar duramente por un pequeño salario, para animar los corazones de los que luchan con la pobreza, que apenas tienen lo estrictamente necesario para vivir. Los hijos de Dios están llamados a manifestar las alabanzas de Aquel que los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable, pues han de ser los representantes de Cristo. Deben procurar siempre enseñar a aquellos con quienes entran en contacto, las verdades más elevadas y santas que las cuestiones de la vida ordinaria. El Señor dice por medio del profeta Ezequiel: «Daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán» (The Signs of the Times, 3 de febrero, 1890, «God’s Object in Blessing His People», párr. 5; parcialmente en Reflejemos a Jesús, 11 de julio, p. 198).
La obra más grande, el esfuerzo más noble en que el hombre puede empeñarse, es señalar a sus semejantes al Cordero de Dios. Insistamos en la importancia de esta obra con mayor fervor del que hemos manifestado en el pasado. Que los miembros de nuestra iglesia comiencen a trabajar. Que revelen a Cristo en cada pensamiento, palabra y acto. Si lo representan correctamente, recibirán la recompensa de la vida eterna y un hogar en el cielo (The Gospel Herald, 10 de diciembre, 1902, «Christ’s Representatives», párr. 10).
En cada generación Dios envió siervos suyos para reprobar el pecado tanto en el mundo como en la iglesia. Pero los hombres desean que se les digan cosas agradables, y no gustan de la verdad clara y pura. Muchos reformadores, al principiar su obra, resolvieron proceder con gran prudencia al atacar los pecados de la iglesia y de la nación. Esperaban que mediante el ejemplo de una vida cristiana y pura, llevarían de nuevo al pueblo a las doctrinas de la Biblia. Pero el Espíritu de Dios vino sobre ellos como había venido sobre Elías, impeliéndole a censurar los pecados de un rey malvado y de un pueblo apóstata; no pudieron dejar de proclamar las declaraciones terminantes de la Biblia que habían titubeado en presentar. Se vieron forzados a declarar diligentemente la verdad y señalar los peligros que amenazaban a las almas. Sin temer las consecuencias, pronunciaban las palabras que el Señor les ponía en la boca, y el pueblo se veía constreñido a oír la amonestación.
Así también será proclamado el mensaje del tercer ángel. Cuando llegue el tiempo de hacerlo con el mayor poder, el Señor obrará por conducto de humildes instrumentos, dirigiendo el espíritu de los que se consagren a su servicio (El conflicto de los siglos, pp. 591, 592).


