Domingo 26 de abril – TIEMPO – CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA

CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA

«Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y prosperará en lo que le ordené» (Isa. 55: 11).

Domingo: 26 de abril

TIEMPO

¿Alguna vez has puesto el despertador un poco antes de lo habitual para leer la Biblia? ¿Has luchado en alguna ocasión para salir de la cama y luego, al mirar el reloj, has pensado: «Tengo apenas quince minutos para empezar el día; más vale que me dé prisa!»? ¿Alguna vez has hecho una breve oración o has hojeado un capítulo de la Biblia solo para tranquilizar tu conciencia, pero no tu corazón, antes de apresurarte a empezar el día?

«Solo se obtiene un beneficio muy escaso de una lectura precipitada de las Sagradas Escrituras. Uno puede leer toda la Biblia y quedarse, sin embargo, sin captar su belleza o comprender su sentido profundo y oculto» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 133).

Si bien es cierto que la lectura de la Biblia reporta bendiciones, es posible leerla de tapa a tapa y de una sola vez, sin obtener todo el provecho disponible en ella. Dios nos dio su inspirada y preciosa Palabra para que conociéramos más acerca de él y de nosotros mismos. Cuando dedicamos tiempo a contemplar el indescriptible y hermoso carácter de Dios, y las maneras en las que ha interactuado con la humanidad a lo largo de la historia, solo podemos amarlo más. El registro de sus interacciones está allí, a nuestro alcance, pero debemos dedicar tiempo a Dios a través de la lectura de su Palabra (Hech. 17: 11). Considera las siguientes sugerencias:

Pide a Dios que ponga en tu corazón el deseo de acercarte a él. Reclama las promesas que se encuentran en Jeremías 29: 13 y Salmo 37: 4. Invítalo a que te despierte antes de lo habitual o a que te ayude a apartar un momento de tu día para estar en comunión con él.

Consagra tu tiempo a Dios. Sí, estás ocupado y siempre aparecen cosas urgentes, pero el tiempo dedicado a estar con Dios tiene un valor incalculable. Ve a un lugar tranquilo donde puedas estar a solas y lee el Salmo 46: 10. Lee la letra del himno «Salvador, a ti me rindo» (Himnario adventista, Nº 261) o cántalo como una ofrenda de alabanza dedicada a él. Piensa en las áreas de tu vida que tal vez no estén rendidas a Dios y ofrécelas a él.

Dedica tiempo a estar con Dios, aunque no sientas deseos de hacerlo. Así como es necesaria una decisión consciente y un plan de acción para ser una persona saludable (hacer ejercicio, alimentarse adecuadamente, etc.), se necesita una decisión consciente para tener una relación estrecha con Dios. Recuerda que los nuevos hábitos pueden tardar al menos 21 días en formarse, y que no podemos tener éxito sin la ayuda del Espíritu Santo.

Lee nuevamente Juan 15: 1 al 8. ¿Qué nos dice Jesús acerca de nuestra necesidad de permanecer en él y por qué es tan importante para nuestra fe?

 

Juan 15: 1-8

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Comentarios Elena G.W

A los reformadores se les dio gran luz, pero muchos de ellos recibieron la sofistería del error por causa de la interpretación errónea de las Escrituras. Estos errores han pasado a través de los siglos, pero, aunque están canosos con la edad, no tienen detrás de ellos un “Así dice el Señor”. Porque el Señor dijo: Yo no “mudaré lo que ha salido de mis labios”. Salmo 89:34. En su gran misericordia, aun así, el Señor ha permitido que una luz mayor brille en estos últimos días. Nos ha enviado su mensaje a nosotros, revelando su ley y mostrando qué es verdad.

En Cristo está la fuente de todo conocimiento. En él están centradas nuestras esperanzas de vida eterna. Él es el gran Maestro que el mundo haya conocido, y si deseamos ensanchar la mente de los niños y los jóvenes, y ganarlos, si es posible, para que amen la Biblia, deberíamos asegurar su mente sobre la verdad clara y sencilla, excavando lo que ha estado enterrado debajo de las hojarascas de la tradición y permitiendo que brillen sus gemas. Anímelos a escudriñar estos temas, y el esfuerzo empleado será una disciplina inestimable.

La revelación de Dios, como está representada en Jesucristo, proporciona un tema que es grande para contemplar y que, si se lo estudia, agudiza la mente y eleva y ennoblece las facultades. Cuando los agentes humanos aprenden esas lecciones en la escuela de Cristo, tratando de llegar a ser como Cristo fue, manso y humilde de corazón, aprenderán la más provechosa de todas las lecciones: que el intelecto es supremo solo si está santificado por medio de una relación viviente con Dios…

La mayor sabiduría, y la más indispensable, es el conocimiento de Dios. El yo se hunde en la insignificancia al contemplar a Dios y a Jesucristo, a quien envió. Debe hacerse de la Biblia el fundamento de todo estudio. Individualmente, debemos aprender de este libro de lecciones que Dios nos ha dado las condiciones de la salvación para nuestra alma; porque es el único Libro que nos dice qué debemos hacer para ser salvos. Y no solo eso, sino que de ella puede recibirse fuerza para el intelecto (Ser semejante a Jesús, 2 de abril, p. 99).

Elena G.W

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