EL GRAN PLAN CRISTOCÉNTRICO DE DIOS
“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual en los cielos” (Efe. 1:3).
Jueves: 6 de julio
EL ESPÍRITU SANTO: SELLO Y ANTICIPO
En Efesios 1:13 y 14, Pablo relata brevemente la historia de conversión de sus lectores. ¿Cuáles son los pasos en esa historia?
Efesios 1:13-14
13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Al explorar la importancia del Espíritu Santo en la vida de los creyentes, Pablo utiliza dos imágenes o metáforas para el Espíritu. En primer lugar, describe al Espíritu Santo como un “sello”, al identificar la presencia del Espíritu como un sellado que se efectúa desde el momento de la conversión. En la antigüedad, los sellos se usaban para una amplia variedad de funciones: para autenticar copias de leyes y acuerdos; para validar la excelencia o la cantidad del contenido de un recipiente (p. ej., Eze. 28:12); o para atestiguar transacciones (p. ej., Jer. 32:10–14, 44), contratos, cartas (p. ej., 1 Rey. 21:8), testamentos y adopciones. Impreso en un objeto, un sello indicaba propiedad y protección. La presencia del Espíritu Santo en la vida marca a los creyentes como pertenecientes a Dios y transmite la promesa de Dios de protegerlos (comparar con Efe. 4:30). Han sido “sellados con el Espíritu Santo prometido” (Efe. 1:13).
“Pablo indica claramente que cuando alguien le da su vida a Jesús, y cree en él, el Espíritu Santo sella (verbo griego: sphragizō) a ese creyente en Cristo para el día de la Redención. ¡Qué verdad maravillosa, liberadora y tranquilizadora! El Espíritu de Dios marca a los seguidores de Cristo con el sello de la salvación cuando creen por primera vez” (Jiří Moskala, “Misinterpreted EndTime Issues: Five Myths in Adventism”, Journal of the Adventist Theological Society 28, Nº 1 [2017], p. 95).
La segunda imagen que utiliza Pablo para el Espíritu Santo es la de “garantía”. El Espíritu Santo es la garantía de nuestra herencia, que señala hacia el momento en que la herencia se entregará en su totalidad (comparar con 2 Cor. 1:22; 5:5).
La palabra que se traduce como “garantía” (arrabōn) era un préstamo hebreo que se usaba ampliamente en el griego común, o koiné, de los tiempos del Nuevo Testamento para indicar una “primera cuota”, “depósito”, “pago inicial” o “anticipo”, que requiere que el pagador realice pagos adicionales.
Ten en cuenta que los creyentes no hacen este pago inicial, sino que lo reciben de Dios. Dice Pablo que la entrañable presencia del Espíritu Santo en la vida de los creyentes es un anticipo de la herencia plena de salvación y redención que recibirán con la venida de Cristo. Nuestro trabajo es recibir con un corazón agradecido y sumiso lo que se nos ha ofrecido en Jesús.
Comentarios Elena G.W
Hemos de distinguirnos del mundo porque Dios imprimió su sello en nosotros y porque manifiesta en nosotros su carácter de amor. Nuestro Redentor nos ampara con su justicia…
Al escoger a hombres y mujeres para su servicio, Dios no pregunta si tienen bienes terrenales, cultura o elocuencia. Su pregunta es: ¿Andan ellos en tal humildad que yo pueda enseñarles mi camino? ¿Puedo poner mis palabras en sus labios? ¿Me representarán a mí?
Dios puede emplear a cada cual en la medida en que pueda poner su Espíritu en el templo del alma. Aceptará la obra que refleje su imagen. Sus discípulos han de llevar, como credenciales ante el mundo, las indelebles características de sus principios inmortales (El ministerio de curación, pp. 24, 25).
El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras.
Después de convencer de pecado, y de presentar ante la mente la norma de justicia, el Espíritu Santo quita los afectos de las cosas de esta tierra, y llena el alma con un deseo de santidad. «Él os guiará a toda verdad» (Juan 16:13), declaró el Salvador. Si los hombres están dispuestos a ser amoldados, se efectuará la santificación de todo el ser. El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en el alma. Mediante su poder, el camino de la vida será hecho tan claro que nadie necesite errar (Los hechos de los apóstoles, p. 43).
Dios desea dar a su pueblo el refrigerio del Espíritu Santo, bautizándolo nuevamente en su amor. La falta de poder espiritual no tiene razón de ser en la iglesia. Después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos que esperaban, oraban y creían, con una plenitud y poder que llenó todos los corazones. En el futuro, toda la tierra debe ser iluminada con la gloria de Dios. Los que han sido santificados por la verdad deben ejercer sobre el mundo una santa influencia. Una atmósfera de gracia debe rodear el mundo. El Espíritu Santo obrará en los corazones, tomando las cosas de Dios y revelándolas a los hombres (Testimonios para la iglesia, t. 9, pp. 32, 33).


