Lunes 5 de octubre – El mensaje de Elías – El llamado de un profeta

El llamado de un profeta

«Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”» — Isaías 6:8

Lunes: 5 de octubre

El mensaje de Elías
Lee 1 Reyes 18:19-39. ¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de cómo puede operar el don profético?
1 Reyes 18:19-39 — RV6019 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel. 20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase. 30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, 32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. 33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. 36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!

El llamado y la forma de hablar de Elías reflejaban su papel como mensajero de Dios. Para detener la apostasía de Israel, Dios envió a Elías al rey Acab para anunciarle una sequía de varios años. El Señor utilizó esta aflicción para alejar a su pueblo de la idolatría y traerlo nuevamente a la obediencia. El rey y el pueblo culparon al profeta Elías por su desgracia y procuraron su muerte.

En el monte Carmelo, Elías se enfrentó a los profetas de Baal y Asera. El mensajero de Dios hizo un llamamiento lleno del Espíritu al idólatra Israel para que renunciara a sus dioses falsos y volviera al Señor. El pueblo sabía que sus decisiones los habían conducido a la apostasía nacional. Ahora estaban listos para abrazar de nuevo al Dios de Elías, que había demostrado ser superior a sus dioses falsos, que ni siquiera existían.

Justo antes de la segunda venida de Cristo, Dios ordena a su iglesia que proclame de nuevo el mensaje de Elías, y que el pueblo se aleje de sus «ídolos» y se prepare para el gran día del Señor. Dios sigue comunicándose con su pueblo a través de los canales que ha seleccionado. Su Palabra y el don profético proveen amonestación, advertencia, consejo y aliento.

«La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas» (Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 147).

Lee Malaquías 4:5-6. ¿Cómo influye el mensaje de Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?
Malaquías 4:5-6 — RV605 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

El verdadero avivamiento comienza en el corazón y en el hogar. La familia es la piedra angular de la iglesia y un elemento indispensable de la comunidad. El avivamiento en el hogar difunde el amor celestial en la iglesia, la comunidad y la nación. Este es el propósito de Dios para el hogar cristiano. El avivamiento también motiva al pueblo de Dios para el cumplimiento de la misión.

¿Qué tipo de ídolos, si los hay, existen en nuestros hogares, corazones e iglesias?
 

Comentarios Elena G.W

Entre las montañas de Galaad, al oriente del Jordán, moraba en los días de Acab un hombre de fe y oración cuyo ministerio intrépido estaba destinado a detener la rápida extensión de la apostasía en Israel. Alejado de toda ciudad de renombre y sin ocupar un puesto elevado en la vida, Elías el tisbita inició sin embargo su misión confiando en el propósito que Dios tenía de preparar el camino delante de él y darle abundante éxito. La palabra de fe y de poder estaba en sus labios, y consagraba toda su vida a la obra de reforma. La suya era la voz de quien clama en el desierto para reprender el pecado y rechazar la marea del mal. Y aunque se presentó al pueblo para reprender el pecado, su mensaje ofrecía el bálsamo de Galaad a las almas enfermas de pecado que deseaban ser sanadas…

A Elías fue confiada la misión de comunicar a Acab el mensaje relativo al juicio del cielo. Él no procuró ser mensajero del Señor; la palabra del Señor le fue confiada. Y lleno de celo por el honor de la causa de Dios, no vaciló en obedecer la orden divina, aun cuando obedecer era como buscar una presta destrucción a manos del rey impío…

Fue tan solo por su fe poderosa en el poder infalible de la palabra de Dios como Elías entregó su mensaje. Si no le hubiese dominado una confianza implícita en Aquel a quien servía, nunca habría comparecido ante Acab. Mientras se dirigía a Samaria, Elías había pasado al lado de arroyos inagotables, colinas verdeantes, bosques imponentes que parecían inalcanzables para la sequía. Todo lo que se veía estaba revestido de belleza. El profeta podría haberse preguntado cómo iban a secarse los arroyos que nunca habían cesado de fluir, y cómo podrían ser quemados por la sequía aquellos valles y colinas. Pero no dio cabida a la incredulidad. Creía firmemente que Dios iba a humillar al apóstata Israel, y que los castigos inducirían a este a arrepentirse. El decreto del Cielo había sido dado; no podía la palabra de Dios dejar de cumplirse; y con riesgo de su vida Elías cumplió intrépidamente su comisión— Conflicto y valor, 18 de julio, p. 205


Dios quería que su honor fuese exaltado como supremo ante los hombres, y que sus consejos fuesen confirmados a la vista del pueblo. El testimonio del profeta Elías sobre el monte Carmelo constituye un ejemplo de alguien que se puso completamente de parte de Dios y de su obra en la tierra… “Sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel”, ora, “y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová”, ruega, “respóndeme”.

Su celo por la gloria de Dios y su profundo amor por la casa de Israel presentan lecciones para la instrucción de todos los que permanecen hoy como representantes de la obra de Dios en la tierra.

Nada se gana con la cobardía o el temor de que se sepa que somos un pueblo que guarda los mandamientos de Dios. El ocultar nuestra luz, como si nos avergonzáramos de nuestra fe, redundará solo en desastre. Dios nos dejará en nuestra propia debilidad. No permita el Señor que rehusemos hacer brillar nuestra luz en cualquier lugar al cual nos llame. Si nos aventuramos a avanzar por nosotros mismos, siguiendo nuestras propias ideas, nuestros propios planes, dejando a Jesús detrás, no podemos esperar obtener fortaleza, valor o fuerza espiritual. Dios ha tenido héroes morales, y los tiene ahora: los que no se avergüenzan de ser su pueblo peculiar. Sus planes y su voluntad están subordinados a la ley de Dios. El amor de Jesús los ha conducido a encariñarse con sus propias vidas. Su trabajo ha consistido en tomar la luz de la Palabra de Dios y dejarla brillar con rayos claros y firmes sobre el mundo— Conflicto y valor, 22 de julio, p. 209

Elena G.W

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