CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA
«Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y prosperará en lo que le ordené» (Isa. 55: 11).
Lunes: 27 de abril
UN LUGAR
Jesús es nuestro ejemplo perfecto en todas las cosas, incluyendo la devoción personal. ¿Qué nos dice Marcos 1: 35 acerca del tiempo que Jesús pasaba con Dios?
Marcos 1: 35
35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.
Aunque solo se trata de un versículo, podemos aprender mucho del ejemplo de Jesús. Jesús solía apartarse del ajetreo y del bullicio de la vida cotidiana para dirigirse a un lugar solitario y tranquilo para pasar tiempo con su Padre antes de que amaneciera. Imagina la siguiente escena: Jesús sentado junto al mar de Galilea o en la ladera de una colina orando y en comunión con su Padre antes de que el mundo a su alrededor despertara. Este versículo describe el compromiso de Jesús con la oración y muestra que ella era una prioridad para él. Ese tiempo dedicado a la oración fue, sin duda, lo que le dio fuerzas para afrontar todo lo que tuvo que soportar. Si Jesús necesitaba esto para comenzar cada día, ¡cuánto más nosotros!
Dios nos dice: «Busca mi rostro», y espera que nuestra respuesta sea: «Tu rostro buscaré, Señor» (Sal. 27: 8).
¿Qué dice 1 Crónicas 16: 11 acerca de cómo debemos buscar a Dios?
1 Crónicas 16: 11
11 Buscad a Jehová y su poder; Buscad su rostro continuamente.
¿Hay algún lugar tranquilo en tu casa o al aire libre donde puedas encontrarte cada mañana con Dios y sentarte a los pies de Jesús para aprender de su Palabra (Luc. 10: 39-42)? Si desarrollas el hábito de ir diariamente a un lugar determinado para pasar tiempo con Dios, será más probable que regreses allí cada día. No te desanimes si una emergencia inesperada te lo impide alguna vez, pero no dejes pasar demasiado tiempo sin hacerlo. Recuerda que una relación duradera con Dios requiere una decisión diaria y que puedes empezar de nuevo hoy mismo.
¿Cuánto tiempo dedicaste la semana pasada a la oración y a la lectura de la Biblia? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de los cambios que podrías tener que hacer en tus prioridades?
Comentarios Elena G.W
Las palabras: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”, se refieren no solamente al pan temporal, sino al alimento espiritual que proporciona vida eterna al que lo recibe. Cuando creemos y recibimos la palabra de Cristo comemos de su carne y bebemos de su sangre…
Así como el organismo físico se fortalece comiendo el alimento temporal, también la naturaleza espiritual se fortalece comiendo de la carne y bebiendo de la sangre del Hijo de Dios. La Palabra de Dios es espíritu y vida para aquel que se apropia de ella. Quien participa de la carne y de la sangre de Cristo es un participante de la naturaleza divina… Una corriente vivificadora fluye desde el Salvador hacia él.
Nadie puede comer esta carne y beber esta sangre en lugar de otro. Cada cual debe acudir a Cristo con la propia hambre del alma, y cada cual debe tener sus propias convicciones, sentir la necesidad de su propia alma, y aprender de Cristo por sí mismo.
Llenos con el Pan de Vida, no podemos sentir hambre por las atracciones terrenales, por las excitaciones mundanales y la grandeza terrena. Nuestra experiencia religiosa será del mismo orden que el alimento con el cual nos alimentamos.
El alimento que comemos en una comida no nos satisface para siempre. Diariamente debemos tener algo de alimento. Así también diariamente debemos comer de la Palabra de Dios para que la vida del alma pueda renovarse. En aquellos que se alimentan constantemente de la Palabra, Cristo se forma como la esperanza de gloria. Un descuido en la lectura y el estudio de la Biblia produce hambre espiritual…
Cristo es nuestra vida. El alma en quien él mora cumplirá los requerimientos de sus principios mediante una completa devoción y consagración a Dios. El contacto personal de Cristo con el alma la edifica, y suple sus constantes necesidades. Él es hecho para nosotros sabiduría y justicia y santificación y redención. Él es nuestra suficiencia…
Él es la sangre de vida en el alma. Si él mora con nosotros, podemos decir: “Vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20 (Nuestra elevada vocación, 22 de julio, p. 211).
Doquiera se proclaman las verdades del evangelio, aquellos que desean sinceramente hacer lo recto son inducidos a escudriñar diligentemente las Escrituras. Si en las escenas finales de la historia terrenal, aquellos a quienes se proclaman las verdades probatorias siguieran el ejemplo de los bereanos, escudriñando diariamente las Escrituras, comparando con la Palabra de Dios los mensajes que se les dan, habría un gran número de leales a los preceptos de la ley de Dios donde ahora hay comparativamente pocos. Pero cuando las verdades impopulares de la Biblia se presentan, muchos se niegan a hacer esta investigación. Aunque no pueden contradecir las claras enseñanzas de las Escrituras, manifiestan, sin embargo, extrema indisposición a estudiar las evidencias ofrecidas. Algunos arguyen que aunque estas doctrinas sean en verdad ciertas, importa poco que ellos acepten o no la nueva luz; y se aferran a fábulas agradables por las cuales el enemigo suele extraviar las almas. Así sus mentes son cegadas por el error y ellos se separan del Cielo.
Todos serán juzgados de acuerdo con la luz que se les ha dado. El Señor envía sus embajadores con un mensaje de salvación, y a aquellos que lo oyen los hará responsables de la manera en que tratan las palabras de sus siervos. Los que buscan sinceramente la verdad harán una investigación cuidadosa, a la luz de la Palabra de Dios, de las doctrinas que se les presentan (Los hechos de los apóstoles, pp. 188, 189).


