Jueves 12 de octubre – EL MUNDO: LA ARENA DE LA MISIÓN – LA MISIÓN DE DIOS EN FAVOR DE NOSOTROS: SEGUNDA PARTE

LA MISIÓN DE DIOS EN FAVOR DE NOSOTROS: SEGUNDA PARTE

“Por tanto, vayan a todas las naciones, hagan discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19).

Jueves: 12 de octubre

EL MUNDO: LA ARENA DE LA MISIÓN

Lee Apocalipsis 7:9 y 10. ¿Qué sugiere este pasaje acerca del alcance geográfico de la misión de Dios?

 

Apocalipsis 7:9-10

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

En la lección de esta semana, se han analizado intencionalmente dos textos fundamentales sobre la misión que enfatizan la centralidad de la formación de discípulos en la Gran Comisión y el mensaje del evangelio eterno. Curiosamente, ambos textos tienen al menos un punto en común: el “dónde” de la misión. Dicen así: “Por tanto, vayan a todas las naciones, hagan discípulos” (Mat. 28:19, énfasis añadido), “a los que habitan en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6, énfasis añadido).

En otras palabras, el evangelio de Cristo debe llegar a todas las clases, a todas las naciones, a todas las lenguas y a todos los pueblos. La influencia del evangelio es unir a los salvos en una gran hermandad. Solo tenemos un modelo que imitar, y es Cristo. Si aceptamos la verdad tal como es en Jesús, se derribarán los prejuicios y los celos nacionalistas, y el espíritu de verdad fundirá nuestros corazones en uno solo.

Cuando Jesús dijo: “Me serán testigos” (Hech. 1:8), tenía en mente tres zonas geográficas diferentes:

Primera zona: “Me serán testigos en Jerusalén”. En aquel momento, sus discípulos estaban muy cerca de Jerusalén. De esta manera, básicamente Jesús les estaba diciendo: “Empiecen a compartir su experiencia con Dios con la gente que está cerca de ustedes”. La misión comienza en casa, con la familia, con los vecinos, con los amigos. Este es el lugar supremo de nuestra misión.

Segunda zona: Luego sigue diciendo: “En toda Judea, en Samaria”. Nuestra misión implica también a los que, en cierto modo, están cerca, pero al mismo tiempo alejados de nosotros. En este grupo hay personas que quizás hablen el mismo idioma que nosotros, personas que tienen una cultura similar, pero que no viven ni comparten la misma realidad que nosotros. Este es nuestro siguiente lugar misionero.

Tercera zona: Además de esto, Cristo dice: “Y hasta lo último de la tierra”. La misión de Dios nos llama a alcanzar a gente de todos los lugares, las naciones, los grupos de personas, las lenguas y las etnias. Este es nuestro último lugar de misión.

Desafío: Ora todos los días de esta semana por la comunidad donde vives. Dios te ha colocado allí por una razón.

 

Desafío avanzado: Investiga la demografía de tu zona (qué tipo de gente vive a tu alrededor): su trasfondo étnico y religioso; si hay ancianos, jóvenes, pobres, ricos, idiomas que se hablan, etc. Pide a Dios que te muestre cómo puedes ser un canal de su amor para ellos.

Comentarios Elena G.W

La presencia visible de Cristo estaba por serles quitada a los discípulos, pero iban a recibir una nueva dotación de poder. Iba a serles dado el Espíritu Santo en su plenitud, el cual los sellaría para su obra. «He aquí —dijo el Salvador—, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto». Lucas 24:49. «Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos.» «Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra». Hechos 1:5, 8.

El Salvador sabía que ningún argumento, por lógico que fuera, podría ablandar los duros corazones, o traspasar la costra de la mundanalidad y el egoísmo. Sabía que los discípulos habrían de recibir la dotación celestial; que el evangelio sería eficaz solo en la medida en que fuera proclamado por corazones encendidos y labios hechos elocuentes por el conocimiento vivo de Aquel que es el camino, la verdad y la vida. La obra encomendada a los discípulos requeriría gran eficiencia; porque la corriente del mal que fluía contra ellos era profunda y fuerte. Estaba al frente de las fuerzas de las tinieblas un caudillo vigilante y resuelto, y los seguidores de Cristo podrían batallar por el bien solo mediante la ayuda que Dios, por su Espíritu, les diera (Las hechos de los apóstoles, p. 25).

Los discípulos no habían de aguardar que la gente acudiera a ellos. Ellos debían ir a la gente y buscar a los pecadores como el pastor busca a la oveja perdida. Cristo les presentó el mundo como campo de labor. Debían ir «por todo el mundo» y predicar «el evangelio a toda criatura». Marcos 16:15. Habían de predicar acerca del Salvador, acerca de su vida de amor abnegado, su muerte ignominiosa, su amor sin parangón e inmutable. Su nombre había de ser su consigna, su vínculo de unión. En su nombre habían de subyugar las fortalezas del pecado. La fe en su nombre había de señalarlos como cristianos (Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 21, 22).

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros: para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17:21.

Repítanse con frecuencia estas palabras y cada alma discipline sus ideas, espíritu y acción diariamente de modo que pueda cumplirse esta oración de Jesucristo. El no requiere cosas imposibles de su Padre. Ora por lo que precisamente debe haber en sus discípulos en relación con la unión mutua, y su unidad y unión con Dios y Jesucristo. Cualquier cosa que no llegue a este nivel no corresponde con la perfección del carácter cristiano. La cadena áurea del amor, que vincula los corazones de los creyentes en unidad, con lazos de compañerismo y amor, y en unión con Cristo y el Padre, establece la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido (A fin de conocerle, p. 173).

Elena G.W

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